martes, 27 de enero de 2009

NO AL ABORTO

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LA RESURRECCION DE CRISTO: ¿UN MITO?


Algunos críticos argumentan que los evangelios han oscurecido al Jesús de Nazaret histórico vistiéndole de leyenda y mito. [1] Afirman que las historias Bíblicas de la resurrección de Cristo son mitos, no historia. Hay al menos cuatro razones por las que la interpretación mitológica es insostenible.

1.
La literatura comparativa demuestra que se requieren una serie de generaciones para que se desarrollen los mitos.
No hay otra literatura de mitos desarrollándose y siendo creídos en presencia de testigos oculares y en el breve espacio de tiempo en el que el nuevo testamento se formó

La investigación histórica se decanta por una creencia inmediata en la resurrección Un credo apostólico primitivo incluye la resurrección (1 Corintios 15:3-9) y ha sido fechado por muchos eruditos entre 3 y 7 años de la muerte y la resurrección de Cristo.[3] Esto implica una creencia pública anterior. Los eruditos están de acuerdo en que las primeras cartas de San. Pablo aparecieron en los 25 años del ministerio de Jesucristo, y los cuatro evangelios en 21 años (y no después del año 65).[4] La predicación de los apóstoles siempre se centró sobre la resurrección. En un breve espacio de tiempo, judíos devotos por todo el imperio romano que anteriormente habían adorado a Dios el séptimo día de cada semana, se convirtieron al cristianismo y empezaron a reunirse el primer día, en conmemoración de el resurrección de Cristo.
Cientos de testigos vieron a Cristo vivo tras su muerte. En cierta ocasión apareció a 500 personas a la vez (
1 Corintios 15:6).
2.
Muchos de estos testigos oculares del ministerio público de Cristo eran hostiles al Jesús que los evangelios describen (
Mateo 12:22f). Estos adversarios tenían tanto motivos como medios para corregir falsedades acerca de él si los primeros discípulos las hubieran intentado.[5] Y sin embargo su ocasión de hacerlo no produjo ninguna rectificación seria.
3.
Los Evangelios no se asemejan ni a los mitos griegos ni a las leyendas judías.
[6] A diferencia de aquéllos, minusvaloran y carecen de adornos, y contienen detalles contraproductivos para la invención de héroes legendarios. Por ejemplo, los siguientes seis factores en Juan capítulo 20 son contrarios a la tendencia en materiales de leyenda:
o Con gran refreno, no se hace ningún intento por describir la resurrección en sí misma.
o María ni reconoció inicialmente al Jesús resucitado. (
Juan 20:14).
o Ni siquiera pensó que hubiera algo especial en Él (
Juan 20:16).
o De hecho, incluso hacia el final del día, los discípulos (los "héroes" secundarios) estaban todavía escondidos "tenían miedo de los judíos" (
Juan 20:19).
o Y, si fueran los Evangelios la creación libre de prejuicios paternalistas, como las feministas acusan, es increíble que los escritores hubieran escogido a una mujer para que fuera la primera testigo del Jesús resucitado. El testimonio de las mujeres ni siquiera contaba legalmente.
[7]
o Pero, fue su valor la mañana después de la resurrección el que puso en evidencia la cobardía de los hombres.
4.
Los judío eran los peores candidatos para inventar un Cristo mítico. Ninguna otra cultura se ha opuesto tanto a la confusión mitológica entre humanidad y deidad, como hicieron los judíos.
[8]

LAS SEIS OBJECIONES ESCÉPTICAS más frecuentemente presentadas por los críticos de la resurrección de Cristo...
La resurrección de Cristo es un mito, no historia.
Las historias de la resurrección estan llenas de contradicciones.
Los milagros no son posibles.
El cuerpo fue robado.
Jesús tan solo se desvaneció y posteriormente se recuperó de sus heridas.
Los testigos estaban simplemente "viendo cosas."
REFERENCIAS Y NOTAS
Rudolf Bultmann, Jesus Christ and Mythology (Scribner's, 1958).
John A.T. Robinson sostiene que, dado el silencio del Nuevo Testamento respecto a la destrucción del templo de Jerusalén en 70 d.C., éste debe haber sido escrito antes de esa fecha Porque dado que la desaparición del Templo de Jerusalén impulsado la predicación Cristiana de que Jesús había abolido el sistema sacrificial del templo (Juan 1:29, Hebreos 10:11ss), el Nuevo Testamento ciertamente habría hecho referencia a su destrucción como evento pasado, y distinguido del fin del mundo (Lucas 21:25-28), si hubiera sucedido. [John A.T. Robinson, Redating the New Testament (SCM Press, 1976).]
John Macquarrie escribe, "El mito se caracteriza por una lejanía en el tiempo y el espacio... como habiendo ocurrido hace mucho tiempo." En contraste los Evangelios se refirieren a "un suceso que tuvo una situación particularmente definida en Palestina... bajo Poncio Pilatos, tan solo una generación antes de el relato neotestamentario de estos eventos" [John Macquarrie, God-Talk: An Examination of the Language and Logic of Theology (Hablar de Dios: Un examen de la Lengua y la Lógica de la Teología) (Harper, 1967), pp. 177-180.]
A.N. Sherwin-White escribe, "El modelo agnóstico de crítica de las formas sería mucho más creíble si la compilación de los evangelios fuera más tarde en el tiempo... de lo que puede ser el caso... Herodoto nos permite probar el ritmo de creación de mitos, [ mostrando que] incluso dos generaciones es un lapso demasiado corto para que el tendencia mitológica prevalezca sobre los hechos históricos reales." [A.N. Sherwin-White, Roman Society and Roman Law in the New Testament (Oxford University Press, 1963), pp. 189-190.]
Véase Reginald Fuller, Foundations of New Testament Christology (Fundamentos de la Cristología Neotestamentaria) (Scribner's, 1965), p. 142.
Véase Frederick Fyvie Bruce, The New Testament Documents: Are They Reliable? (Los Documentos del Nuevo Testamento: ¿Son Dignos de Confianza?) (Downer's Grove, IL: InterVarsity Press, 1972), pp. 11f, 14f.
Eta Linnemann, escribe, "Los Testigos Oculares [tanto hostiles como afines] no desaparecieron de la escena hasta transcurridas dos décadas. [Muchos] seguramente sobrevivieron hasta la segunda mitad de los 70 d.C. ... ¿Quién en aquel tiempo se habría atrevido a alterar la 'primera tradición' más allá de reconocimiento?" [" [Eta Linnemann, Is There a Synoptic Problem? (¿Existe un Problema Sinóptico?) (Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1992), p. 64.] Curiosamente, el Dr.. Linnemann fue previamente un crítico negativo del Nuevo Testamento en la línea del Rudolf Bultmann Habiendo renunciado a su antigua posición ahora urge a sus lectores a “desechar” sus obras anteriores.
Michael Grant escribe, "Los métodos críticos modernos no consiguen apoyar la teoría del Cristo mítico [Osiris, Mithras, etc.]. Ha sido una y otra vez contestado y desechado por eruditos de primer orden." [Michael Grant, Jesus: An Historian's Review of the Gospels (Jesus: los evangelios repasados por un historiador) (Scribner's, 1977), p. 200.]
Michael Green, The Empty Cross of Jesus (La vacía cruz de Jesús) (Downer's Grove, Illinois: InterVarsity Press, 1984), p. 115. M. Grant. escribe, "El Judaísmo era un ambiente en el cual las doctrinas de muertes y renacimientos de dioses míticos parecen tan completamente ajenas que el surgimiento de una fabricación así procedente de su seno es muy difícil de creer" [Michael Grant, Jesus: An Historian's Review of the Gospels (Jesús: los evangelios repasados por un historiador) (Scribner's, 1977), p. 199.] Oxford's N.T. Wright destruye la afirmación de Spong de que los Evangelios son midrash Judía y por lo tanto fantasía en N. T. Wright, Who Was Jesus? (¿Quién Fue Jesús?) (Wm. B. Eerdmans Pub. Co, 1992). Los dos son distintos géneros literarios. Y la midrash de todos modos no es fantasía, sino material "condensado y argumentado" (p. 71f). Véase también Paul Barnett, Peter Jensen y David Peterson, Resurrection: Truth and Reality: Three Scholars Reply to Bishop Spong (Resurrección: Verdad y Realidad: Tres Eruditos Responden al Obispo Spong) (Aquila, 1994).

viernes, 23 de enero de 2009

TENER AMIGOS


Es apasionante adentrarse en la idea de lo que es la amistad. Existe una autentica selva del lenguaje afectivo. El campo magnético de los sentimientos forma una telaraña compleja en el que las ideas se cruzan, entremezclan, confunden, avasallan, entran y salen, suben y bajan, giran, se esconden y luego vuelven a aparecer. Todo esto da lugar a una tupida red de significados en la que la imprecisión está a la orden del día, pues la vida y milagros de las emociones cobran alcances y acepciones bien distintas.
La amistad es un sentimiento positivo entre dos personas. Son muchos los fenómenos que se producen en su interior y podrían quedar resumidos de la siguiente manera: se trata ante todo de un estado subjetivo en el cual el protagonista es uno mismo. Por medio de ese estado se percibe un cambio agradable que recorre la intimidad y la modifica en positivo. Es también una experiencia personal, que conocemos por nosotros mismos y no por lo que nos cuentan otras personas. Cada persona es protagonista de su afectividad, y por otra parte es una vivencia que deja una huella: su impacto significa un rastro y que produce un modo de ser aceptado por el contacto físico, psicológico y cultural con esa otra persona.
Me parece esencial destacar los grados de amistad. Pocas amistades llegan a ser intimas. La gran mayoría se mueven en un conocimiento reciproco bueno, en el que la entrega y la confidencia se quedan a medio camino. Admitir esto es ser realista
La amistad es cultivo de los sentimientos. Trabajo psicológico que exige correspondencia que no puede ser unilateral. Cuando lo ves, se trata de admiración, de tener en la otra persona una cierta devoción y un buen nivel. La amistad no es un sentimiento estático sino dinámico. Puede ir a mas pero también por diferencias, enfados y tensiones, enfriarse , ir a menos esto lo observamos a menudo , dos personas que han tenido un enorme afecto se distancia por algo negativo que ha sucedido, un malentendido, una discusión dura o algo que uno esperaba del otro y que no se produjo.
La palabra amistad la utilizamos con demasiada licencia, sin precisión. La amistad es una forma de amor, que encierra una pasión por lo absoluto. Debemos tener el valor de matizar en los distintos grados de amistades que pueden darse en el ser humano. Entre el amigo íntimo y el conocido, hay un espectro intermedio de formas amistosas que se mueven entre esos dos polos. Y ser consecuente con el espacio en donde situamos y somos situados por otra persona.
En la amistad de cierta intensidad se produce la comunicación de dos vidas y dos realidades. De ese modo uno asiste a la existencia del otro y viceversa. Es dejar entrar en la ciudadela interior, en los pasadizos del propio castillo al otro, para que vea y observe lo que allí hay. Este proceso empieza por dejar que el amigo venga a nuestra casa y vea como es nuestro hogar y que estilo de vida tenemos. La amistad es una de las grandes fuerzas de la vida que eleva nuestro corazón por encima de tantas circunstancias que tiran de nosotros hacia abajo, y al mismo tiempo nos ayuda a mantener los pies en la tierra. Hay una gradación de amistades que deambulan desde las más intimas a las más superficiales.
La amistad requiere cuidados y atención. Los campos no se riegan a base de trombas de agua sino de fina lluvia que empapa la vida poco a poco. Esta humedad cala, perfora, se cuela y penetra en la tierra, empapando hasta las raíces mismas, este es el modo de cultivar una amistad intensa.
Cabe preguntarse ¿es posible tener un verdadero amigo en los tiempos que corren? La respuesta es sin duda afirmativa, pero no hay que olvidar que la mistad profunda implica el riesgo de abrirse al otro, de dejar que nos conozca tal y como realmente somos.
Quiero detenerme en las tres notas que se hospedan en la amistad desde mi punto de vista:
En primer lugar, la afinidad. Este termino se refiere a ideas, criterios y orientaciones de vida parecidos. No tienen que ser iguales, ya que eso seria incluso un poco utópico, sino que existe entres esas personas un puente de comunicación similar, que puede tener que ver con la forma, el contenido o ambos. Esta claro que lo que establece este hecho es el contenido, que no es otra cosa que la sustancia de las personas, lo que llevan dentro y lo definen.
Donación es capacidad para entregarse. No es solo dar lo que uno tiene (dinero, tiempo, comprensión etc.), sino aquello que es más propio y personal: uno mismo. En las distintas intensidades de la amistad La capacidad para darse depende de la generosidad que uno tenga. La persona esencialmente egoísta no puede entregarse fácilmente, pues esta muy pagado de si mismo o instrumentaliza la amistad, haciéndose amigo de alguien para obtener de el un beneficio. Como indica la palabra egolatría esto quiere decir que idolatra a su yo, que el es su propio ídolo y en esas circunstancias es difícil que salga de si mismo para dirigirse con afecto verdadero hacia el otro, ocupado por su circunstancia.
Confidencia. Es capacidad y confianza para contar cosas íntimas, personales, auténticos secretos, con la certeza de que aquello es materia reservada, que no saldrá de allí. Hacer confidencias es siempre arriesgarse, sobre todo cuando la relación se esta iniciando o no hay todavía unas bases sólidas de esa amistad. En las personas poco maduras es frecuente contar cosas superintimas casi sin conocerse. La amistad necesita tiempo compartido es costoso llegar a establecer una comunicación fluida. La amistad requiere cercanía, proximidad, verse a menudo, un hablar continuado. En muchos países de la Unión Europea la gente se agrupa en torno a la tertulia, a la política, a la cultura, a la gastronomía, al vino, al folklore, a la historia, a la música, etc. En esas agrupaciones colectivas suele darse una buena dosis de amistad, que crece mas adelante según las preferencias y elecciones que se van dando con el paso de los años. Trato y correspondencia de ida y vuelta. La amistad verdadera no es fácil conseguirla, pero hay que ir detrás de ella y buscarla y trabajarla para que llegue a un buen nivel. La amistad es más duradera que el amor, pero menos intensa.
Hay una serie de características que se arremolinan en torno a la amistad y que me parecen interesantes en este recorrido zigzagueante y frondoso y me voy a ir refiriendo a ellas.
Quiero insistir en un principio que me parece fundamental: No hablar nunca mal de nadie, bajo ningún concepto. Yo pondría esta frase como una leyenda en mi cabeza, y en la de los más cercanos. Me parece que es un síntoma de madurez y buen equilibrio. Es formidable ver a un amigo nuestro al que nunca hemos oído decir nada contra nadie, que se le pone en un aprieto o se le hace una pregunta capciosa en la que debe mojarse, y que tiene el arte, la habilidad y la coherencia de no decir nada negativo. Sino puedo hablar bien del otro, me callo.
El respeto al otro es clave. En las relaciones superficiales hay mas laxitud y se puede escapar algo nocivo, descalificante. Siempre hay correveidiles, frívolos y fuera de lugar, es importante no prestarles atención, en esas ocasiones se ve el temple y la calidad, negarnos a participar o a sentir con nuestro silencio el que se maltrate de palabra a un tercero que no esta allí. ¡Cuantos disgustos y malentendidos se evitan siguiendo esta línea! El cotilleo, la trapisonda, el traer y llevar chismes y bichos negativos, indican entre otras cosas, poca vida por dentro y mucha necesidad de entrar y salir en la existencia ajena
Amar es alegrarse con el amigo y sufrir con sus pesares, aquí asoma otro medidor del grado de amistad. Si el silencio es el guardián de nuestra intimidad, también lo debe ser en el otro. Alegría y tristezas reciprocas. Por ahí se topa uno con un segmento de la felicidad. Porque ser feliz consiste en poseer lo que uno desea. Stendhal es su célebre Rojo y Negro, llama a esos dos estados las intermitencias del corazón
Todos nos movemos entre el desear y el querer. En la madurez ambos estados de ánimo tienen peso y medida. Aristóteles dice en su Ética a Ecudemo, que amar es alegrarse. Y Benito Espinoza en su Ética nos recuerda que “el amor es una alegría que se acompaña de una causa exterior”. Amar es alegrarse con. Amar a Mozart es alegrarse uno de sus conciertos y celebrar que un hombre así existiera, amar con un paisaje de Castilla es recrearse la vista con aquella visión. Amar de veras a un amigo es alegrarse de que lo hayamos encontrado y querer estar a menudo con el. Amar el placer con alegría.
La amistad sirve para el cultivo de los sentimientos. La afectividad es el espacio donde uno vive y se muere. La vida humana es abierta y argumental: No esta todo dicho ni todo es definitivo; necesita puntos sólidos en donde apoyarse. Vuelvo a un principio en el que he insistido mucho en alguno de mis libros: Para estar bien con alguien hace falta estar bien con uno mismo. Es decir, haberse uno resulto como persona y tener un estilo propio un sello especifico con una buena compensación entre los distintos ingredientes que habitan la personalidad.
Toda amistad, como todo amor esta sujeta a los vientos exteriores y a las vicisitudes y altibajos de la vida. La vida casi nunca es rectilínea, sino desigual, serpenteante, inesperada… Igual que el amor conyugal sufre padecimientos y debilidades la amistad sigue los mismos derroteros, puede ser la falta de delicadeza, la envidia, el dinero, comentarios desafortunados, olvidos o simplemente algo mucho mas habitual: que esas dos personas empiezan a verse menos por el motivo que sea y se van distanciando, de forma que poco a poco los intereses de cada uno no son participados al otro. Cultiva un amigo quiere decir verle, llamarle, conversar con frecuencia, salir y entrar. Los que vivimos en ciudades grandes, como es mi caso, en Madrid, sabemos que resulta mas difícil ver a los amigos con la continuidad que uno quisiera, en la ciudades pequeñas todo es mas fácil y las relaciones son más cercanas
Debo señalar otro factor la tolerancia, que es importante para que la amistad no se rompa, esto significa transigencia, respeto a opiniones distintas de la propia, flexibilidad y capacidad para aceptar otras opiniones de la vida y los hechos que nos suceden. Ser tolerante no significa aceptarlo todo, las matemáticas no necesitan tolerancia. Y en este tipo de diferencias surgen a veces enfados, roces, discusiones, etc. Otras veces puede asomar el rencor, sentirse dolido y no olvidar. Una cosa buena es hablar las cosas a su tiempo y dejar las cosas claras y evitar que los temas se pudran o se eternicen en un silencio sin mucho sentido.
La urbanidad entre los amigos es una pieza importante para una comunicación estable. Pero no quedarnos en la fachada, en las formas, en las apariencias. El cinismo es el culto que hace el vicio a la virtud. La urbanidad es anterior a la moral.
La amistad a lo largo de la vida nos enseña una de sus facetas principales. Entre los niños es todavía demasiado epidérmica y sirve de exploración de uno mismo en el espejo que es el otro.
Una de las relaciones mas interesantes que existen es la que se da en la amistad medico-enfermo y esto en la psiquiatría cobra un valor especial: ella es la rama mas humana de la medicina, ya que atiende no solo a la enfermedad sino muy especialmente a la persona enferma, ya que se interesa por la persona que padece, que sufre, que se encuentra mal y que esta un poco desvalida. En la medicina hipertecnificada, la clásica relación médico-enfermo se ha ampliado y es unas veces una relación equipo medico-paciente, y otras equipo medico-aparatos de exploración La psicoterapia es una forma de amistad particular. Para que esto se produzca hace falta empatía, es decir que se cree una buena sintonía entre los dos, en el que haya acogimiento, atención respeto y confianza. La relación medico-enfermo traza una línea de ida y vuelta que es la trasferencia y la contratransferencia.
La amistad verdadera perfecciona a dos personas: una da lo mejor de si misma a la otra. La amistad exige estar dispuesto a trabajarla dando pasos sucesivos para consolidarla.
La madurez es serenidad y benevolencia. Ser benevolente es pensar bien y disculpar.

Fdo. Enrique Rojas
Catedrático de Psiquiatría
Y autor de un reciente libro titulado “Amigos”








La amistad es esencial para el ser humano y este libro nos da las claves para evitar la soledad, relacionarnos mejor y conservar a nuestros amigos. Cada vez es mayor el número de personas que dicen sentirse solas y tener un amigo verdadero parece una tarea imposible en los tiempos que corren. Desde su experiencia profesional y humana Enrique Rojas nos enseña en este libro a conectar con los demás, a tener éxito en la vida social, a iniciar nuevas amistades y a conservar y afianzar las que ya tenemos. Tras examinar las claves de la amistad ,qué es la amistad, cómo se desarrolla en las distintas edades de la vida y la amistad en la familia, analiza por qué algunas amistades se consolidan y otras no cuajan, etc.

ORACION


Señor......Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras
para ganarme el aplauso
de los débiles.

Si me das fortuna,
no me quites la razón.

Si me das éxito,
no me quites la humildad.

Si me das humildad,
no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,

no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación si fracaso.

Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia
que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza
y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.

Si yo ofendiera a la gente,dame valor para disculparmey si la gente me ofende,dame valor para perdonar.

¡Señor...si yo me olvido de tí,nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

COMPRENSION


Cuando alguien se siente comprendido entra en un estado de alivio, de tranquilidad y de paz interior. ¿Qué hacer para vivir este valor en los pequeños detalles de la vida cotidiana?¡Quiero que me comprendas! Cuántas veces hemos tenido la necesidad de encontrar a alguien que escuche y comparta nuestros sentimientos e ideas en un momento determinado. Cuando nos sentimos comprendidos entramos en un estado de alivio, de tranquilidad y de paz interior. Pero, ¿somos capaces comprender a los demás? ¿de procurar dar algo más que un simple: “si te comprendo”?La comprensión es la actitud tolerante para encontrar como justificados y naturales los actos o sentimientos de otro. Es en este momento nos percatamos que la comprensión va más allá de “entender” los motivos y circunstancias que rodean a un hecho, es decir, no basta con saber que pasa, es necesario dar algo más de nosotros mismos.Podemos “saber “ que un empleado nuestro comete errores con cierta frecuencia, “justificamos” este hecho debido a una falta de conocimiento, lo cual determina sus fallas como involuntarias y observamos la necesidad urgente e inmediata de brindar la capacitación correspondiente. El justificar se convierte en una disculpa, en una atenuante que nos hace ubicar el problema en su justa medida, por lo tanto, la comprensión nos lleva a proponer, sugerir o establecer los medios que ayuden a los demás a superar el estado por el que actualmente pasan.El ser tolerantes no significa ser condescendientes con lo sucedido y hacer como si nada hubiera pasado, la tolerancia debe traducirse como la confianza que tenemos en los demás para que superen sus obstáculos. El padre de familia que retira todo su apoyo a los hijos hasta que mejoren sus calificaciones, condiciona su comprensión a resultados, y no al propósito, al esfuerzo y al empeño que se pongan para lograr el objetivo.Ver con “naturalidad” los actos y sentimientos de los demás, es la conciencia de nuestra fragilidad, la convicción de saber que podemos caer en la misma situación, de cometer los mismos errores y de dejarnos llevar por el arrebato de los sentimientos.La mayoría de las veces los sentimientos juegan un papel importante y debemos ser cuidadosos. Una persona exaltada, triste o francamente molesta esta sujeta a la emoción momentánea, lo cual reduce su capacidad de reflexión, con la posibilidad latente de hacer o decir cosas que realmente no piensa ni siente. Cada vez que alguien pide comprensión, a través de palabras o actitudes, busca en nosotros un consejo, una solución o una idea que lo haga recuperar la tranquilidad y ver con más claridad la solución a su problema.El comprender no debe confundirse con un “sentirse igual” que los demás, esto puede suceder con las personas a quien les tenemos cierta estima, pero, ¿Qué pasaría con quienes no tenemos un lazo afectivo? Es necesario enfatizar que la comprensión, es y debe ser, un producto de la razón, de pensar en los demás, “ de ponerse en los zapatos del otro”, sin hacer diferencias entre las personas. Si alguna vez nos hemos visto incomprendidos, recordaremos el rechazo experimentado y como nos sentimos defraudados por la persona que no supo corresponder a nuestra confianza.Existen un sinnúmero de oportunidades para vivir el valor de la comprensión. En las situaciones cotidianas tenemos a tendencia a reaccionar con impulsos, por ejemplo: cuando no esta lista la camisa que pensábamos usar; si llegamos a casa y aún no han terminado de preparar la comida; una vez más los hijos han dejado sus juguetes esparcidos por toda la casa; los compañeros de clase que no terminaron a tiempo su parte del trabajo en equipo; el informe para la oficina que tuvo errores y se retrasó; etc.Si deseamos hacer nuestra comprensión de manera consciente, debemos pensar un momento si hacemos lo necesario para:- Aprender a escuchar y hacer lo posible para no dejarnos llevar por el primer impulso (enojo, tristeza, desesperación, etc.)- No hacer juicios prematuros, primero se deben conocer todos los aspectos que afectan a la situación, hay que preguntar. No basta decir que una persona es poco apta para un trabajo.- Distinguir si es una situación voluntaria, producto de los sentimientos o de un descuido. En cualquier caso siempre habrá una forma de prevenir futuros desaciertos.- Preguntarnos que haríamos y como reaccionaríamos nosotros al vernos afectados por la misma situación.- Buscar las posibilidades y opciones de solución. Es la parte más activa de la comprensión, pues no nos limitamos a escuchar y conocer que sucede.- Dar nuestro consejo, proponer una estrategia o facilitar los medios necesarios que den una alternativa al alcance de la persona.La comprensión no es algo para ejercitar en situaciones extremas, se vive día a día en cada momento de nuestra vida, con todas las personas, en los detalles más pequeños y en apariencia insignificantes.¡Qué importante es la comprensión! Podemos afirmar que es un acto lleno de generosidad porque con ella aprendemos a disculpar, a tener confianza en los demás, y por lo tanto, ser una persona de estima, a quien se puede recurrir en cualquier circunstancia.

miércoles, 21 de enero de 2009

EL EVANGELIO DE JUDAS


El 9 de abril del 2006, National Geographic estrenó un documental sobre «El Evangelio prohibido de Judas», preguntándose si esta nueva revelación no pondría en tela de juicio las creencias cristianas en general y a la Iglesia católica en particular.
Este manuscrito, formado por 13 planchas de papiro antiquísimo (26 páginas), fue encontrado en el año 1978 en Egipto, a orillas del río Nilo en la zona de Al-Minya, pero fue pasando por varias manos, hasta que se hizo público el pasado 6 de abril en Washington.
El manuscrito fue sacado ilegalmente de Egipto y permaneció durante casi 20 años guardado en un banco de Long Island, en Nueva York, sin que se advirtiera la importancia del hallazgo, hasta que en el 2002, una fundación suiza lo compró y financió la restauración del mismo. La organización quiso venderlo a varios museos, pero por su salida ilegal no pudo hacerlo y decidió hacer un acuerdo con la National Geographic para su divulgación internacional, y así llega hasta nosotros.
¿Cuál es su origen?
Hay importantes datos que pasan inadvertidos para muchos «especialistas» que nos hablan de la «nueva revelación». Y es que, este hallazgo es una traducción copta del siglo IV d.C., de un original anterior escrito en griego entre el 180 y el 190 d.C. O sea que el original es de finales del siglo II y también sabemos que no es cristiano, sino un escrito de sectas gnósticas, cuyas doctrinas saltan a la vista en el texto.
El mismo Ireneo de Lyon lo menciona en su obra Adversus Haereses (s. II), atribuyendo este «evangelio de Judas» a la secta gnóstica de los cainitas (A.H. 1,31,1). En el siglo II en esas zonas rendían culto a Caín (el primer asesino) y también a la Serpiente (Ofitas).
Stephen Emmel, profesor de paleografía copta de la Universidad de Münster y estudioso del manuscrito, afirmó que una vez analizado, será enviado al museo de El Cairo en Egipto en forma permanente.
Este manuscrito es muy importante para la historia de las religiones, como fue el resto de los escritos gnósticos hallados en Nag Hammadi en 1945 y probablemente sea uno de los tantos que se extravió en aquel primer hallazgo de textos gnósticos en Egipto. Vale mucho más para la historia de la teología y para conocer el gnosticismo del siglo II que para revelar algún secreto sobre el cristianismo primitivo o sobre Jesús de Nazareth.
Entenderlo como un documento sobre verdades cristianas, es tan ingenuo como si dentro de 2000 años encontraran el Código Da Vinci o un libro de la delirante «Metafísica Cristiana New Age» de Conny Méndez y se dijera que eran textos cristianos porque hablan de Jesús y buscaran encontrar en ellos lo que creían los católicos del año 2006. Estarían muy lejos de la realidad.
Además el género literario parece que no lo tienen en cuenta, lo quieren leer como si estuviera escrito al estilo de la historia moderna y el texto tiene casi 1800 años. ¿Ingenuidad o rentabilidad?
El «boom» de los Evangelios Apócrifos
En los últimos años ha resurgido un gran interés por documentos antiguos y por la literatura apócrifa, y mucho de ello se debe a una búsqueda ingenua de querer encontrar en estos escritos algunas verdades misteriosas que las iglesias habrían ocultado por miedo a que alguien descubriera «la verdad sobre Jesús» o que «la Iglesia se derrumbe en sus creencias». Muchos piensan que porque se llamen «evangelios» y aparezca el nombre de un «apóstol» ya eso acreditaría su autenticidad. Pero esto es por falta de información histórica al respecto.
A todo el mundo le gusta que le cuenten la versión «no oficial» o «no autorizada» de los hechos. Lo «no dicho», lo oculto, aunque sea inexistente, suena interesante y atractivo. Lo misterioso y extraño tiene mayor público que los buenos libros de historia, como sucede con los divagues de Dan Brown y sus novelas pseudohistóricas.
Muchos han afirmado que el estreno mundial del documental sobre «Judas» en el comienzo de la Semana Santa y a un mes del estreno del Código Da Vinci, sea una estrategia sensacionalista de marketing. Y es probable.
Distinguiendo un poco
Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los aceptados por el cristianismo (no solo por católicos, sino por todas las iglesias cristianas) como fuente cierta y segura de revelación desde comienzos del siglo II hasta hoy y se les llama canónicos.
En cambio se llaman apócrifos — a veces peyorativamente- a los considerados como ajenos a la tradición cristiana. Sin embargo el término apócrifo ( apokrypto: oculto) fue usado por los mismos autores de estos textos «ocultos», dando a entender su perfil esotérico, reservado a una elite de iniciados en sus misteriosas doctrinas. No se les llamó ocultos por estar escondidos, sino por su origen esotérico y luego se hizo costumbre identificar apócrifo con no canónico, no inspirado, etc.
Los cuatro evangelios canónicos (que son regla de fe para los cristianos, y son considerados como inspirados) de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, fueron escritos entre el año 50 y el 95 según los estudios más recientes. Estos escritos pertenecen a las comunidades cristianas de los primeros testigos y tienen un origen apostólico y eran de uso generalizado (católico=universal) en los primeros siglos de la era cristiana. No fueron cambiados ni corregidos, y esto lo sabemos porque se dispone de gran cantidad de copias y traducciones hechas en la antigüedad. También se poseen escritos de autores de los primeros siglos que citan y comentan estos textos, lo cual nos permite comparar y ver la fidelidad en la trasmisión hasta nuestros días. No sería posible ocultar algo que fue dado a conocer desde el principio. Además, el criterio de canonicidad tiene que ver con el serio conocimiento del origen de tal o cual evangelio como vinculado directa y realmente a un Apóstol o discípulo del mismo, acreditado a su vez por las otras comunidades cristianas que servían de referentes por estar conectadas también con un origen apostólico.
En el Concilio de Trento (s. XVI) se define dogmáticamente el canon actual de la Biblia, pero ya desde el siglo IV hay elencos completos de los libros canónicos (Concilio de Cartago, 397), y el decreto Gelasiano del Sínodo de Roma, 383, es el primer documento romano autorizado con la lista completa del canon. Ya a finales del siglo II, Ireneo de Lyon defiende la canonicidad de los cuatro evangelios canónicos frente a las sectas gnósticas. Por lo tanto, ya en los comienzos de la Iglesia, los cuatro evangelios canónicos y las cartas de san Pablo ya eran considerados como auténticamente inspirados y de autoridad apostólica.
En la época del Canon Muratoriano
[1] - que data aproximadamente del 190 DC- el reconocimiento de los cuatro evangelios como canónicos y la exclusión de textos gnósticos era un proceso que se encontraba ya sustancialmente completo.
En torno al Antiguo Testamento, en el siglo XVI la «reforma protestante» en una deseada vueltas a las fuentes acepta el canon de la Biblia hebrea, que no contiene algunos libros que si tiene la traducción griega (LXX), que era la que se usaba en la primitiva comunidad apostólica. Si bien la Biblia católica incluye 7 libros más del Antiguo Testamento en comparación con las protestantes, en torno al Nuevo Testamento todas las tradiciones cristianas siempre se mantuvieron los 27 libros canónicos que hoy conocemos.
Obviamente que los textos gnósticos, por no ser cristianos nunca formaron parte de la lista de libros revelados y auténticos entre los cristianos de todos los tiempos.
No hay nada oculto
Por otra parte, existen otros escritos posteriores, escritos entre el s. II y el IV, los cuales tienen por autores a miembros de distintas sectas gnósticas de la antigüedad y de otros grupos pseudocristianos, cuyos textos fueron llamados también «evangelios» y bajo pseudoepígrafes de Apóstoles —sin conexión histórica con los mismos-, como: «Tomás», «Pedro, «María Magdalena», «Santiago», «Felipe», «Andrés», «Judas», etc. ¿Qué quiere decir esto? Que usaban el nombre de un apóstol para darle mayor autoridad a esos textos tardíos, y no tenían ninguna relación con las comunidades apostólicas. Y obviamente no fueron escritos por los apóstoles que murieron en el siglo I.
Estos textos fueron rechazados por las comunidades cristianas desde sus comienzos, ya que sus contenidos además de ser bastante fantasiosos sobre la vida de Jesús (acomodados a las doctrinas gnósticas y esotéricas con un Jesús lejano al histórico) eran irreconciliables con lo transmitido oralmente y por escrito en las primeras comunidades cristianas. Sólo unos pocos escritos apócrifos judeocristianos —algunos contaminados de gnosticismo— influyeron en la liturgia, en historias populares, y en el arte, pero nunca entraron en el canon. Aunque se los llame ocultos (apócrifos), no están escondidos en ninguna parte, ya que se pueden adquirir, hace ya varios años, en cualquier librería que tenga textos religiosos.
Y los originales tampoco están en algún lugar secreto del Vaticano —como afirma la película Estigma-, sino en diferentes museos, como el evangelio apócrifo «de Tomás», que está en el Museo de El Cairo (Egipto) desde su hallazgo en 1945. Cualquiera los puede leer, pero la Iglesia nunca los aceptará como regla de fe, ya que estos no fueron aceptados desde el principio y no son fuente de revelación para el cristianismo, sencillamente porque no transmiten la fe de los Apóstoles, sino un Jesús reinventado por las sectas gnósticas y esotéricas que mezclaban doctrinas de religiones orientales con la fe de la Iglesia primitiva y elementos de la literatura apocalíptica judía (apócrifa).
Sencillamente no son evangelios cristianos, aunque se llamen «evangelios», ni tienen por autor a ningún apóstol o sucesor directo del mismo. No es como muchos creen que en la época postapostólica andaban cientos de evangelios circulando entre las comunidades. Porque todos estos textos apòcrifos son muy posteriores.
Los Primeros Cristianos y los Evangelios
En la tradición cristiana existen también textos primitivos, de autores de gran importancia, que no fueron rechazados y se usaron para la enseñanza. Sin embargo no entraron en el canon y son poco conocidos. Muchos de ellos nos muestran interesantes datos sobre el cristianismo primitivo, sus celebraciones, sus creencias y enseñanzas, y no por ello se los integró al canon de la Biblia, ni tampoco se los escondió en ningún lado (Didakhé o Enseñanza de los Apóstoles, Pastor de Hermas, Carta de Bernabé, 1ª Clemente (96 d.C), etc.)
Si leemos a un gran escritor sirio de la antigüedad como Taciano (110 -?), quien en el siglo II escribió el Diatessaron
[2] (una vida de Jesús que mezcla los evangelios que conocía), constataremos al leerlo, que sus únicas fuentes son los cuatro evangelios que hoy llamamos canónicos y algunos escritos no canónicos de origen judeocristiano. En sus escritos, la humanidad y divinidad de Cristo, así como su mensaje, están tal cual los conocemos por la tradición cristiana. Y eso que Taciano fue excomulgado por hereje por pasarse al gnosticismo de los marcionitas, llegando a liderar una secta conocida como encratitas.
Siendo el Diatessaron la historia más antigua que se conoce sobre Jesús y de un autor no ortodoxo, está apoyada fundamentalmente en los Evangelios auténticamente apostólicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Es importante resaltar, contra nuestra curiosidad por el género biográfico, que los evangelistas no quisieron escribir una biografía de Jesús, no fue ésta su intención. Ellos entregaban a sus comunidades la verdad del acontecimiento Jesucristo como fundamento de su fe, el testimonio de lo vivido y la enseñanza concerniente a la salvación. Su objetivo no fue hacer un documental, sino testimoniar y transmitir lo recibido fielmente. Como acertadamente escribe Jesús Álvarez M: «La fe de los evangelistas no inventa los hechos. Les busca el sentido y los interpreta. La misma fe les obligaba a la más estricta fidelidad a los hechos. Incluso llegaron a morir por ella».
Con razón decía Pascal: «Creo de buen grado las historias de cuyos testigos se dejan degollar».
Conclusión: La iglesia no ocultó ningún evangelio, simplemente descartó desde sus orígenes aquellos escritos que no tenían origen apostólico y cuyas historias fantásticas contrastaban con los textos más antiguos. Los verdaderos evangelios para el cristianismo son los que encontramos en la Biblia (Marcos, Mateo, Lucas y Juan), son los más antiguos y no fueron modificados.
Quiénes eran los gnósticos y qué creían
Para comprender el origen y la doctrina de estos textos tardíos conocidos como «evangelios gnósticos» encontrados en Nag Hammadi (Egipto), es necesario introducirnos brevemente en el movimiento que les dio origen, y así comprender el rechazo cristiano por estos textos, como su no vinculación con el Jesús histórico.
El gnosticismo (gnosis: conocimiento) es un movimiento espiritual pre-cristiano fruto del sincretismo de elementos iranios con otros mesopotámicos, de escuelas filosóficas griegas como el platonismo y el pitagorismo, y de la tradición apocalíptica judía. «Estalla públicamente a mediados del siglo II como una tendencia poderosa e identificable con numerosos maestros, diversidad de escuelas y amplia expansión (Palestina, Siria, Arabia, Egipto, Italia y la Galia)» (García Bazán). Se caracterizan por buscar la salvación a través del conocimiento reservado a unos pocos y por un marcado dualismo cosmológico y antropológico. No buscaban un conocimiento de tipo intelectual, sino espiritual e intuitivo, a saber: el descubrimiento de la propia naturaleza divina, eterna, escondida y encerrada en la cárcel del cuerpo y la psique. Un conocimiento reservado a una élite de hombres «espirituales».
Con el nacimiento del cristianismo, tomará contacto con éste y dará lugar a una larga lista de sectas que mezclaban elementos gnósticos y cristianos, confundiendo a las mismas comunidades cristianas (como hoy pasa con la literatura New Age).
Los llamados «Evangelios Gnósticos» encontrados en Nag Hammadi y el de Judas son producto de estas sectas, que son posteriores a la época apostólica y no tienen un origen verdaderamente cristiano, de ahí que no se los reconozca como auténticos evangelios. Sin embargo son un importante hallazgo para conocer el gnosticismo de esa época.
El gnosticismo antiguo, aunque no era homogéneo en sus doctrinas, tenía un importante desprecio por el mundo material y por el cuerpo.
Los gnósticos creían que el mundo material en el que vivimos es una catástrofe cósmica y que de alguna manera, chispas de la divinidad han caído, quedando atrapadas en la materia y necesitan escapar y volver a su origen. El escape de la materia lo logran cuando adquieren conciencia cabal de su situación y de su origen divino, este conocimiento es la «gnosis». Por lo tanto la única forma de salvación no es por obra de Dios, sino por la adquisición de la propia conciencia de tener en sí la «chispa divina». Muchas de estas doctrinas como una «autosalvación», «autodivinización», reencarnación, cierto panteísmo, y la diferenciación entre Jesús y Cristo como realidades separadas, vuelven a aparecer en los movimientos new agers como la Metafísica Cristiana de Conny Mendez, Los Ishayas, y las modernas sectas gnósticas y esotéricas. Una realidad que a muchos cristianos les pasa desapercibido, debido al uso de un confuso lenguaje esotérico con barniz cristiano, por parte de estos grupos.
Es preciso resaltar que las creencias gnósticas son fuertemente anticristianas y niegan la encarnación del Verbo, la muerte y resurrección de Jesús, además de tener una pesimista visión del mundo. Es gracias al testimonio de muchos escritos cristianos contra los gnósticos que conocemos muchas de sus creencias. Los dogmas proclamados por el cristianismo primitivo se fijaron para salvar la fe original de la contaminación de ideas gnósticas que comenzaron a proliferar en el mundo helenístico y dentro del imperio romano entre los siglos II al V d.C. Estas sectas y creencias gnósticas son los autores de los llamados «evangelios gnósticos» con los que algunos se ilusionan en encontrar algo más original que lo que sabemos de Jesús, pero para su decepción estos textos no son cristianos, y son muy posteriores a los cuatro que la Iglesia aceptó como auténticos. Eso sí, muchos gnósticos —al igual que algunas sectas de hoy- se autoproclamaban los «verdaderos cristianos», de ahí la confusión de muchos ante el estratégico uso de la terminología cristiana con contenidos y sentidos ajenos a la revelación bíblica.
Tampoco es cierto que el gnosticismo fuera un cristianismo marginal, sino que existía una mutua desacreditación como dos religiones enemigas. No solo los cristianos rechazaban a los gnósticos por tergiversar el mensaje y la vida de Jesús con doctrinas orientales y filosofías extrañas, sino que los gnósticos también rechazaban y atacaban a los cristianos ortodoxos por considerarlos seres inferiores espiritualmente. El ataque era mutuo, solo que el gnosticismo por su naturaleza sincretista de mezclar elementos de cualquier religión, asimilaba lo cristiano a su manera y da impresión de tolerante. Alcanza con leer los mutuos ataques doctrinales de aquella época. El mismo historiador Paul Johnson escribe: «Los grupos gnósticos se apoderaron de fragmentos del cristianismo, pero tendieron a desprenderlos de sus orígenes históricos. Estaban helenizándolo, del mismo modo que helenizaron otros cultos orientales (a menudo amalgamando los resultados)...» Pablo luchó esforzadamente contra el gnosticismo pues advirtió que podía devorar al cristianismo y destruirlo. En Corinto conoció a cristianos cultos que había reducido a Jesús a un mito. Entre los colosenses halló a cristianos que adoraban a espíritus y ángeles intermedios. Era difícil combatir al gnosticismo porque, a semejanza de la hidra, tenía muchas cabezas y siempre estaba cambiando. Por supuesto, todas las sectas tenían sus propios códigos y en general se odiaban unas a otras. En algunas confluían la cosmogonía de Platón con la historia de Adán y Eva, y se la interpretaba de diferentes modos: así, los ofitas veneraban a las serpientes... y maldecían a Jesús en su liturgia...» (Historia del cristianismo)
Es un anacronismo imaginar que los gnósticos eran tolerantes y pluralistas por ser sincretistas, sino que eran dogmáticos en su propia doctrina.
Una mirada al manuscrito gnóstico de «Judas»
En el evangelio gnóstico de Judas, Jesús le dice que será el encargado de liberarlo de su cuerpo, con un claro desprecio del mismo y marcando la identidad de Jesús como un ser puramente espiritual, revestido provisoriamente de materia. En estas referencias se hace explícita la mentalidad gnóstica contra el cuerpo y la consecuente negación de la salvación en el sentido cristiano original.
En los versículos se observa claramente la tendencia al elitismo del conocimiento gnóstico por parte del protagonista (Judas) y el pesimismo en la visión del mundo.
Judas no habría sido el traidor que vendió a Jesús por 30 monedas de plata, sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil, sacrificarlo, para ayudar a su esencia divina a escapar de la prisión del cuerpo y elevarse al espacio celestial (cosmovisión gnóstica). Esos conceptos de «esencia divina» y la visión del cuerpo como un simple «traje» no es bíblica, y por lo tanto tampoco cristiana, más bien nos recuerda al neoplatonismo. La misma doctrina gnóstica al leerse parece muy confusa.
«Cuando apareció Jesús en la tierra hizo milagros y grandes maravillas... A menudo no se le aparecía a sus discípulos como él mismo, sino como un niño».
...Cuando se acercó a ellos y los vio dando gracias por el pan y se rió... No están haciendo esto por propia voluntad sino porque es a través de esto que su dios será alabado...
...Dejen que cualquiera de ustedes sea lo suficientemente fuerte entre los humanos manifieste al hombre perfecto y se pare frente a mi cara. Ellos dijeron: «Tenemos la fuerza» pero sus espíritus no se atrevieron a pararse frente a él, excepto Judas Iscariote. El se puso delante de Jesús, pero no pudo mirarlo a los ojos y dio vuelta su cara. Le dijo «yo sé quién eres y de donde vienes. Tu vienes del reino inmortal de Barbelo. Y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado».
Jesús le dijo: «Apártate de los demás y te contaré los misterios del reino. Es posible que lo alcances, pero deberás asumir un gran trato».
«Judas levantó sus ojos y vio la nube luminosa y entró en ella. Los que estaban en el suelo escucharon una voz desde la nube...»
«Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos. En los últimos días maldecirán tu ascensión a la [generación] bendita».
«Por ti se sacrificará el hombre que me reviste»
«Y fueron a Judas y le dijeron: "¿Qué haces aquí? Tú eres discípulo de Jesús». Judas les respondió como ellos deseaban. Y recibió algo de dinero y les entregó a Jesús.
Si leemos los «evangelios» gnósticos de María, de Felipe y de Judas, veremos que esos textos siempre posicionan a su apóstol de cabecera como el receptor privilegiado de las revelaciones gnósticas que traería Jesús. En el caso de Judas es clara una preferencia de Jesús por contarle cosas en secreto y le advierte de la oposición de los otros apóstoles.
Cuestiones de sentido común
La Iglesia tuvo que fijar algunas de las creencias fundamentales de la fe primitiva (dogmas) debido a la confusión que armaron los escritos gnósticos en muchos cristianos. Los dogmas no modifican lo que se cree antes, sino que formula la fe de modo claro y explícito en un lenguaje que todos entiendan y no en afirmaciones ambiguas que dan lugar a cualquier interpretación que aleje de la fe original de los apóstoles. Servían para aclarar al pueblo creyente cuál es la verdadera fe cristiana, en que creyeron siempre los discípulos de Jesús y para no dejarse confundir por nuevas doctrinas extrañas al Evangelio que quieran acomodar a Jesús a sus caprichos. Como sucede ahora con el movimiento New Age, el libro de Urantia, Sixto Paz con sus telenovelas cósmicas, J.J. Benitez con su caballo de Troya, los seguidores del Da Vinci Code y las supuestas nuevas revelaciones extraterrestres sobre Jesús como las del estigmatizado Giorgio Bongiovanni, donde la fantasía que llena curiosidades siempre quiere ser la versión oculta —esotérica- de la historia. A la hora del delirio las nuevas versiones de la gnosis se ponen de moda y tienen bastante público entre aquellos que están ávidos de cosas misteriosas y extrañas.
Hace falta que los cristianos se formen mejor en lo concerniente a su fe y de manera especial en las Sagradas Escrituras. Lo ideal es no quedarse con la catequesis de niños como si fuera un tratado de teología y seguir leyendo la Biblia como si fuera un cuentito o en forma literal y fundamentalista como algunas sectas. Si alguien quiere saber sobre la fe cristiana no debería apelar a lo que aprendió de niño como un cuento, sino ahondar madura y profundamente en su fe, ya sea porque su propia fe se lo exige, ya sea para conocer seriamente una religión que no es un cuento de hadas, que se caerá con un hallazgo arqueológico.
La Biblia no cayó del cielo, es la Palabra de Dios en palabras humanas, producto de un pueblo y de comunidades creyentes. Y sin la fe y el conocimiento que sólo esa comunidad tiene, ¿puede interpretar bien alguien que desconozca la tradición interpretativa de esos textos?
La misma Biblia advierte: «Ante todo tengan presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pe 1,20).
¿Puedo leer de cualquier manera algo que no conozco ni su historia, ni su contexto, ni su origen, ni su sentido original, pretendiendo que sea más legítima mi interpretación subjetiva que quien de verdad conoce todas las puntas del tema?
Como dijera un antiguo proverbio: «La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia».
¡No hay nada que esconder!
La mayoría de las sectas esotéricas y los autores e intelectuales vinculados al ocultismo están convencidos de que el cristianismo tiene «secretos» de contenido religioso que no revela, como si existiese un esoterismo cristiano y les fascina el tema de los evangelios apócrifos y mejor si esta mal manejado y lleno de fantasías insostenibles. Y la verdad es que nunca existió, ni existe tal realidad, en cuanto verdades doctrinales ocultas que solo una élite cristiana conoce. Eso es una ilusión de algunos, pero que no pocos alimentan.
El punto de partida de la fe cristiana es la aceptación de lo que Dios ha revelado y no de lo que oculta. El cristiano cree que en Cristo, Dios ha revelado todo lo necesario para la salvación de la humanidad. El cristianismo es una religión exotérica, hacia fuera, universal y no esotérica, porque no oculta nada. Jesucristo mismo envía a todos sus apóstoles a dar a conocer todo lo que él les ha enseñado (Mateo 28,20ss).
La Biblia no es un libro de literatura fantástica, pero tampoco un libro de Historia Universal con biografías de la historiografía moderna, ni tampoco un libro de ciencia. Lo único que les importaba a los autores de los textos sagrados es lo concerniente a la revelación de Dios y la salvación, pero no les interesaba hacer una enciclopedia.
Debido a la crisis cultural en la que estamos viviendo, está aconteciendo una nueva emergencia gnóstica y esotérica, de ahí el éxito de toda literatura que se vincule a estas temáticas y el sensacionalismo que se genera con hallazgos con el de este texto gnóstico. Es una pena que pocos conozcan la verdadera historia, tal vez no quieran saberla porque sus mágicas fantasías caerían al suelo demasiado rápido.
El Gran Complot: ¿conspiración de 2000 años?
A raíz de la literatura esotérica, los apócrifos y novelas como el Código Da Vinci, no son pocos los que se unen al cultural prejuicio anticatólico y afirman que la Iglesia conspiró para ocultar estos textos a lo largo de la historia. Pero, con un poco de sentido común vemos que todos los cristianos (un quinto de la humanidad), tanto católicos, como ortodoxos, el protestantismo histórico, anglicanos, bautistas, metodistas, evangélicos y pentecostales, coinciden en los 4 evangelios canónicos del Nuevo Testamento como fuentes fieles de revelación, en la divinidad de Cristo, en la resurrección, y en la mayoría de las verdades fundamentales de la fe cristiana, transmitida por los Apóstoles y sus sucesores.
Sería tonto pensar que la Iglesia católica oculta cosas, y que el resto del cristianismo permanece ingenuo y acrítico ante la verdad sobre Jesucristo y los Evangelios. Esto obligaría a pensar en una conspiración de todo el cristianismo mundial a lo largo de 2000 años —no solo de católicos- por ocultar tantas cosas sobre Jesús. Es insostenible algo así. ¿Nadie se dio cuenta antes de un engaño tan grande?
Y si Judas no hubiese existido, o su historia fuera otra, nada hubiera cambiado para el cristianismo, porque es algo muy secundario. El problema es que la información cultural sobre el catolicismo en la opinión pública es demasiado superflua y pobre.
¿Ignorancia religiosa?
A nadie le es ajeno el dato de la extendida y creciente ignorancia en materia de cultura religiosa en nuestro país. No tenemos mucha idea de la historia de las religiones, de los símbolos religiosos, del arte religioso, de las distintas mitologías, de los libros sagrados, etc. La existencia o no de Dios es un tema aparte, pero la religión es un hecho humano específico e innegable, que debe ser estudiado desde las diversas disciplinas académicas. Y Uruguay, en comparación con otros países del mundo renguea en lo que a cultura religiosa se refiere. Esto nos deja vulnerables frente a cualquier discurso o interpretación sobre temas religiosos descontextualizados, donde hoy proliferan cientos de libros y revistas, sectas, cursos y conferencias, sobre temas que uno no sabe si se trata de religiosidad o ciencia ficción, y no siempre se tiene herramientas académicas para discernir adecuadamente. Si la gran masa de lectores que se acercan a novelas como «El Código Da Vinci» tuvieran un acceso posible y serio a la historia del cristianismo, no hubiera tenido tanta trascendencia, porque su pretensión de veracidad es insostenible.
Creemos que la enseñanza seria, objetiva, laica, de las distintas religiones en la historia de la humanidad y del presente, tarde o temprano tendrán que incluirse en los programas curriculares de enseñanza, de lo contrario seguiremos siendo incapaces de discernir entre lo real y lo fantástico, incapaces de reconocer una tontería con halo de sabiduría de una verdad histórica.
Las sensacionalistas interpretaciones sobre el tema de los textos apócrifos está siempre pronta para los ávidos clientes de novedades sin mucho fundamento.
Conclusión
Finalmente, lo que se puede encontrar en el Evangelio de Judas y en los textos gnósticos de Nag Hammadi son cuestiones de mayor interés para los eruditos de la investigación histórica y arqueológica sobre el gnosticismo antiguo, que para el público en general, que apenas comprende la cosmovisión gnóstica como para poder interpretar esos textos, y menos aún si se dieran cuenta que no aporta nada sobre el Jesús histórico y su mensaje.
El hallazgo es un valioso aporte a la investigación histórica y al conocimiento del gnosticismo antiguo, pero ni sobre Jesús, ni sobre Judas encontraremos algo nuevo, porque obviamente se trata de un texto gnóstico tardío.
[1] Este documento, una lista canónica de origen romano, nos ha llegado en un manuscrito latino del s. VIII, ha recibido el nombre "de Muratori" por el bibliotecario milanés que lo descubrió en el siglo XVIII.
[2] TACIANO, La más antigua vida de Jesús: Diatessaron (siglo II), Edibesa, Madrid, 1999. El original fue descubierto en Dura-Europos en 1933, pero lo conocíamos por citas de Eusebio de Cesarea, San Jerónimo y San Efrén, entre otros.

Miguel Angel Pastorino

lunes, 19 de enero de 2009

EDUCAR EN LA SOBRIEDAD


Hace poco, un niño —llamado Björn— celebró su decimosegundo cumpleaños. Para esta ocasión, los padres habían organizado una fiesta: habían invitado a los abuelos, a varios tíos y muchos amigos. Después de las felicitaciones, Björn se encontró rodeado de un montón de paquetes, de todos los tamaños y colores. Sin decir ni una palabra, empezó a deshacer el primero, miró el regalo y lo puso a un lado. Después deshizo el segundo, miró el regalo y lo puso al lado del primero. Así seguía deshaciendo los paquetes en silencio, mientras que los visitantes, cada vez más tensos, formaron un círculo alrededor de él. Björn miró los regalos y los puso a su lado. Por fin le preguntó uno de sus tíos: "¿No te gusta ninguno de nuestros regalos?" Y la respuesta tajante fue: "Si no digo nada, todo está bien."
Así es la sociedad de consumo. Estamos acostumbrados a tener muchas cosas, y a recibir cada vez más. Esto trae consigo algunos peligros y retos. Pero antes de hablar de ellos, quiero subrayar una cosa. Nuestra sociedad no es "mala". Tiene aspectos positivos y negativos como todas las demás. Es la sociedad que nos ha tocado vivir, y podemos sentirnos muy felices de vivir en ella. Disfrutamos del internet, y tenemos contacto con personas estupendas en todo el mundo. Algunos pretenden distanciarse de la técnica y de los demás logros tan apasionantes de nuestro tiempo. Otros rechazan abiertamente nuestra civilización; desarrollan un cierto cinismo y difunden un pesimismo cultural. Estas actitudes son preocupantes: engendran, con frecuencia, un clima asfixiante que apaga cualquier iniciativa y apenas deja respirar y pensar por libre. Bloquean las aspiraciones nobles de los que se sienten pioneros de un nuevo milenio. Y lo que es más importante: no parece que se inspiren en la Buena Nueva de Jesucristo. No dan lugar a un amor auténtico hacia todo lo humano, ni a la alegría profunda de quien se sabe hijo de un Padre omnipotente y misericordioso. No se trata de despreciar los bienes de esta tierra. Se trata más bien de utilizarlos rectamente, con verdadero señorío y libertad, y de ponerlos al servicio de la persona humana, y de Dios. Se trata, en definitiva, de vivir según la dignidad de nuestra naturaleza en la sociedad que nos rodea.
Pero, ¿cómo es esa sociedad? ¿Se comprenden los planteamientos cristianos hoy en día? Los educadores, ¿pueden percibir alguna inquietud religiosa en los jóvenes? ¿Pueden, al menos, contar con una cierta sensibilidad para las cuestiones que atañen a la trascendencia?
1. El background cultural
En nuestra cultura actual, muchos viven un cierto ateísmo práctico, pero pocos hablan de la "muerte de Dios". Los grandes teóricos de la secularización (y de la construcción de un mundo sin Dios) abandonaron ya en los años setenta sus antiguas posiciones, en nombre de las cuales tantos cristianos sintieron el deber de cambiar su vida notablemente. Uno de esos antiguos maestros llegó incluso a afirmar que "el cambio de estructuras, sin que el hombre se cambie a sí mismo, es una gran ilusión."
1.1. El antiguo movimiento "hippy"
Parece que hay una relación entre el abandono del movimiento de la "muerte de Dios" y la aparición del fenómeno "hippy", típico de aquellos años. Algunos calificaban a los "hippies" como neomísticos. Su mensaje a la gente de Occidente no era cristiano. Pero, ¿se puede negar que se inspiraba en algunos valores del Evangelio? Rezaba más o menos así: "¡No os dejéis engañar! Las nuevas sociedades consumistas no os traen la libertad tan deseada. Engendran más bien un nuevo tipo de esclavitud, porque os seducen a ataros a un sinfín de cosas superficiales y superfluas..." Los mismos "hippies" cargaron con las consecuencias. Se negaban a acumular riquezas; estaban despreocupados de la construcción de este mundo, deseosos de no insertarse en el sistema, temerosos de que un cambio de estructuras sólo sirviera para llegar a un bienestar material aún mayor. Optaron por una vida alternativa, marcada por el "desprendimiento" optimista, la fiesta y la contemplación. El fenómeno en su traducción religiosa e incluso cristiana, como puede ser el movimiento "Jesus-People", no se interesó por Jesús porque él fuera a resolver los problemas socio-políticos (de los que el "hippy" se marginó voluntariamente), sino porque trae la paz al corazón. Es decir, consciente o inconscientemente se buscaba algo que pertenece a la experiencia religiosa.
Los movimientos "hippy" y "Jesus People" han reintroducido en nuestras sociedades algo muy interesante, que representa además un elemento antisecularizante: es, por un lado, el rechazo de una vida consumista, cómoda y aburguesada y, por el otro, la celebración de las fiestas, la importancia de los ritos. Son estas, sin duda, prácticas importantes que rompen la monotonía de lo profano. Pero ni los "hippies" ni los "Jesus People" se esforzaron por fundamentar sus prácticas en una teoría. No consiguieron unir sus experiencias religiosas con una doctrina clara. De este modo, no lograron transmitir sus valores a una nueva generación.
Los hijos de los "hippies" ya no rechazan la sociedad consumista, sino que están completamente inmersos en ella. En general no son revoltosos como sus padres. Son "buenos chicos", les gusta el dinero, y muchos de ellos "no se sienten capaces de forjar un futuro", según los resultados de un estudio italiano. Cada vez más jóvenes se sienten incluso tan a gusto en la casa de sus padres que, a diferencia de las generaciones anteriores, no tienen ganas de salir de ella, independizarse y crear una familia propia. ¿Por qué terminar pronto los estudios y emprender un trabajo remunerado, si se tiene una vida tan fácil y cómoda en la familia de origen? Parece, a veces, que apenas tienen proyectos y metas personales, apenas aspiran a algo que no tenga que ver con el bienestar material, apenas expresan preguntas, inquietudes y preocupaciones...
1.2. La "espiritualidad secularizada"
Mirando la cultura que nos rodea, se suele hablar de los "nuevos dioses" que aparecen en las revistas y películas y, por supuesto, en los medios electrónicos. Son actores y actrices, deportistas, cantantes y otras personalidades de la vida pública, de los que se ha hecho un ídolo y, después de la muerte, un mito. Se suele hablar, a la vez, de una "nueva espiritualidad secularizada". Es la espiritualidad del esoterismo, de la New Age y de las visiones orientales del mundo, el fruto de una religiosidad sincretista y pluralista, en la que se adora la naturaleza y las estrellas, y también la salud, la juventud y la belleza. Algunos la ven en la raíz de cualquier fenómeno de moda. Así se oye, por ejemplo, que hasta en el ejercicio físico y en el afán ecológico se manifiesta la "espiritualidad". El correr es interpretado como un viaje místico, como un ir "más allá" de sí mismo para poner a prueba las capacidades del cuerpo y sacar experiencias espirituales...
Ciertamente, cada vez más personas están dispuestas a realizar auténticos sacrificios para cuidar las plantas o el propio cuerpo. Se dedican diariamente al footing, comen poco más que yoghurt y manzanas, hacen su propio pan, participan con entusiasmo en manifestaciones contra la energía atómica y gastan generosamente su tiempo en observar el medio ambiente. Las preocupaciones por la salud y el aire puro dan lugar, además, a varias formas de ascesis y unos rituales estrictos: hay que hacer quince flexiones por la mañana, levantar el tronco treinta veces a mediodía, saltar cincuenta veces sobre el propio terreno por la noche... Todo ello es bueno y a veces necesario, por un lado, un poco exagerado, por el otro. Se puede descubrir en ello un cierto (y flojo) despertar del viejo espíritu "hippy", con sus ansias hacia una vida sencilla y con el rechazo de tantas cosas superfluas. Sin embargo, resulta sumamente confuso hablar en esos casos de "religión" y de "espiritualidad". ¿Es posible que el "mantenerse en forma" o la conservación del agua limpia se conviertan en el último sentido de la vida? ¿Es aconsejable ver los acontecimientos del mundo sólo bajo las exigencias de la ecología o de la salud? Ese modo de vivir puede disminuir la libertad y llevar a la manía. Y las teorías que fundamentan tales comportamientos, en vez de tener rasgos de religión se parecen más bien a rasgos ideológicos. Son ciertos signos de desesperación, y muestran lo que pasa cuando Dios está ausente. Tenemos que tener en cuenta que, quien hoy en día adora al Sol o dirige sus rezos hacia la "Madre Tierra", no es ya el ingenuo creyente de hace más de veinte o treinta siglos, sino el desencantado intelectual y científico. Chesterton dijo una vez con mucho acierto: "Cuando se deja de creer en Dios, ya no se puede creer en nada, y el problema más grave es que entonces se puede creer en cualquier cosa."
Por otro lado, mirando la cultura contemporánea queda patente que los hombres están ansiosos de religión. Tienen verdadera hambre de creer, aunque esa necesidad sea muchas veces inconsciente. Si no encuentran al Dios trascendente, se crean los dioses de la inmanencia. Pero, junto a ese fenómeno, se puede encontrar también una manifiesta nostalgia hacia el cristianismo, al menos en algunos ambientes, y a veces en los sitios más inesperados. Baste pensar en la música rock y en el éxito espectacular de las canciones de Bob Dylan, que hablan del Dios de los cristianos y de un mañana mejor, de paz y comprensión. El hombre, hoy como antes, se deja fascinar por el mensaje cristiano. No puede quedar satisfecho con una "espiritualidad secularizada" y una "religión pluralista". Puede, en cambio, llegar a ser feliz siendo un cristiano auténtico en una sociedad secularizada y pluralista.
2. Campos de influencia
Si queremos educar a los jóvenes, es necesario cumplir con una primera condición que consiste en tener en cuenta esos cambios sociales que se han efectuado en las últimas generaciones. El mundo, evidentemente, no es el mismo que era hace veinte, treinta o cincuenta años; las condiciones en las que vivimos han cambiado notablemente, incluso en los ambientes más "burgueses". No se trata sólo de una mejoría de lo que suele llamarse "nivel de vida", sino de algo más profundo; se ha efectuado un verdadero cambio en el modo de vida: televisión, avión, móvil, ordenador, internet han cambiado nuestra vida. Tampoco los hombres somos los mismos. Percibimos el mundo, sentimos, pensamos y reaccionamos de otra manera que nuestros abuelos. Así las exigencias para una buena formación son distintas que antes. Sin embargo, algunos educadores parecen pensar que los niños serían como la hierba, siempre iguales. Esto es un error, y puede ser, a veces, la causa de la ineficacia.
Hoy en día, en las sociedades de consumo, los niños no son educables como antes. Desde hace mucho tiempo, ya no están sólo bajo la influencia de la familia y de la escuela. Hay muchos co-educadores que atraen a los jóvenes a los valores más contradictorios. Estos son, por ejemplo, la televisión, la propaganda y el grupo de los compañeros de la misma edad. Ejercen una gran influencia sobre los jóvenes y, por supuesto, también sobre los adultos. Vamos a considerar brevemente estos tres co-educadores, que determinan considerablemente el comportamiento consumista.
2.1. La televisión
En nuestra sociedad, la televisión es, sin duda, la fuente principal de información y de deformación. Consumimos noticias de todo el mundo, talkshows y películas sin parar. No son pocas las casas en las que la televisión está encendida todo el día, incluso durante las comidas. Esto dificulta el diálogo, favorece la comodidad. Hay estudios que dicen, en sus conclusiones, que los niños europeos ven una media de cuatro horas diarias de televisión. En Estados Unidos, parece que ven todavía más, hasta seis horas al día, según las investigaciones del especialista Miltón Chen, de San Francisco. Así cuando un chico empieza la enseñanza media, ha visto 18.000 horas de televisión y ha pasado 13.000 horas en la escuela. Su cabeza está llena de imágenes.
Pero incluso el más ávido telespectador se ve, de vez en cuando, apartado de su pantalla, y tiene que enfrentarse con la realidad de la vida cotidiana. Entonces se encuentra inmerso en un mundo inevitablemente menos emocionante que aquel de las imágenes. La vida diaria puede resultar lenta y aburrida; normalmente no es tan dinámica como una película. Es comprensible que se pueda tener ganas de huir, volver cuanto antes al mundo fantástico de la televisión, y no se quiera salir de él. Así, la televisión puede llegar a ser una droga. Se le ha llamado, no sin razón, una "droga electrónica". Hace pensar que exista también la televisión tamaño-casete que se puede llevar en un transporte público, para no estar solo consigo mismo, ni quince minutos.
¿Qué hacer en esta situación? Es comprensible que algunas personas adopten una postura defensiva: prohíben a sus hijos ver la televisión, o ni siquiera quieren tener un aparato en su propia casa. Este planteamiento radical puede ser enriquecedor para la vida de familia y la propia cultura. Sin embargo, no parece que sea el más apropiado para los retos de nuestro tiempo. Con controles y censuras, hoy en día, prácticamente no se consigue nada. Un alumno puede acceder por cable o satélite a todas las informaciones que quiera; puede ver los programas más nocivos en los bares, autobuses o tiendas, en las casas de los amigos o en la propia casa, cuando los padres están fuera. Recuerdo que una buena señora me contó una vez, que había discutido mucho con sus hijos adolescentes acerca de una determinada película, llena de escenas de brutalidad y erotismo: los hijos querían verla, los padres lo prohibieron. El día en que salió esta película en la televisión, la señora tenía que acompañar a su marido a una cita importante. Como no estaba segura de si los hijos iban a obedecer o no, llevó la televisión consigo en el coche. Y los hijos vieron la película en casa de los vecinos.
No se consigue nada con prohibiciones. La meta no puede ser una simple renuncia. Esto es utópico y poco atractivo. Hace falta un esfuerzo más grande. Es importante ayudar a los hijos, con argumentos sólidos, a utilizar bien la televisión: a tomar una actitud crítica positiva ante ella y descubrir sus ventajas y desventajas.
La televisión no es un enemigo; no es necesariamente una "caja tonta". Puede ser un buen amigo, un instrumento eficaz al servicio de la cultura y de la educación. Uno de los directores de la televisión alemana suele decir: "La televisión hace a los listos más listos y a los tontos más tontos." Conviene aprovecharla bien. Para lograrlo, es aconsejable ver en familia la televisión, y conversar después sobre lo que se ha visto. Así el aparato tan temido puede convertirse realmente en un "co-educador", en el sentido más pleno de la palabra. Puede abrir nuevos horizontes y transmitir auténticos valores. Se puede descubrir también la propia responsabilidad por los programas, escribiendo cartas al director, haciendo sesiones de trabajo. De este modo cada uno puede salir del anonimato y de la pasividad, tan propios a la sociedad de consumo. Cada uno puede contribuir a buscar "una televisión con rostro humano": es decir, una televisión a la medida del hombre, y no un hombre a la medida de la televisión.
2.2. La propaganda
Otra gran fuente de influencia es la propaganda. Mientras que, mirando la televisión, se está ya consumiendo, la propaganda nos ofrece los productos más variados para consumir: viajes, coches, ropa, comidas exóticas, videos, discos... Si nos paseamos por una ciudad y miramos a nuestro alrededor, puede pasar que hasta las cosas más excéntricas nos parecen necesarias y urgentes. Queremos todo para nosotros; queremos todo en seguida. No consumimos sólo objetos; consumimos también hombres y paisajes... (Los ecologistas tenían que recordárnoslo en los últimos años.) La propaganda actúa a través de todos los medios de comunicación social, hasta los anuncios en las paradas de autobús, los eslogans que salen de la radio, incluso a las seis de la mañana y a las doce de la noche - o los carteles pequeños y grandes que decoran los supermercados. El hombre de hoy, muchas veces, ve reducido su horizonte vital al mero consumo de productos. Este superdesarrollo le hace fácilmente esclavo de la posesión y el gozo inmediato, advierte el Papa Juan Pablo II, "sin otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de los objetos que se poseen por otros todavía más perfectos." Esta actitud se refleja ya en los niños: tienen muchos más juguetes y dulces que en las generaciones anteriores, y desean todavía mucho más. Cualquier capricho puede desencadenar reacciones insospechadas, casi frenéticas. Y la propaganda las estimula continuamente.
¿Qué hacer en esta situación? Es obvio que la propaganda se asemeja a la televisión. Hay que adoptar la misma actitud ante ella. No hace falta rechazar todas las ofertas, pero sí es preciso aprender a utilizarlas bien. No se puede esperar del mercado libre que actúe según principios pedagógicos o formativos. Al mercado no le interesa si una cosa es buena para un niño o no. Sólo le interesa lo que se puede vender a un niño o para un niño. Está claro que las ofertas superan siempre las posibilidades económicas y temporales de cualquier persona normal. No se puede ni se debe adquirirlo todo. Hay que hacer elecciones. Y hay que ayudar a los jóvenes a hacer elecciones prudentes. Cada persona tiene que tener su propio criterio, según su situación personal. Es preciso aprender a decidir, a aceptar y a renunciar. Es preciso también desarrollar un escepticismo sano ante la propaganda. Si los padres dialogan con sus hijos sobre los anuncios, pueden orientarles. A veces conviene también explicarles abiertamente la situación financiera de la familia. Entonces pueden alcanzar un criterio sólido para su comportamiento personal. Esto, por supuesto, es menos cómodo que darles dinero para que compren lo que quieran; y es más exigente que prohibirles todas las compras, o reñirles permanentemente.
2.3. El grupo de los compañeros
Todos los padres lo saben muy bien: a la hora de orientar el comportamiento de consumo de los hijos, hay que contar con un factor determinante, que es el influjo de los compañeros. Los sociólogos ya no hablan del grupo, sino de la escena de los jóvenes. Quieren decir con este término que los jóvenes forman una especie de subcultura. En sus ramas extremas, es la escena de las drogas, de las sectas, de los neonazis y los hooligans. Considerando sus expresiones más moderadas, se puede decir de todos modos que es una clase de consumidores aparte. Tienen su ropa determinada, su música, sus ídolos, su lenguaje, su coca cola... Las estrellas de cine, los futbolistas o los tenistas, los cantantes, ésos son los héroes admirados. El último premio Nobel de la literatura apenas nadie lo conoce ni lo ha leído. Pero el gol de la jornada, los actores y modelos los conoce todo el mundo. Y se gasta dinero para verlos de cerca, o para tener una camisa con su nombre o un compact con su voz. Esto, por supuesto, es un fruto de nuestras sociedades de consumo; no existe en los pueblos de África ni en las islas del pacífico. En Alemania, la música rock de los años 50 fue la primera música específica para la juventud. A partir de entonces, los jóvenes disponían de suficiente dinero propio para crear y mantener una cultura propia. En otras palabras, la escena juvenil es un fenómeno de lujo.
Los padres que quieren educar a sus hijos, tienen que tomar en serio este fenómeno. Tienen que contar con la influencia de los compañeros y saber que la renuncia a una cosa determinada puede llegar a ser un "problema existencial" para un adolescente. Puede ser un problema grave, no sólo porque al chico le gusta tanto ese objeto, sino porque la presión de su grupo puede ser muy fuerte. En algunos ambientes —incluso en los mejores colegios— existe un verdadero terror de consumo: una persona que no tiene ropa de una determinada marca, o que no ha visto una determinada página web, no cuenta nada. ¡Es duro quedarse al margen!
Los valores que se transmiten en esta subcultura, directa o indirectamente, se oponen a la tradición y, a veces, significan un cambio radical de la actitud cristiana. Fijémonos en el fútbol que, en algunos ambientes, ha adquirido rasgos de una nueva religión moderna: así, por ejemplo, el Club de Hamburgo canta con entusiasmo: "You never walk alone" ("Tú nunca andas solo"). Pero en esta nueva religión, Goliat suele vencer a David. El más grande es el triunfador ("We are the champions"), y no el que sabe perder con dignidad. Un entrenador alemán dijo en una entrevista: "Estamos condenados al éxito." Es una religión de miedo, incluso de violencia, y no de serenidad y paz.
¿Qué pueden hacer los padres? Sería absurdo prohibir a los hijos ver el fútbol. Esto, además, apasiona también a los adultos y tiene realmente sus aspectos fascinantes. De igual manera sería poco realista intentar apartar a los hijos de todas las escenas o prohibirles todos los artículos de consumo propios a su edad. Podría llevar a tensiones muy grandes, a conflictos insoportables. Conozco a unos padres muy buenos de una familia numerosa que actuaban de esta manera. Sus tres hijos mayores tienen graves trastornos psíquicos, porque no aguantaban ser "diferentes" a sus compañeros. Después de esta experiencia, los padres cambiaron su estilo de educación.
Vivimos en una civilización pluralista. Lo que ven y escuchan los adolescentes en su casa muchas veces no coincide con lo que escuchan en el colegio, en las calles y en otras casas. Todos los esfuerzos que van encaminados hacia una unidad de formación, son muy importantes y dignos de elogio. Los colegios que actúan conforme a un buen proyecto educativo, por ejemplo, son una gran ayuda para la formación. Pero hay que tener en cuenta que los desafíos con los que tienen que enfrentarse hoy en día son mayores que antes. No sólo han de dar una buena formación, sino que han de dar una formación tan buena y profunda que los alumnos puedan orientarse luego en una sociedad pluralista y vivir en paz con otras personas que tienen planteamientos completamente distintos, sin escandalizarse ni hundirse. En definitiva, han de darles una buena formación y mucha fortaleza. Los jóvenes salen de sus casas (y, según el caso, de los colegios privados), se encuentran en la calle, van a los supermercados y discotecas, y encuentran otro ambiente completamente distinto. No es posible crear un micro-clima en el que todos vivan tranquilos. No es posible refugiarse en una torre de marfil. Los cristianos auténticos nunca lo han hecho; pero aunque alguien quisiera hacerlo, hoy en día no es posible. En los tiempos anteriores, los padres podían controlar las cartas de sus hijos, si les parecía oportuno. Hoy en día, esto sería una falta de realismo, ya que existen el móvil, el mail, el fax. Más que apartarse de la sociedad pluralista conviene ayudar a los hijos a vivir en ella, a orientarse en ella y a ser felices en ella. ¡Sólo el que quiere este mundo puede cambiarlo! Por esto, es preciso buscar un nuevo encuentro entre el Evangelio y la cultura.
3. Tareas del educador
Entonces, ¿cómo se puede vivir cristianamente, con sobriedad y buen humor, en una sociedad consumista? Se trata, realmente, de una cuestión muy difícil. Necesitamos mucha comprensión y paciencia. "Educar tres hijos hoy en día es como haber educado quince en las generaciones anteriores", suele decir una maestra experimentada que no sufre nada de resignación. No hay recetas. Cada uno tiene que encontrar su modo individual de actuar, de acuerdo con las circunstancias variables de cada caso. A continuación, me gustaría proponer algunas ideas para la reflexión personal de cada uno.
3.1. Empezar por el propio educador
Un antiguo dicho popular reza: "Búscate un maestro al que puedas apreciar más por lo que ves de él que por lo que oyes de él." De mayor importancia que este o aquel esfuerzo concreto es la persona del educador. Un buen maestro influye más por su vida, por su mera existencia, que por las lecciones que da. El Papa Juan Pablo II confesó en varias ocasiones: "Mi padre se exigía tanto a sí mismo que no tenía que exigir nada de mí." Una vieja historia cuenta que, un día, una madre desesperada buscó a un rabino famoso y le preguntó: "¿Qué puedo hacer? Mi hijo tiene una toxicomanía hacia los bienes materiales. ¿Cómo puedo cambiarle?" El rabino respondió: "No tienes que cambiar a tu hijo, sino a ti misma. Los problemas de tu hijo reflejan tus propios problemas. ¡Cámbiate a ti!" Este juicio, por supuesto, no se puede ni se debe aplicar a cualquier familia que tiene dificultades en la educación de los hijos. Sería una grave injusticia. Pero sí se puede aplicar al conjunto de una generación. Es decir, los jóvenes expresan muchas veces con claridad las actitudes profundas de los mayores.
¿Qué podemos hacer? En primer lugar, crecer en la conciencia de la propia responsabilidad. Todo lo que hacemos influye en el ambiente que nos rodea. No podemos quejarnos del anonimato y de la comodidad propios de las sociedades de consumo, porque nosotros mismos los creamos, o al menos contribuimos a que se mantengan. Hace algunas décadas, cuando un chico fuerte pegaba a otro más pequeño en la calle, cualquier persona que se paseaba ayudaba al niño más débil, y amonestaba al niño fuerte. Los mayores reconocían su responsabilidad; todos ellos se sentían educadores de la juventud. Actuaban, a veces, con severidad, pero tenían un rostro humano. Hoy, en cambio, los padres buscan un abogado para esos casos. Y todos los demás no hacen nada; se limitan a lamentar las desviaciones de los jóvenes. Una persona que quiere vivir con soltura en la sociedad pluralista —y ayudar a los demás a hacer lo mismo—, tiene que salir del anonimato y de la masificación. Tiene que actuar según sus propios juicios y adquirir un estilo propio de vida.
Los adolescentes observan mucho. Se dan cuenta de los motivos que mueven a sus maestros. Notan si los padres pueden poner límites a sus deseos de posesión o no. A veces pasan cosas verdaderamente ridículas: se compran furgonetas familiares, cuando se tiene un sólo hijo; se identifica el éxito con un perfume...Unos chicos que vivían en un asilo, me decían una vez: "No es verdad que nuestros padres no tengan tiempo para nosotros. La verdad es que hay muchas cosas más importantes para ellos: los negocios, el deporte, los compañeros y los viajes."
Los educadores también son "hijos de su tiempo". Tienen que tener una actitud generosa, si quieren orientar a los demás. No tienen que ser perfectos, pero sí auténticos. No importa que tengan defectos y debilidades; éstos, incluso, pueden hacerlos más amables. Pero deberían luchar sinceramente, y con sentido positivo, por vencer sus caprichos poco a poco.
3.2. Robustecer la autoestima
Los psicólogos subrayan: "Detrás de cada toxicomanía hay una nostalgia". Una persona, cuyo bienestar depende de la televisión, del alcohol, de la droga, de viajes o vestidos, busca en realidad otra cosa, que no encuentra ni en la televisión, ni en el alcohol, ni en el nuevo abrigo de pieles. Le falta seguridad, protección y cariño; y sobre todo le falta el aprecio de los demás. Muchas veces no tiene autoestima. No podía desarrollar una sana conciencia de la propia dignidad. Por eso no es capaz de abrirse a los demás. Tiene un egoísmo escandaloso, pero ese egoísmo es enfermizo. Quiere tener más para ser más.
La falta de autoestima es notoria en nuestros días. Las librerías dedican toda una estantería a libros como "Diez consejos para elevar su autoestima", "Cómo recuperar tu autoestima", "Los adolescentes y la autoestima". Hasta en el metro se pueden encontrar carteles que invitan a participar en un "Taller de autoestima". La crisis de autoestima es un fenómeno preocupante; es un índice de falta de salud mental. Por esto, a veces tiene poco sentido amonestar a una persona para que no gaste tanto dinero en cosas nocivas o superfluas. Es preciso robustecer su autoestima.
En sus primeros años de vida, todo niño realiza un descubrimiento básico que será de vital importancia en su posterior carácter: o "soy importante, me entienden y me quieren" o "estoy por medio, estorbo". Bajo los cuidados de personas solícitas, se forman jóvenes espiritualmente estables, cariñosos y responsables. Pero si faltan esos cuidados, puede pasar que los jóvenes luego no sean capaces de establecer relaciones, ni de trabajar con seriedad. Y tampoco pueden utilizar los bienes materiales rectamente.
Sin embargo, tenemos que creer en las capacidades de estos jóvenes y dárselo a entender. A veces, impresiona ver cómo puede transformarse una persona, si se le da confianza; cómo cambia, si se le trata según la idea perfeccionada que se tiene de ella. Hay muchos educadores buenos que saben animar a los jóvenes a ser mejores, a través de una admiración discreta y silenciosa. Les comunican la seguridad de que hay mucho bueno y bello dentro de ellos, que, con paciencia y constancia, animan y ayudan a desarrollar.
Cuando una persona ha adquirido autoestima, puede independizarse poco a poco de lo que dicen los demás. Adquiere el valor de ir contra corriente, sin endurecerse o despreciar a los demás.
3.3. Orientar hacia grandes ideales
No hace falta criticar continuamente la situación de nuestras sociedades. Una persona que amonesta y da lecciones, es poco atractiva. Es mejor enseñar a los jóvenes a abrir y ensanchar el alma, a orientar las ansias hacia grandes ideales. En el ambiente actual, se nota a veces una cierta resignación y poco ánimo para educar. Pero también hoy en día hay muchos jóvenes inquietos; hay una rebeldía sana contra la tendencia al mínimo esfuerzo de seguir la moda. Hace algún tiempo dijo un chico de 17 años en la televisión alemana: "En esta sociedad sólo cuentan el dinero y los coches grandes. Este no puede ser el sentido de la vida. Para nosotros valen más la amistad y el compañerismo." Es una tragedia que ese chico era un neonazi, a quien había cogido la policía.
A muchas personas, en el fondo, les aburre la televisión y la vida aburguesada con zapatillas y cerveza. Cuanto más se entretienen, más se aburren. Por eso buscan cosas cada vez más absurdas para satisfacerse, como Nerón, que hizo quemar media Roma para divertirse. Han de aprender, en cambio, a observar, a sentir y a vibrar con la naturaleza, con la música, con la lectura, con la conversación, con el contraste de ideas. Hay un inmenso panorama para abrir inquietudes, para despertar intereses, para sembrar curiosidades.
La causa última de la patología del consumo no es el desarrollo material, sino un sistema de ideas que ha quitado al hombre sus verdaderos fines, que siempre están más allá de la posesión de objetos. La persona no es un animal. En todo caso, "es el único animal con manos," como dice Santo Tomás. No tiene pezuñas o garras para acaparar cada vez más cosas, sino manos para arreglar y cuidar, y para orientar todo hacia un bien mayor.
Hay que ayudar a los jóvenes a descubrir la dignidad humana y el auténtico sentido de la vida. Si una persona tiene un proyecto vital muy alto, lucha con ilusión por conseguirlo y está dispuesta a renunciar a cosas secundarias y triviales. Entonces se da cuenta, por sí misma, de la necesidad de decir que no. Puede hacer la experiencia de que el trabajo, el servicio a los demás, la amistad y la generosidad contribuyen más a la felicidad que el vestirse según el último grito. Así, el consumismo egoísta deja de ser un problema, sin que se hable mucho de ello. Es importante apuntar muy alto para engrandecer el corazón y movilizar las energías. "Cuando quieres construir una nave y buscas personas para realizar esta tarea," subraya un dicho popular alemán, "no les digas que busquen el material y hagan cálculos complicados: sino despierta en ellas las ansias hacia el océano grande y amplio."
Cuando una persona tiene metas altas y la ilusión por conseguirlas, entonces ha llegado la hora de educar también en el arte de renunciar. Todos los grandes sabios de la humanidad conocían este arte, y lo recomendaron vivamente a los demás, desde Diógenes, el "filósofo del desprendimiento" que estaba feliz en su barril, hasta Wittgenstein, filósofo de nuestros días, que regaló los millones que había heredado a sus hermanos, para poder trabajar con tranquilidad. Si se tiene una actitud positiva frente a la realidad, entonces es posible aprender a decir que no.
3.4.Fomentar la solidaridad
El desarrollo de la personalidad, por supuesto, es sólo un efecto de la renuncia. No puede ser, ni mucho menos, su motivo. Se trataría, entonces, de una especie de egoísmo y soberbia, que sería tanto más enfermiza cuanto más se escondiera detrás de actitudes laudables... El estoicismo nunca ha sido un ideal cristiano.
Un cristiano renuncia por amor. Como cualquier otra persona que vive medianamente bien en una sociedad consumista, no puede quedarse tranquilo ante el hambre, la miseria, la marginación de tantas personas en todo el mundo. Si es capaz de un mínimo de compasión, querrá compartir su suerte con los demás. Buscará formas de solidarizarse con sus hermanos de los otros continentes, y estará no menos dispuesto a aliviar las necesidades, pequeñas o grandes, que detecta a su alrededor. En una palabra, se empeña en ofrecer lo que es suyo y le falta al otro. Y no hace esto para alcanzar la propia perfección, sino por la convicción profunda de que él mismo, como todas y cada una de las personas humanas, debe prestar ayuda a quienes la necesitan, en la medida de sus posibilidades.
Esto lo comprenden incluso los niños. Conozco una madre que se preocupa mucho por inculcar en sus tres hijos la generosidad y la solidaridad con los demás. Por esto tiene la costumbre de visitar con ellos un orfanato, cada año en las vacaciones de verano. Antes de irse, los hijos eligen algunos de sus juguetes más queridos, y luego los regalan a los niños necesitados. Hace poco pasó una cosa que dio una gran alegría a la madre. La hija mayor de la familia, de nueve años, había recibido una bicicleta el día de su cumpleaños. ¡Su deseo más grande se había cumplido! Después del primer entusiasmo, la niña se fue sola al orfanato, y entregó la bicicleta.
La generosidad engendra alegría, ya que responde a una íntima exigencia de nuestra naturaleza. El hombre no sólo tiene manos para poseer, sino también para dar. Es "simplemente el ser con capacidad de dar." Se realiza justamente en la donación.
Somos libres de renunciar a las cosas más lícitas y bellas, por los motivos más variados. A un cristiano no le mueve sólo el amor a los hombres; le mueve también el amor a Dios. Se deja fascinar por el desprendimiento y la libertad de Jesucristo, y quiere vivir tan sobrio como su Señor. Pero, ¿esto es posible también hoy en día? ¿Se puede vivir la fe cristiana en nuestra sociedad consumista? Y también los hijos y nietos de la generación "hippy", ¿están en condiciones de comprender el mensaje cristiano? Nos referimos al cristianismo en toda su dimensión, no sólo a unos eslogans religiosos que excitan a las masas durante los festivales de rock.
3.5. Educar testigos del amor de Dios
Sí, los jóvenes son capaces de abrazar la fe, hoy como antes. Para seguir a Jesucristo, una persona necesita la fuerza de la gracia divina, y no unas circunstancias socio-culturales óptimas. Lo sabemos desde los primeros siglos de la era cristiana. Por eso resulta más urgente reforzar la identidad cristiana que cambiar algunos rasgos superficiales de la sociedad. La tarea educativa consiste, principalmente, en ayudar a los jóvenes a encontrar al Dios verdadero para que, llevados por la gracia, se enamoren de él.
Luego harán el mundo más humano.- Lo que la gente de nuestro tiempo ansía es una espiritualidad anclada en una teología sólida y abierta. Esta necesidad tendría que mover a los cristianos a transmitir la fe con claridad, sin rebajar sus exigencias al nivel que marca la New Age. Es ese el servicio más grande y bello que una persona puede prestar a la sociedad en los momentos actuales, en los que muchos contemporáneos están sufriendo un vértigo de existencia superficial: ayudarles a salir de la desesperación y a renunciar a una vida aburguesada, consumista y egocéntrica.
En este nuevo comienzo —que es urgente y apasionante a la vez— se sitúa la soberanía con respecto a las cosas que nos rodean. Un cristiano tiene más razones que nadie para vivir el desprendimiento y la sobriedad, y para enseñar a vivirlos a los demás. Quiere seguir a Cristo, participar en el misterio de la redención y llevar la cruz con él. Si sólo disfrutamos de las comodidades de nuestra sociedad, tal vez seguimos a Cristo muy de lejos; de tan lejos, que no experimentamos ni rastro de su cruz. Si, por otro lado, nos quejamos de las exigencias de la vida cristiana, puede ser ésa también una señal de que no estamos aún lo suficientemente cerca del Señor. Un cierto tono de queja se encuentra en contradicción con la esencia del amor.
Quien ama, acepta esfuerzos y trabajos.- Ciertamente, la cruz es una locura. Pero se trata de una locura de amor y de entrega que puede atraer también hoy en día a una persona que busca el sentido de la vida. Los jóvenes quieren que se les exija, en un clima de confianza y de comprensión. Si no se les exige nada, se desprecia su personalidad. Aunque el desprendimiento cristiano cueste, tiene un sentido positivo, liberador y enaltecedor de la capacidad del hombre, porque permite llenarse de Dios y darse a los demás.
EN SUMA PODRÍAMOS DECIR: El cristiano acepta y quiere el mundo que le rodea. A la vez tratará de ser sobrio. Esta actitud no se basa en un rechazo del progreso o de la técnica, ni en prohibiciones o controles. Se basa simplemente en una opción clara por Cristo. No vive las virtudes por falta de ocasiones, sino por el deseo libérrimo de seguir los caminos del amor, en plena sociedad consumista.


Dra Jutta Burgraff