jueves, 30 de abril de 2009

PLATAFORMA DERECHO A VIVIR



PLATAFORMA DERECHO A VIVIR.

http://derechoavivir.org/

Os invito a visitar esta www

LAS OBRAS DE MISERICORDIA SON...


Ante la crisis que nos asola os recordamos las OBRAS DE MISERICORDIA

Las siete espirituales son:
1ª.- Enseñar al que no sabe. 2ª.- Dar buen consejo al que
lo necesita. 3ª.- Corregir al que yerra. 4ª.- Perdonar las
injurias. 5ª.- Consolar al triste. 6ª.- Sufrir con paciencia los
defectos del prójimo. 7ª.- Rogar a Dios por vivos y difuntos.
Las siete corporales son:
1ª.- Visitar y cuidar enfermos. 2ª.- Dar de comer al
hambriento. 3ª.- Dar de beber al sediento. 4ª.- Dar posada al
peregrino. 5ª.- Vestir al desnudo. 6ª.- Redimir al cautivo.
7ª.- Enterrar a los muertos.
Si queremos leer estas “OBRAS DE MISERICORDIA” en
clave de algunos problemas de nuestros días, hace unos años
“CÁRITAS” publicó las catorce obras de misericordia y
liberación, las siete primeras son individuales, las otras siete
colectivas.
Las siete individuales son:
1ª.- Acompañar y alegrar al que está solo. 2ª.- Llenar de
esperanza al desilusionado. 3ª.- Ayudar a encontrar trabajo.
4ª.- Acoger y reinsertar al transeúnte y extranjero. 5ª.- Educar y
rehacer al delincuente. 6ª.- Rescatar al cautivo de la droga.
7ª.- Dignificar al que se ha prostituido.
Las siete colectivas son:
1ª.-Promocionar a los pueblos subdesarrollados.2ª.- Defender
los derechos de los marginados. 3ª.- Combatir las injusticias
y la opresión. 4ª.- defender el desarme y la no violencia.
5ª.- Liberar de la tiranía del consumo. 6ª.- trabajar por el
respeto a la naturaleza. 7ª.- Construir la civilización del amor y
la paz.
Cada uno puede añadir nuevas obras de misericordia y
liberación. Lo que importa es que nos esforcemos en practicarlas.

Son una forma estupenda de amar al prójimo.

martes, 28 de abril de 2009

ELOGIO DE LA CONCIENCIA


El libro, que en Italia lo edita Cantagalli y para el exterior lo hará la Librería Editora Vaticana, recoge textos de Ratzinger de entre 1990 y el año 2000 relacionados con la conciencia. 'Hay que huir de la falsa concepción de la conciencia subjetiva, ya que de lo contrario las acciones de los miembros de las SS nazi estarían justificadas, ya que realizaron las atrocidades con una absoluta certeza de conciencia', escribió Ratzinger, que añadió que por ello era necesario el 'sentido de culpa'. Ese sentido de culpa para el por entonces cardenal era tan necesario por el dolor físico, 'como síntoma que permite reconocer los trastornos en las normales funciones del organismo'. Según el Papa, quien no es capaz de percibir la culpa está espiritualmente enfermo. 'No ver las culpas, el enmudecimiento de la voz de la conciencia en numerosos ámbitos de la vida es una enfermedad mucho más peligrosa que la culpa', reflexionaba el cardenal Ratzinger, para quien un hombre de conciencia 'es uno que jamás compra el bienestar, el éxito, la consideración social y la aprobación de la opinión pública dominantes renunciando a la verdad'. El libro 'Elogio de la conciencia' cuenta con 176 páginas (13,5 euros) y en las mismas el cardenal Ratzinger reflexiona sobre la conciencia echando mano a textos de Sócrates, Platón, San Agustín, otros padres de la Iglesia y, en especial, según Radio Vaticano, del cardenal John Henrry Newman (1801-1890), que se convirtió del anglicanismo al catolicismo y cuyo proceso de beatificación está en marcha.

EL DEDO DE DIOS SE HA POSADO SOBRE NOSOTROS


Su testimonio ha sido el de una mujer inmensamente fuerte, a la vera de un hombre inmensamente íntegro. Doña Isabel Cepeda ha pasado muchas horas en el hospital junto a su marido, don Jesús Neira, rogando a Dios por su recuperación, después de que un energúmeno lo golpease por defender a una mujer a quien el energúmeno agredía. La paliza derivó en un cuadro de fracaso multiorgánico, causa de muerte en un 90% de los casos. Ahora, los médicos no pueden explicar la recuperación del profesor Neira. En la primera entrevista concedida a un medio tras el alta médica de su marido, recuerda con lágrimas en los ojos las oraciones constantes por su marido. «Para nosotros, ha sido un milagro», dice
Javier Esteban, en Diario de Jesús Neira (ed. Temas de hoy), cuenta que, cuando su marido estaba en coma, a usted le propusieron desconectarle...Sí, a finales de agosto. Los médicos consideraban la situación irreversible y estaban esperando el desenlace. Una mañana, una doctora me dijo que lo único que le sujetaba a la vida eran las máquinas y había que pensar en desconectarle. La miré con incredulidad y le dije que, por supuesto, no. Se lo debí de decir tan seria y con tanta determinación en la mirada, que no me lo volvió a repetir. A personas de nuestro entorno, altas jerarquías del hospital también se lo aconsejaron. Era algo que yo no iba a permitir.¿Por qué no?Porque es mi marido. Prefiero vivir cuidando a una persona con muchas limitaciones, pero que es el padre de mis hijos y la persona a la que yo he elegido para vivir mi vida, en lo bueno y en lo malo. Y porque siempre creí en su recuperación. Nos habían dicho que el estado de los pulmones era irreversible; empezaron a fallar los riñones y, a continuación, esperaban un fracaso multiorgánico. Entonces empezaron a funcionar los riñones; y esos pulmones irrecuperables, se recuperaron. El personal del hospital nos dijo que nunca habían visto unos pulmones en ese estado que se recuperasen. Dicho sea con toda prudencia, pero suena a milagro...La ciencia no encuentra explicación. El caso se está tratando en los congresos médicos, porque nunca se había dado algo similar. Para nosotros ha sido un milagro. Eso sí, Dios puede hacer que los pulmones se recuperen, pero si tú decides desconectar, no dejas ninguna posibilidad al milagro.

Y su fe, ¿cómo ha influido para sobrellevar este dolor?

Me ha dado fortaleza, serenidad y cabeza fría para afrontar las cosas. Si te hundes, no puedes tomar decisiones adecuadamente. Me ha servido para tener la esperanza firme de que Jesús saldría adelante. Ha habido mucha gente rezando con nosotros y por nosotros. Los que nos han acompañado en esta petición íntima y profunda a Dios nos han dado fuerzas. Un testimonio de fe viva muy poco frecuente...Vivimos en un mundo en el que da mucho pudor hablar de creencias. Casi nadie dice que es católico y casi nadie dice Rezo por esto o por lo otro. Se considera que eso debe quedar para la intimidad; y mientras, cosas que sí deben quedar para la intimidad, se exponen públicamente. Ahora se conoce al dedillo la capilla del hospital...Sí. He pasado momentos muy amargos y de mucha esperanza. ¿Sabe? A veces, al rezar, decimos oraciones mecánicamente, pero en esos momentos las repites con mucha más fe. ¿Por ejemplo?No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarle. Lo he rezado miles de veces a su lado. Rezar juntos une muchísimo. Nos sentimos muy pequeños, pero muy afortunados, porque el dedo de Dios se ha posado sobre nosotros. Jesús dice: Algo quiere Dios de mí, me ha salvado por algo. No sabemos por qué, pero ya lo descubriremos. Cuando nos fuimos del hospital, nos despedimos del personal, y entramos en la capilla a darle gracias. Son momentos duros, que te hacen valorar lo que importa de verdad.

¿Molesta que don Jesús, el héroe nacional, sea católico?

Es posible. En un país que acepta distintas culturas, tan fanático es llevar al extremo una religión como un ateísmo. A quien le moleste, tiene un problema. A mí no me molesta que otros sean ateos o evangélicos, lo que me molesta es que no quieran respetar mis creencias o mi forma de ver la vida.

¿Qué siente cuando escucha que el agresor de su marido quiere salir a la calle para ganar dinero contando su historia?

Que esta persona quiera ganar dinero yendo de plató en plató está calificándolo. A mí ni me preocupa, ni me importa, ni me molesta. Que haya medios que acepten pagarle, eso sí me preocupa más. Pero claro, cada uno contrata a quien le parece que coincide con sus propios criterios. Es un problema de esas dos partes, no nuestro. No sentimos rencor.

lunes, 20 de abril de 2009

LA AMISTAD


Por Fernando Gálligo, SJ

La palabra amistad viene del latín – amicus, amigo-, y se cree que posiblemente deriva en su origen más remoto de amore, amar. Tener un amigo es en última instancia tener un amor…, lo cual resulta bien interesante, porque a menudo separamos lo que es amistad y lo que es amor, pero a lo mejor la separación no es tan clara ni tan evidente.
Bien pensado, para tener un amigo hay que quererle mucho. Un amigo es “uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”, dijo un tal Elbert Hubbard (1856-1915), ensayista americano, hace unos cien años… Y yo creo que este señor Elbert estuvo muy acertado, porque los verdaderos amigos son los que te quieren tal y como eres, aún conociendo todas tus limitaciones.
A veces las dificultades que tenemos para tener amigos vienen de ese no estar dispuestos a aceptarles como son, sin intentar cambiarles… Con frecuencia elegimos los amigos como elegimos un coche: mirando la hoja técnica de especificaciones y revisando todos los detalles del manual de instrucciones, de manera que si alguna de las características no nos satisface del todo, optamos por buscar uno mejor. Y desde luego siempre hay coches mejores, más potentes y más rápidos – aunque también más caros…No, una amistad no nace de la misma manera que compramos un automóvil. Un amigo no es un instrumento, no es un objeto, no se elige en un mercadillo o se adquiere en una tómbola. De hecho no hay donde comprarlo, no hay “tiendas de amigos”, no hay mercado público con casetas donde se anuncie “amigo para un mes”, “amigo para un año” o “amigo para toda la vida”. Eso de tener amigos es un regalo, es una lotería, es un don que se recibe y se acoge, para el que no hay ni puntos de venta ni ventanillas de atención al público. La amistad es una de esas cosas que te pasan, y no sabes bien por qué te pasan. Es como coger la gripe: para cuando la tienes, ya está ahí, y no sabes muy bien cómo ha ocurrido. Uno puede, luego, a posteriori, seguir la pista de lo que pasó y tratar de reconocer dónde y cómo pudo darse el origen de ese virus, pero no es una elección que uno haga en la mesa de su despacho o en la tranquilidad de su cuarto. Ocurre, de pronto, sin más… y no podemos más que dar gracias por ello.Tener un amigo es algo que ocurre, que pasa, que se da… pero no se decide, no se elige, no se fuerza. Es verdad que luego mantener esa amistad sí que es cosa nuestra y depende de nuestro cuidado y cariño. Como si dijéramos, que te nazcan amigos es un don, pero mantenerlos es una tarea…

viernes, 17 de abril de 2009

LITURGIA Y VIDA ESPIRITUAL


-Finalidad de la liturgia: intensificar la vida espiritual (que incluye la moral pero no se agota en ella) a través de la contemplación e interiorización de los símbolos.
-Tres niveles principales: intelectual, moral y espiritual, los cuales son, en rigor, inseparables.
-Intelectual: comprensión de las justas relaciones entre Dios y el hombre.
-Moral: obediencia a los mandatos divinos, entendidos como un mínimo (es lo característico de la etapa "purgativa").
-Espiritual: despojarse paulatinamente del yo exterior y dejarse llenar por Dios; por tanto, se trata de un camino sin fin, constituido por las muchas "moradas" del Reino de los Cielos.
-¿Porqué se contrapone a veces el hombre de las "prácticas litúrgicas" y el hombre "moral"? Porque el segundo no valora la oración ni la presencia física de Cristo en la Eucaristía, mientras que el primero tiende a banalizar ambas cosas, al menos cara al exterior. Y si el apóstol Santiago nos desafía a mostrarle la fe sin obras, en tanto que considera fácil probar la primera por las segundas, semejante argumentación en nada contradice a la afirmación de san Pablo de que las obras, por grandes que sean, "sin la caridad no son nada".
Ahora bien, las obras abandonadas a sí mismas no pueden transformarse en caridad; a lo sumo y como diría santa Catalina de Siena, podrían "predisponer" a Dios (nunca obligarlo) para que se digne otorgarnos su gracia (a no ser que vea en nosotros la actitud de "hybris" de quien pretende ser "santo sin Dios"-habría que añadir). Y eso no puede alcanzarse al margen de la oración (que nos sitúa en nuestro verdadero lugar) y de la frecuencia sacramental, que pone de manifiesto nuestra apertura a la acción de la gracia.

jueves, 16 de abril de 2009

DECISIONES


NO TOMES DECISIONES CUANDO ESTES ENOJADO -A-

EXCESIVAMENTE PREOCUPADO -A-...

HAS DE TOMAR DECISIONES DESDE EL DISCERNIMIENTO

SERENO Y CON PAZ INTERIOR,
CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU

SANTO -DESDE TU ORACION-.

martes, 14 de abril de 2009

PENSAMIENTO


SI AYUDAS A UNA SOLA PERSONA
A TENER ESPERANZA
NO HABRAS VIVIDO EN VANO

UNA WWW INTERESANTE


La ayuda al prójimo es la mejor receta contra la crisis económica. Así lo creen los responsables de la pequeña empresa madrileña Portobello Street, que a finales de marzo pusieron en marcha el portal www.yotesacodelacrisis.com. Frente al egoísmo y la avaricia, elementos causantes de muchos de los problemas actuales, esta iniciativa apuesta por la generosidad y la solidaridad.

lunes, 13 de abril de 2009

¿HAY PRUEBAS DE LA RESURRECCION?


Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir. Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma. La resurrección de Cristo es el dogma fundamental del cristianismo. La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una duración de "tres días y tres noches". Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un modismo equivalente a "al tercer día"».Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección. Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la prueba más convincente, que era Dios. Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron».San Agustín dio a esto una respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?». Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real». Por eso no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «Resucitó Cristo, mi esperanza». La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad. Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles.Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para comprender lo que ha pasado. De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo. Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo. Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica.La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos:«Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día»(394). Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos». San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente». Cristo estaba muerto en la cruz. Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón.La cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San Juan que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de sangre líquida. Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo. La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: la tumba vacía seguirá siendo un acontecimiento histórico . Los Apóstoles no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en el sepulcro. Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo:a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado».b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí».c) San Lucas : «No está aquí, sino que ha resucitado».d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio y creyó» que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su cabeza. Según los especialistas la palabra «ozonia» usada por San Juan debe traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas.El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó. El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña. Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se sabe que es mentira. Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era : Jesús murió y resucitó; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día. Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir». La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos. Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no viceversa. La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...) Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo .Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles que comieron con Él y le palparon con sus propias manos. Los fantasmas no comen ni se dejan palpar. Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo Tomás. Decía Cristo : «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo».San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos». En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta, en los años 55-56 de nuestra Era. El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición». Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo.Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un cuerpo material .En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice:Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección. Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y costumbre en el Imperio por testimonio de Tertuliano (siglo III).

martes, 7 de abril de 2009

NADA ES IMPOSIBLE PARA TI

video

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lunes, 6 de abril de 2009

CONVERSIONES DE AHORA MISMO


ANTONIO MONTERO MORENO, Arzobispo Emérito de Mérida - Badajoz

Las primeras palabras pronunciadas por Jesús de Nazaret, al inicio de su predicación en los pueblos ribereños del mar de Galilea, fueron éstas: Convertíos y creed en el Evangelio (Mc. 1, 15). Toda conversión presupone una perversión y ambas hincan sus raíces en la libertad del hombre, incluso para ofender a quien se la dio; el cual le demuestra nuevamente su grandeza perdonándolo hasta setenta veces siete.
Los hijos de Adán arrastramos una inclinación dual hacia lo bueno y lo malo, hacia el error y la verdad. Pablo de Tarso, el converso universal, la refleja en estos términos: No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero (Rm 7, 19). O, dicho líricamente con Tagore, «el hombre que soy saluda llorando a aquel que quisiera ser». Sólo en la encarnación redentora de Cristo, reafirmada por los dos Testamentos de la Biblia, se encuentra una salida idónea de ese laberinto, acorde con la grandeza del Dios misericordioso y con la indigencia radical del ser humano.
La conversión es una llamada de Dios y una búsqueda del hombre, conscientemente o a ciegas. Ambos se abrazan a medio camino, como el padre y el hijo de la parábola. Supone siempre un giro copernicano desde la increencia a la fe intrépida, desde la conducta licenciosa a la ejemplaridad moral, desde la mediocridad conformista al entusiasmo religioso. Constituye también un factor permanente de la antropología cristiana, tal y como la describe Monseñor Delicado Baeza en su precioso libro Metanoia, dinamismo de la conversión cristiana. (Ed. Paulinas, 2007).
La conversión puede sobrevenir, como a San Pablo en su caída fulminante del caballo, o prolongarse, a ritmo lento, en una búsqueda de años, como en el otro gran converso, San Agustín. E incluso producirse «in articulo mortis», como lo ocurrido, según se cree, en dos casos cercanos a nosotros: los de Manuel Azaña y José Ortega y Gasset, según el testimonio respectivo de quienes los acompañaron en ese trance, el Obispo de Montauban, Pierre Marie Theas, y el agustino padre Félix García, por cierto colaborador asiduo de esta Tercera.
He ojeado en las fechas cuaresmales el séptimo y último volumen de la obra monumental El camino de Damasco (Edibesa, 2009), una asombrosa pasarela de convertidos del mundo bíblico y de la historia cristiana, desde el Rey David hasta el escritor musulmán Magdi Allam, bautizado por Benedicto XVI en la Vigilia pascual del año pasado.
Edith Stein, importante filósofa alemana y judía en la época nazi, convertida después al catolicismo y carmelita descalza, Sor Teresa Benedicta, murió en la cámara de gas del holocausto de Auschwichtz en 1942, y fue canonizada por Juan Pablo II en 1998. Ella abre filas en el volumen final de la colección, con 75 conversos nacidos en el siglo XX, algunos de los cuales han vivido ese acontecimiento en la primera década del XXI. Escojo, entre estos últimos, cuatro nombres representativos y recentísimos, que paso a presentar.
Empezamos con Tony Blair por su notoridad y relevancia, diez años primer ministro de Gran Bretaña (1997-2007) y personalidad de rango internacional. Anglicano de bautismo y pertenencia, ingresó en la Iglesia católica meses después de su cese en el Gobierno, el 21 de diciembre de 2007 ante el Cardenal Murphy O'Connor, Arzobispo de Westminster, Primado católico de Inglaterra. Quien lo era de la Anglicana, el Arzobispo Rowan Williams, en un gran gesto ecuménico ofreció a Blair sus oraciones en «este paso de su andadura cristiana».
Las inquietudes religiosas de Blair arrancan de sus estudios de Derecho en Oxford y, sobre todo, de su matrimonio con la letrada católica Cherie Booth, que le dio cuatro hijos, bautizados y educados en parroquias y colegios católicos. Aunque es muy parco en hablar de sí mismo, se sabe que Tony Blair ha sido siempre un hombre de profundas creencias «que adora diariamente a su Creador».
Sobresale también por su notoriedad internacional el caso de Magdi Allam, egipcio y musulmán de 57 años, asentado en Italia desde hace 35. Casado y con dos hijos, sociólogo, escritor y periodista de renombre, subdirector, los últimos años, del famoso diario italiano Il Corriere della Sera; fue bautizado, como dije antes, por Benedicto XVI en la Vigilia pascual de 2008.
La singularidad de su aventura se debe al hecho de pasar públicamente, con un gran arrojo moral, desde el islamismo al catolicismo, con amenazas de muerte e incluso necesitad de escolta. Magdi Cristiano Allam, su nuevo nombre de bautizado, describe este singular camino interior en su libro Creo en Jesús, Transcribo estos dos párrafos suyos en carta pública al director de su periódico:
«Mi conversión al catolicismo es el punto de llegada de una gradual y profunda reflexión interior… La Providencia ha ido poniendo en mi camino a personas católicas practicantes de buena voluntad que, en virtud de su testimonio y de su amistad, se convirtieron poco a poco para mí en punto de referencia, en el plano de las certezas de la verdad y de la solidez de los valores».
Corre el turno Valentí Puig, mallorquín de 60 años, escritor de raza y múltiples registros en catalán y castellano, columnista de este diario. Autor consagrado y galardonado de una treintena de libros, que en el último, La fe de nuestros padres (Península 2007), da testimonio público de su itinerario espiritual.
Puig recuerda y agradece su educación cristiana de familia y de colegio, más amor en la primera y rigor en el segundo. Oigámosle a él: «En la adolescencia me alejé de la Iglesia por un acto de pura rebeldía. Puse en duda la Iglesia y la fe y, de repente, decidí que Dios no existía». Su vida de estudioso y escritor siguió su curso, dejando a Dios entre paréntesis, en un proceso personal, como se ha dicho, entre el raciocinio y la nostalgia.
Valentí Puig describe con gran belleza su camino de retorno a Dios, a la fe y a la Iglesia de sus padres, acelerado por el conocimiento de la doctrina y ejemplo de los dos últimos Papas, cuyo amor a la verdad le tocó en lo más hondo de sí mismo. Su vuelta a la casa paterna, con humildad intelectual, tiene para él el valor de unas pepitas de oro, que han potenciado su alegría de vivir. Destaca en él la gallardía moral de remar contracorriente de un agnosticismo asfixiante, y la aceptación gozosa de la Iglesia real, con sus luces y sombras, como hogar a la medida de nuestra pobreza humana.
Y cierra el ciclo una mujer catalana, Mercedes Aro, senadora por Barcelona, la más votada de España, con 1.602.295 votos, que abandonó sus cargos públicos en el año 2007, por no poder compartir en conciencia las posiciones de su partido sobre el matrimonio homosexual, la vida humana y la familia; al tiempo que anunciaba su plena integración en la Iglesia católica. En treinta años de compromiso político, Mercedes Aroz asumió primero en su integridad el marxismo materialista de la Liga Comunista Revolucionaria; fue cofundadora en 1978 del PSC y parlamentaria veinte años.
Confiesa que su acercamiento a la fe se ha gestado en un proceso de varios años, movida también por el ejemplo de algunos familiares. «He querido —dice— hacer pública mi conversión, para subrayar la convicción de que la Iglesia católica tiene mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia. A través de la fe cristiana se alcanza a comprender plenamente la propia identidad como ser humano y el sentido de la vida».

viernes, 3 de abril de 2009



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http://www.yosicreoendios.com/

YO ABORTE



Tengo 31 años y hace cinco aborté. Sabía lo que hacía. No soy creyente. He conseguido rehacer mi vida, soy abogada y tengo un trabajo normal. No me he casado aún. Se está armando un enorme revuelo con el tema del aborto y creo que se enfoca mal el asunto: yo he conseguido rehacer mi vida, pero no me olvido de que suprimí voluntariamente la vida a un ser, no sé si era niño o niña, distinto a mí. Me he preguntado muchas veces por qué lo hice. Sólo se me ocurre que lo hice porque no había recibido una adecuada educación humana, ni en valores, ni sexual. Me he dado cuenta de que no tengo derecho a suprimir la vida de otro ser humano, que el amor de una mujer y un hombre debe ser para siempre, porque, si no es para siempre, no hay amor, sino placer egoísta. Y he llegado a la conclusión de que las relaciones sexuales hay que limitarlas responsablemente dentro del contrato matrimonial. Si se hacen las cosas de otra manera, el resultado lo he vivido yo misma: maté a un ser humano y no le deseo a nadie que pase por lo que yo pasé.

Victoria Gómez Ceñal Sevilla

miércoles, 1 de abril de 2009

ORACION POR LA PAZ Y LA JUSTICIA


Señor, tú dijiste que cuantos trabajan por la paz serían llamados hijos e hijas de Dios;
Concédenos entregarnos sin descanso a instaurar en el mundo la única justicia que puede garantizar a los hombres y mujeres la verdadera paz.

Señor, que con tu amor paternal gobiernas el mundo, te rogamos que todos los hombres a quienes diste un idéntico origen, constituyan una sola familia en la paz y vivan siempre unidos por el amor fraterno.

Señor, creador del mundo, bajo cuyo gobierno se desarrolla la marcha de la historia; atiende nuestras súplicas y concede la paz a nuestros tiempos difíciles.

Señor de la Paz, tú eres la misma justicia: por eso el hombre violento no te comprende ni el corazón cruel te acepta; haz que los buenos perseveren en el bien y los que están enfrentados recuperen la paz con el olvido del odio…Amén

LA ALEGRIA CRISTIANA Y EL HUMOR















(Contemplación para alcanzar humor)[1]

Trabajo de Julio Colomer –Sacerdote Jesuita-
Del Centro Pignatelli –Zaragoza-


- El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define al “humorismo”, como: “manera de enjuiciar, afrontar y comentar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón y, aunque sea en apariencia, ligero. Linda a vececon la comicidad, la mordacidad y la ironía, sin que se confunda con ellas, y puede manifestarse en la conversación, en la literatura y en todas las formas de comunicación y de expresión”.

Define al “humor” como “jovialidad, agudeza”. Y al “buen humor”: “propensión más o menos duradera a mostrarse alegre y complaciente”.

Como siempre, las definiciones académicas se quedan cortas frente a la realidad vital que intentan delimitar conceptualmente. Pero apuntan en una dirección que vamos a desentrañar.
I. Elementos del humor

- El “humor" es, aunque parezca paradójico, algo muy serio. Dicen los tratadistas del humor que tiene cuatro ingredientes fundamentales, inseparables:

1. Lucidez o libertad crítica.
2. Aceptación.
3. Ternura.
4. Una pizca de locura.

Expliquemos brevemente cada uno de estos rasgos.

1. Lucidez (o libertad crítica)

El humorista es como un funámbulo que está en la cuerda floja. Porque el humor es un equilibrio entre dos cosas: entre la ingenuidad y la amargura.

El humorista no es un ingenuo, sino que es un hombre lúcido y, por tanto, con libertad crítica. Se distingue, pues, de los pánfilos.

Los pánfilos -como su nombre etimológicamente indica (pan y fileo)- son los que aman todo; aquellos a los que todo les parece bien, los que están contentos con todo, los ingenuos, los inevitablemente optimistas. Pero, como dice Marcial (que era un “maño” de Calatayud), agudamente: “Para el que nada es malo, nada puede ser bueno de verdad”.

Es decir, el pánfilo es tan pánfilo, al pánfilo todo le parece tan bien, que efectivamente le falta sentido crítico. Responde a lo que decimos caseramente en nuestros refranes: "sólo los tontos son felices". El pánfilo es feliz o porque le falta información o porque no se entera.

El humorista no es pánfilo, sino un hombre lúcido, que conoce muy bien sus limitaciones propias y las de los demás.

2. Aceptación

Decíamos que el humor es un equilibrio entre la ingenuidad y la amargura; que el humorista es un funámbulo. Tiene que evitar caer, por un lado, en lo pánfilo; pero, por otro lado, ha de evitar caer en el abismo de la amargura, que es el peligro que tienen todos los lúcidos. Pues éstos ven tanto y con tanta profundidad y se quedan, por ello, tan insatisfechos de sí mismos, del mundo, de la vida, que entonces se sumergen en la amargura.

Amargura que se manifiesta de dos maneras:
-o por el sarcasmo;
-o por la ironía.

a) Sarcástico es el amargo violento; el hombre que está tan insatisfecho de la realidad que todavía la empeora más para distanciarse de ella y poderle dar latigazos.

El gran sarcástico de nuestra literatura es D. Francisco de Quevedo. Quevedo es un hombre tan insatisfecho de las cosas que todavía las empeora, hace todo lo posible e imposible, caricaturizándola, para poder fustigar esa realidad que él no quiere.

b) La otra forma de manifestarse la amargura es la ironía constante. El perpetuamente irónico es el amargo no violento. Es el que reacciona en vez de con violencia con tristeza. Decía Benavente: "La ironía es una tristeza que no quiere llorar y sonríe".

El irónico cambia el látigo por los doscientos dardos o alfilerazos que van expresando su descontento, su insatisfacción. En el fondo, su ironía es una expresión de tristeza.

Y ¿qué es el humorista? Es una síntesis difícil de conseguir. Es una síntesis de lucidez y aceptación.

Esa aceptación es la que le falta al sarcástico y al irónico. El hombre con humor tiene esa aceptación de sí mismo y de los demás, de la realidad tal como es, a pesar de las limitaciones propias y ajenas.

3. Ternura

Pero es una aceptación con ternura. Humor es la capacidad de saberse reír de una cosa y, sin embargo, seguir amándola.

El humorista se acepta como es, acepta la propia limitación; y, aunque no está satisfecho de sí mismo, no se desprecia, sino que se ríe de sí mismo y se ama con ternura. El humorista acepta con ternura al mundo y a los demás hombres; los acepta sinceramente, aunque no está satisfecho de ellos, porque conoce sus limitaciones. Pero, a pesar de eso, los acepta, y no escépticamente, sino tiernamente.

Si se ríe, el humorista siempre lo hace con ternura. Porque es lúcido y ve los fallos y limitaciones, el humorista se ríe de sí mismo, de los demás, del mundo, pero continúa amándolos tiernamente. Nunca cae en la amargura.

Como suele decirse, la mejor descripción del humorista es ésta: el humorista es aquel que dice "¡qué barbaridad!, me he dado cuenta de que soy un piojo", para añadir inmediatamente, "pero un piojo muy majo". Se trata de aceptar lo que soy, pero aceptarlo sin tristeza, sin amargura.

El humorista es, pues, pobre, con esa pobreza radical que significa aceptar la propia limitación. Y cuando uno se ha aceptado a sí mismo, entonces, y sólo entonces, está en disposición de aceptar a los demás con ternura. Elemento insustituible del humor es la ternura.
Pero el verdadero humorista no sólo es pobre -que se acepta con sus limitaciones-, sino que también es misericordioso. Tiene ternura. Siente ternura hacia los demás y los acepta: “!Son pobres hombres como yo!”.

4. Una pizca de locura

No hay nada más opuesto a un humorista que un "señor razonable". De esos que se toman la vida absolutamente en serio y cuyo lema es: "de mí no se ríe nadie".

Los hombres y mujeres que sólo tienen razón -y no sentimiento, ni ternura- sólo se mueven por objetivos calculados, por esquemas lógicos y con acciones planificadas. Son tan ordenados que parecen geométricos; tan esquematizados que parecen autómatas.

Frente al exceso de razón, el humorista apuesta por el sentimiento y la ternura. Y así un gran humorista, Charles Chaplin, se lamentaba de que en nuestra sociedad moderna, tan "razonable": “pensamos demasiado, pero no sentimos bastante”.

Y frente al exceso de planificación lógica -tan monocorde en nuestra sociedad tecnocrática-, el humorista nos dice que tenemos que ser lunáticos. Lunáticos significa: ser locos a intervalos, o sea, no siempre, pero, por lo menos a intervalos, por fases, como la luna. Hay que ser lunáticos; es decir, aportar una brizna de locura a la excesiva racionalidad en la que estamos encorsetados y con la que nos movemos cada día.

Todo esto está muy bien sintetizado en el título de la obra de un gran humorista español, Miguel Mihura: “Sólo el amor y la luna traen fortuna”. Sólo el amor -la ternura- y un poco la luna (lunáticos) -una pizca de locura- traen fortuna, sirven para algo.

Esto significa que todo hombre y mujer tienen derecho a ponerse de puntillas y soñar, a ilusionarse por algo. Todo hombre y mujer, más allá de un comportamiento prosaicamente razonable, tienen derecho a un margen de sueños en su vida, de ilusiones y de esperanzas.

En la obra de ese gran humorista español, aparece un médico, el doctor Palacios, que está a punto de descubrir una píldora, con la cual, si la toman, los hombres ya no necesitarán dormir. Está satisfecho el doctor con su invento y dice: "este invento mío va a revolucionar la humanidad, ya que va a duplicar la capacidad de trabajo. Si ya no necesitamos dormir, los hombres trabajaremos día y noche". Y el protagonista de la obra se horroriza ante esta afirmación y quiere impedir que el doctor siga adelante con su invento. Por ello, le dice como supremo argumento: "Pero ¡si hasta los perros necesitan dormir para soñar con su hueso!". Y el doctor Palacios -que es el prototipo del hombre razón- le contesta: "Con mi invento habrá huesos para todos y en abundancia". Y le replica el protagonista: "Pero esos huesos son reales, y lo que el perro necesita son huesos fantásticos, de esos que no existen y se pierden en los sueños".

Así es. El humor nos dice que necesitamos soñar, ponernos de puntillas y tener ilusiones y esperanzas. Necesitamos una pizca de locura.

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Estos son los cuatro rasgos del auténtico humor: lucidez, aceptación, ternura y una pizca de locura. El que los tenga no será ni optimista ingenuo (pánfilo, "tonto feliz") ni pesimista recalcitrante ("tonto desgraciado"), sino un humorista esperanzado.

II. El don de saberse reír

Pero estos cuatro rasgos son profundamente cristianos. Por eso tendríamos que pedirlos para alcanzar humor y vivir nuestra vida con humor, con un corazón de carne gozoso y jovial.

¨ Tendríamos que pedirle al Señor que nos dé la libertad y la lucidez que aporta el Espíritu Santo a los hijos de Dios (esa lucidez que veíamos tan necesaria cuando hablábamos del discernimiento cristiano). Esa lucidez o libertad crítica -primer rasgo del humor- que nos permita discernir, distanciarnos críticamente para apreciar nuestros fallos y limitaciones; también las de los demás.

¨ Pero, junto a esa libertad de discernimiento, tendríamos que pedirle aceptación. Dios Padre nos ha aceptado en Cristo tal como somos, con nuestras grietas; y ha aceptado, también en Cristo, a los demás hombres, con sus taras. Esto tendría que darnos confianza y valor para aceptarnos a nosotros mismos y a los demás. Porque Dios nos ha aceptado a nosotros y los ha aceptado a ellos.

¨ Y también tendríamos que pedirle que esa aceptación fuera con ternura. Tal como Él nos acepta a nosotros y a los demás. "Dios es ternura"; así ha retraducido un teólogo la famosa definición que San Juan da de Dios: Dios es amor. El es "un padre que siente ternura por sus hijos"(Sal 103). Que el Señor, que es ternura que nos acoge y abraza, nos dé un reflejo de ella, para que, con ella, nos aceptemos a nosotros y aceptemos a los demás.

¨ Y, por fin, tendríamos que pedirle una pizca de locura. Que Él "estire" de nosotros, con su amor, y nos empine y nos ponga -como dice San Pablo- "a la altura de nuestra vocación, de nuestro llamamiento". Y así, de puntillas, soñaremos como Jesús –el lúcido realista, pero esperanzado, porque se apoyaba en la inagotable bondad del Padre (como vimos)- y así, tendremos la misma pizca de locura de Jesús: la de apostar por un mundo que, aunque no lo parezca razonablemente, está llamado por el Padre a convertirse en una comunidad de hermanos
[2].

Si tuviéramos estos cuatro rasgos, tendríamos un sano humor cristiano y habríamos alcanzado el don de saberse reír:

1. De uno mismo, con ternura.

Siempre con ternura, porque, si nos despreciamos, ya no hay lugar para la alegría y el humor cristianos.

¡Cuántas crispaciones evitaríamos si ejerciéramos el don de sabernos reír de nosotros mismos! ¡Si nos aceptáramos, a pesar de nuestras insatisfacciones! ¡Si no nos tomáramos tan en serio en lo que somos, en lo que hacemos o dejamos de hacer!

Esta aceptación de uno mismo y de sus propios límites es, en realidad, humildad. Es, como decía Santa Teresa, "andar en verdad". No hay cosa más alegre ni más difícil que aceptarse a sí mismo. Karl Rahner decía: cuando un hombre es capaz de aceptarse a sí mismo está aceptando a Cristo, que asumió hasta el fondo y totalmente la naturaleza humana Y si no nos aceptamos a nosotros mismos, no aceptaremos a los demás
[3].
2. De los demás, con ternura.

Si no hubiera ternura, sería sarcasmo o ironía, pero no humor, alegría cristiana. Ese saberse reír de los demás es fruto de la lúcida libertad que nos da el Espíritu. Es saber discernir y no vivir esclavizados por la imagen que nos hemos trazado de los otros; ni angustiados por la imagen que los otros se forman de nosotros: cómo me interpretarán, cómo me están juzgando...

Sí, riámonos un poco de los otros... libremente: como de un hermano, al que -más allá de la broma y de la risa- se le quiere con un cariño entrañable. Reírse de los demás es fraternidad. Es reconocer que -como hermanos- hay más cosas que nos unen que nos diferencien, pues somos hijos del mismo Padre...y de tal palo tal astilla. Somos astillas fraternales de Dios.

3. De Dios, con ternura.

Porque Dios tiene un gran sentido del humor. Posee, en plenitud, los cuatro rasgos del humor: a) Él es la lucidez y libertad suprema; b) Él es el que sabe aceptar al hombre en su Hijo Jesús; c) Él es ternura; y d) Él tiene una pizca de locura. (Nuestro Dios debe estar un poco loco para habernos amado como nos ha amado y ama: ¡nos ha entregado a su Hijo!)

Nuestro Dios tiene gracia (Esto lo refleja el famoso chiste: "¿Por qué se ríen los ángeles? Por la gracia de Dios"). Es un Dios jovial -Él es el Dios de mi alegría, como dice el Salmo-. Él es una fiesta. Y se ríe con ternura de nosotros y nos juega sus malas pasadas. A lo largo de la vida, nos sorprende humorísticamente: porque sopla donde quiere... y sus caminos no son nuestros caminos.

Ese saberse reír con Dios y de Dios -de su hacer en nuestras vidas- no es otra cosa que vivir en familiaridad con Él y en la relación de hijos; es filiación.

Sepamos reírnos de nuestro Dios con libertad de hijos, diciéndole que ya le vamos descubriendo sus trucos y su juego, y que casi ya podemos adivinar lo que va a hacer con nosotros mañana o pasado mañana, porque vamos conociendo su estilo. Aunque, cuando se lo adivinemos del todo, ya estaremos con Él para siempre.

III. La alegría de la salvación

En fin, ese es el humor que debemos alcanzar.

Decía Nietzsche: "Para que yo crea que Cristo es el Salvador, haría falta que los que le siguen tengan un poco más cara de salvados". Sí, es verdad; a veces, los cristianos ponemos muy poco cara de salvados.

Dejemos transparentar y traslucir nuestro gozo, nuestro humor, arraigado y fundado en haber sido creados por un Padre, que porque nos amó nos creó (y no al revés) y en el que podemos esperar, porque primero él ha esperado en el ser humano
[4]. Y sabiendo que hacemos camino con Cristo, nuestro hermano mayor, que nunca nos deja solos, porque ha derramado su Espíritu consolador en nuestros corazones y los hace arder.

(La oración colecta del viernes de la IV semana de Cuaresma dice: "Señor, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla a los hombres con nuestra propia vida". Es un buen lema para nuestras vidas)

No tenemos derecho a estar tristes. Nuestras vidas deberían hacer caso al Salmo 125: "Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar. La boca se nos llenaba de risas y la lengua de cantares... El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres". Él cambió nuestra suerte cuando nos llamó a ser sus discípulos para compartir sus sueños; por eso, ha estado grande con nosotros. ¿No debería nuestra boca llenarse de risas y nuestra lengua de cantares?

Pidamos humor en nuestras vidas, como hacía Santo Tomás Moro, que recitaba una oración honda y divertida pidiendo a Dios el sentido del humor. Una oración que empezaba con una humorada: "Señor, dame una buena digestión y algo también que digerir"- en concreto, él pedía pan y mantequilla-; y continuaba pidiendo: "Concédeme la gracia de saber entender un chiste y saber volverlo a contar para que se alegren los demás"; y pasaba a insistir después: “Dame una manera de ser que ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros… Que siempre, Señor, haya en mis labios una canción, una poesía o una historia para distraerme y distraer”.

¡Ojalá, se pueda decir de nosotros lo que se decía de Felipe, el apóstol. Los Hechos afirman que, cuando él pasaba, "la ciudad se llenaba de alegría" (Hechos 8, 1-8; 8, 26-40)!

[1] Un compañero mío decía que habría que rematar los Ejercicios no sólo con la "Contemplación para alcanzar amor", sino con la "Contemplación para alcanzar humor". Tenía razón. Y, además, en el fondo, las dos Contemplaciones están enlazadas. Porque el humor -el humor cristiano- se basa en el amor. El amor que Dios nos tiene -por el que nos acepta tiernamente- es el fundamento de nuestro humor. Con el que tendríamos que ir por la vida, como una actitud fundamental cristiana.

[2] El filósofo Ernst Bloch decía que la sociedad de nuestro tiempo necesitaba soñadores que tuvieran "sueños diurnos" (sueños con los ojos abiertos), que, a modo de utopías motoras, animantes, nos pusieran de puntillas y en marcha hacia la esperanza; así eran los “sueños” de Jesús. Soñó en una comunidad de hermanos, querida por el Padre, solidaria, generosa, justa y servicial. Lo cual sólo era posible si estaba sólidamente cimentada en la filiación y en la fraternidad: esas dos palabras por las que Él peleó y entregó su vida.
Decía Calderón: “¡Y los sueños, sueños son!”. Pero no todos los sueños son sueños que se disipan al abrir los ojos. No ocurre así con los sueños diurnos que están arraigados en la “utopía” de Jesús. Porque el Padre dijo sí a su pretensión, a ese futuro del Reino de Dios ya en marcha, que el inauguró. Vale, por lo tanto, la pena soñar como El soñó. Vale la pena vivir para esa esperanza utópica, animante, y que está fundamentada en la Resurrección de Jesús, que fue el sí de Dios a su vida, mensaje, valores por los que peleó y garantía de esperanza “contra toda esperanza”.

Proclamemos, pues, nuestros sueños, como testimonio, aguijoneante, crítico, pero servicial. Que el Señor nos haga capaces de soñar –para eso nos ha llamado para soñar a favor de nuestros hermanos, hombres y mujeres -como nos dice la Biblia que hacía José, el de Egipto.

No testimoniamos en el mundo nuestros “sueños diurnos” para fastidiar, sino por amor. Estos sueños serán un aguijón crítico, pero también un servicio. No perdamos esa ensoñación; aunque esos "sueños diurnos", vividos con coherencia, nos traigan riesgos y dificultades. También le sobrevinieron a Jesús ... y al mismo José. Y aunque, como a José, algunos de nuestros hermanos, los hombres, nos metan en aljibes y nos exporten en caravanas ismaelitas hacia Egipto, pidamos fuerza al Señor para que, entonces, sepamos cargar con la cruz y, con ella al hombro, prosigamos, con audacia, soñando nuestros "sueños diurnos" y siendo en nuestras propias vidas, fieles a ellos.

[3] No es lo mismo rendición que aceptación. Un corazón, que, como el nuestro, ha sido tantas veces perdonado se dirá: “No me rindo; pero sí me acepto”. Y esto conlleva el asumir que hay en nosotros y siempre lo habrá trigo y cizaña (Mt 13,24-40) (pues nadie nos ha prometido que ésta última desaparecerá). Esta convivencia del trigo y la cizaña es molesta para la imagen narcisista que nos trazamos de nosotros mismos; pero es beneficiosa para vivir en profundidad el que en nuestra debilidad está la fuerza del Dios misericordioso al que estamos siempre referidos. Hay que aceptar que la cizaña forma parte de nuestro equipaje de camino por la vida; con ella hay que contar y convivir; y pacientemente no dejarla crecer, aun sabiendo que no la podremos segar del todo. Esta aceptación esponjada hará que cuando tantas veces nosotros mismos no nos entendamos a nosotros mismos, -pues, continuamente, como decía San Pablo, hacemos lo que no queremos; y queremos, pero no podemos-, dejemos en manos del Dios fiel y misericordioso –que sondea los corazones.-, nuestra propia oscuridad e impotencia, sabiendo que, como dice San Juan: Dios es más grande que nuestra conciencia.

[4] Charles Peguy, el poeta cristiano francés, llamaba a la esperanza la “hermana pequeña de las otras dos virtudes: la fe y la caridad”, porque parece frágil, pero es, en realidad, la que hace andar a las otras dos, la que las arrastra, y la que arrastra y hace andar al mundo entero. La “pequeña esperanza” es también la que tiene que hacernos andar y arrastrarnos en nuestra vida cristiana.