miércoles, 14 de agosto de 2013

LA ROSA






Una rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna iba a posarse en sus pétalos. La flor, sin embargo, seguía soñando: durante sus largas noches, imaginaba un cielo donde volaban muchas abejas que se acercaban cariñosamente a besarla. Así aguantaba hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del Sol.

Una noche, la Luna, sabiendo de su soledad, le preguntó a la rosa:
-      ¿No estás cansada de esperar?
-      Tal vez. Pero hay que seguir luchando
-      ¿Por qué?
-      Porque si no me abro me marchito.

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En los momentos en que la soledad parece aplastar toda la belleza, la única forma de resistir es continuar abiertos.