lunes, 1 de diciembre de 2008

TRES PLENITUDES


Existen tres plenitudes: la plenitud del vaso, que retiene y no da. La del canal, que da y no retiene. La de la fuente, que crea, retiene y da.

Existen personas-vaso. Son personas que almacenan virtudes o ciencia, que lo leen todo, coleccionan títulos, saben cuanto puede saberse, pero creen terminada su tarea cuando han concluido con el almacenamiento: ni reparten sabiduría ni alegría. Tienen, pero no comparten. Retienen, pero no dan. Son magníficos, pero magníficamente estériles.. . Son simples servidores de su egoísmo.

Hay personas-canal. Son aquellos que se desgastan en buenas palabras, que se pasan la vida haciendo y haciendo cosas, que no digieren lo que saben. Cuando les entra de importante por los oídos se les va por la boca sin dejar poso. Padecen la neurosis de la acción. Tienen que hacer muchas cosas y todo deprisa. Creen estar sirviendo a los demás. Pero su servicio, a veces, no es otra cosa que un modo de dar salida a sus compulsiones. Hombres canal son muchos periodistas, muchas de las personas de las que abundan en las revistas del corazón. Parece que dan mucho y después de dar se sienten vacías.

Hay personas fuente. Personas que dan aquello que han hecho sustancia de su alma. Que reparten calor como las llamas, encendiendo la del vecino sin disminuir la propia. Porque recrean todo lo que viven y reparten cuanto han recreado. Dan sin vaciarse. Riegan sin decrecer. Reparten su agua sin quedarse secos.

viernes, 28 de noviembre de 2008

COMO YO


Mi hijo hace poco llegó a este mundo, de manera normal. Más yo tenía que trabajar. Tenía tantos compromisos...

Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba.

Mi hijo a medida que crecía, me decía: Papi, algún día seré como tu. ¿Cuándo regresas a casa papi?. No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos... ya lo verás..."

Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días y me dijo: "gracias por la pelota, papá, ¿quieres jugar conmigo?. Hoy no hijo; tengo mucho que hacer".

Está bien papá, otro día será". Se fue sonriendo y en sus labios siempre las mismas palabras:"Yo quiero ser como tú". ¿Cuándo regresarás a casa, papá?. No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos... ya lo verás".

Mi hijo regresó de la universidad el otro día, hecho todo un hombre.

"Hijito, estoy muy orgulloso de ti. Siéntate y hablaremos un podo de ti". "Hoy no papá, tengo compromisos... préstame el coche para ir a visitar a unos amigos".

Ya me he jubilado y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé: "Hola hijo, quiero verte". "Me encantaría papá, pero es que no tengo tiempo... tú sabes, el trabajo, los niños... pero gracias por llamar... fue estupendo escuchar tu voz"...

Al colgar el teléfono me di cuanta de que mi hijo había cumplido su deseo..., era exactamente como yo.

jueves, 27 de noviembre de 2008

NARCISO


Es sorprendente la vigencia que un antiguo mito griego, el de Narciso, ha cobrado en la actualidad. La personalidad narcisista, descrita por los siquiatras Han Kohut y Otto Kernberg, llegó a convertirse en uno de los tipos primordiales de paciente, a partir de los ’60. En los ’70, el profesor Christopher Lasch publicó su ensayo “La cultura del narcisismo”, que ya ha llegado a convertirse en un clásico.
En la mitología griega, Narciso es un adolescente de hermosura deslumbrante. Su belleza es tan superlativa como su indiferencia por los demás. No se conmueve por los dramas que produce el amor que despierta en hombres y mujeres. Un día llega hasta una fuente clara. Se acerca a tomar agua y entonces se encuentra con su propio reflejo. Por primera vez se enamora, se siente cautivado por el muchacho que lo mira desde el otro lado del agua. Pero cuando trata de tocarlo, la imagen se deshace. Sin poder poseer el objeto de su pasión, se queda contemplándolo, y allí se consume y muere. En ese mismo lugar crece una flor, el narciso.
Narciso ni siquiera se enamora de sí mismo, sino sólo de su imagen. La sociedad contemporánea puede definirse con propiedad como narcisista: vive en el éxtasis de la imagen. La televisión, las grandes fotos y carteles publicitarios que saturan la ciudad son los espejos del Narciso de hoy. Ahí nos miramos, con la ilusión de encontrar en los rostros y cuerpos de los modelos de belleza, un reflejo de la apariencia que nos gustaría tener.
Los pobres Narcisos de hoy día, vivimos en la contemplación de los astros y las estrellas de la tele, y ellos, a su vez viven viéndose mirados por nosotros. Aspiramos a vivir contemplados por otros, ojala por muchos otros que nos acompañen en nuestra auto-contemplación narcisista.
La sociedad narcisista es ésta, que le da cada vez mayor importancia a los rasgos narcisistas y los promueve y exalta, porque su combustible son el individualismo extremo, competitivo, despiadado, y la hiperinflación de los egos codiciosos, que exigen gratificaciones tan inmediatas como desechables y viven en un estado de deseo exacerbado, voraz y siempre insatisfecho.
El narcisista es el consumidor ideal. Sus antojos son ilimitados y satisfacerlos es una especie de permanente homenaje que le rinde a su propio ego. También es el ciudadano políticamente más funcional al sistema, puesto que busca la felicidad sólo en las gratificaciones al Yo. Jamás se va a asociar con otros para un proyecto colectivo. Vive en el aislamiento del individualismo más solitario. Sus relaciones con los demás son funcionales o superficiales. Nunca se enamora de otro o de otra. Vive enamorado de sí mismo y lo que busca en la pareja es alguien que adhiera a ese amor por él. Como lo indica Larsch, el narcisista “vive en un estado de deseo agotador y eternamente insatisfecho”. Habita sólo en el presente buscando la satisfacción de sus deseos compulsivos. No se interesa ni en el futuro ni en el pasado. Le cuesta “crearse un depósito interior de recuerdos amables”. Por extensión, la sociedad narcisista vive sin proyecto futuro. No se ocupa, por ejemplo, del apocalipsis ecológico, porque supuestamente eso afectará a las generaciones que vienen, a otros, que no le importan para nada. También devalúa el pasado. Vive en una actitud risueña y superficial, construye un mundo sin espesor, que produce un empobrecimiento psíquico y cultural.
El drama es que habitamos un mundo modelado por Narciso, vivimos en un presente sin arraigo ni proyecto, confundiendo la felicidad con la satisfacción de apetitos primarios y pasajeros, en la brillante superficie de un espejo que tiene un reverso oscuro de soledad y depresión.
El narcisismo es proveedor de una pseudo felicidad. La felicidad se consigue centrándose en LOS OTROS por amor al OTRO –El Creador-.
Y sabiendo que todas las rosas tienen espinas. Que tenemos luces y sombras y hay momento de alegría, de tristeza, de bienestar y malestar….Y que eso es la vida…

TEMORES


Temía estar sólo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo.

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo intento.

Temía que la gente opinara sobre mí, hasta que me di cuenta de que de todos modos opinarán sobre mí, yo no lo podré evitar.

Temía que me rechazaran, hasta que comprendí que debía tener fe en mi mismo.

Temía al dolor, hasta que comprendí que este es necesario para crecer.

Temía a la verdad, hasta que comprendí la fealdad de las mentiras.

Temía a la muerte, hasta que comprendí que no es el final, sino que puede ser el comienzo de algo maravilloso.

Temí al odio, hasta que me di cuenta de que no es otra cosa nada más que ignorancia.

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo.

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba en sabiduría día a día.

Temía al pasado, hasta que comprendí que no podría herirme más si vivía el presente con suma intensidad.

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesita pasar por una metamorfosis antes de volar.

Haz que tu vida cada día tenga más vida. Procura no desfallecer. Y recuerda que al final siempre hay algo hermoso...

miércoles, 26 de noviembre de 2008

IDEALES


Los ideales son como las estrellas.
Nunca las alcanzamos.
Pero al igual que los marineros en alta mar
trazamos nuestro camino
siguiéndolos.

martes, 25 de noviembre de 2008

VALE LA PENA


La vida es maravillosa por ella misma. No importan las penas, no importa el desamor, porque todo pasa...todo pasa y el sol vuelve a brillar..

Hay momentos en que sentimos que todo va mal, que nuestra vida se hunde en un abismo tan profundo que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pasa la luz.

En esos momentos debemos desplegar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros mejores sentimientos, nuestra fortaleza interior, y luchar para salir adelante.

A veces nos preguntamos si vale la pena entusiasmarnos de nuevo. De nuevo hemos de hacer que nuestra vida valga la pena.

Vale la pena sufrir, porque de este modo en muchas ocasiones sirve para aprender a amar con todo el corazón tras haber aprendido muchas cosas sobre nosotros mismos.

Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y cada lágrima sinceras producen una catarsis y proporcionan una enseñanza vivida.

Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas será más fuerte el corazón.

Vale la pena una lágrima porque es el filtro de mis sentimientos. Por medio de ella me reconozco frágil y me muestro tal como soy.

Vale la pena cometer errores, porque me dan mayor experiencia y aprendo de ellos.

Vale la pena levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.

Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo.

Todo lo que yo, en el pasado, consideré como malo, es lo que ha permitido forjar lo que soy ahora, el día de hoy.

Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.

lunes, 24 de noviembre de 2008

DERECHOS Y DEBERES


Tienes derecho a enfadarte,
pero no debes pisotear la dignidad del otro.

Tienes derecho a sentir celos del triunfo de los demás,
pero no debes desearles mal.

Tienes derecho a caer
pero no debes quedarte tirado.

Tienes derecho a fracasar
Pero no debes sentirte derrotado.

Tienes derecho a equivocarte,
más no sientas lástima de ti mismo.

Tienes derecho a reprender a tus hijos
pero no debes romper sus ilusiones
ni rebajar su autoestima.

Tienes derecho a tener un mal día.
Pero no debes permitir que se convierta en costumbre.

Tienes derecho a ser feliz,
pero no debes olvidar ser agradecido.

Tienes derecho a pensar en el futuro
pero no debes olvidar el presente.

Tienes derecho a triunfar,
pero no debe ser a costa de otros.

No existen derechos sin deberes.


Cuando se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos,

a la vez se tendría que haber proclamado la

de las obligaciones humanas.


El mundo iría mejor.