martes, 29 de septiembre de 2009

LA VELA



Delante de un cuadro precioso de la Virgen María tengo una vela encendida. Cada día. Todos los días. Antes de que se consuma del todo enciendo la siguiente.

Cuando algunos vienen a mi casa y la ven no dejan de pensar que soy un creyente mojigato y algo supersticioso.

Así como en el exterior tengo una luz, del mismo modo deseo tenerla en mi interior. Una luz, que con la ayuda del Cielo, ilumine mi vida. Para que pueda ver claro en momento difíciles en los que tengo que tomar decisiones importantes y delicadas.

Para que ilumine y de calor a mi parte femenina, que tanto descuido alumbrar nuestra cultura. Y así pueda comprender mejor a mis hermanas del otro sexo. Y pueda relacionarme con ellas mejor.

Para que esa luz me recuerde que tan sólo de una Virgen, de un estado virginal -puro- en mi interior puede nacer mi Cristo interno e ir creciendo hasta abarcar todo mi ser, toda mi vida...

Esa luz, en mi interior, la necesito para poder comprender, poder respetar, poder ser tolerante, y así saber perdonar... Y así poder amar.

Y del mismo modo que ha de estar constantemente encendida en el exterior quiero que no se apague en mi interior.

Cristo dijo: EGO SUN LUX... Y deseo que la luz esté dentro de mí...

Luz... ilumina mi frente
Calienta mi corazón...
Fortalece mi voluntad
Dame fuerza para hacer el bien, buscar la verdad
y saber ver la belleza...

Dios mío, dame luz...más luz....

viernes, 25 de septiembre de 2009

MAS CERCA DE LA UNIDAD


El Papa Benedicto XVI ha recibido en Castelgandolfo al Presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Exteriores del patriarcado de Moscú, el arzobispo Hilarión, representante del Patriarca ortodoxo de Moscú, que viene a ser una especie de ministro de Asuntos Exteriores del Patriarcado, y ha declarado que «el encuentro ha mostrado la nueva situación entre la Iglesia católica y el patriarcado de Moscú: hemos superado todas las tensiones que existían en años pasados y tenemos actualmente una relación normal, tranquila e incluso positiva, constructiva». La esperanza se abre paso, con firmeza, en el camino hacia la normalización y la unidad. Según el arzobispo católico de Moscú, monseñor Pezzi, «jamás los católicos y los ortodoxos hemos estado tan cercanos a la unidad». Monseñor Hilarión ha añadido que, personalmente, espera que, antes o después, se realice el tan esperado encuentro entre el Papa y el Patriarca de Moscú.

IMITACION Y EXPERIENCIA -DE JAVIER GOMA-.


Javier Gomá gana el premio Nacional de Ensayo por su obra «Imitación y experiencia»
El libro de Javier Gomá, director de la Fundación March, trata de recuperar una tradición de conceptos olvidados en el pensamiento, como ejemplo, ejemplaridad, modelo moral, imitación, admiración, emulación...
Un jurado presidido por Rogelio Blanco e integrado por Carmen Iglesias, Patri Urkizu, Xose Luis Axeito, Marta Pessarrodona, Juan Mollá, Francisco Díaz, Arturo Ramoneda, Javier Esparza, Octavio Uña, Pilar Vega y Daniel Innerarity ha reconocido «Imitación y experiencia», de Javier Gomá, con el premio Nacional de Ensayo. Colaborador de ABC, fue miembro del Consejo editorial de Vocento.-

¿Qué supone a sus 39 años, y sin posición académica, ser premiado?-Creo que lo más significativo es que se ha juzgado la obra, no la influencia académica o la edad del autor. El libro es una investigación de historia y de teoría de la cultura, extensa y profesional, pero destinada en primer lugar a todo hombre culto, no sólo a los especialistas. Los problemas que estudia tienen una clara raíz existencial, que se hace evidente en la última parte. El libro propone una interpretación del mundo en una época en que no abunda la «gran teoría».

-Doctor en Filosofía, licenciado en Filología Clásica y Derecho, letrado del Consejo de Estado (con el número uno de su promoción). Hizo la carrera y la oposición en sólo tres años y con 12 matrículas de honor.

¿Por qué la Universidad no cuenta con una autoridad como usted?

-Porque no me he presentado a ninguna oposición a una plaza universitaria y no espero que vengan a buscarme a mi casa. Es cierto que, con dos licenciaturas y un doctorado, muchas veces me he planteado hacer carrera universitaria porque las investigaciones universitarias son indispensables para cualquier trabajo serio en el campo del saber. Pero la universidad no tiene el monopolio de la ciencia. Al final, pensé que me sentía más libre si leía, pensaba y escribía por mi cuenta, buscando el consejo y la discusión filosófica con algunas personas, entre las que destacaría a Javier Muguerza. Esa opción tiene el riesgo del aislamiento, pero la ventaja de la libertad y la posibilidad de escribir sólo de lo que te emociona intelectualmente.-Rescata la tradición del ejemplo, imprescindible, pero abandonada por la filosofía. ¿A qué se debió?

-La cultura occidental desde los griegos -incluso desde antes- hasta el siglo XVII ha sido una cultura de la ejemplaridad. Se entendía que existía una perfección ya completa fuera del hombre y que quien deseaba conseguir la perfección debía imitar la ya existente, es decir, imitar. Después, con la Ilustración y el Romanticismo, la idea de imitar ejemplos se consideró impropio de un ser racional, que no debe imitar a otro sino a sí mismo. Antes del siglo XVIII el ejemplo se presuponía, pero no se teorizó; después, se ignoró. Nunca el ejemplo ha sido un tema filosófico y sin embargo creo que está lleno de posibilidades teóricas, morales y metafísicas.

-Atentados, guerras... ¿Es nuestro mundo racional? ¿Qué modelo debe seguir hoy en día un ser racional?

-La cuestión no es si imitamos o no imitamos, porque de hecho imitamos siempre: somos modelos para los demás, sentimos la influencia de los modelos ajenos. No sólo imitan los niños, también los adultos, modelos reales y próximos, o modelos imaginados o soñados. La cuestión es qué modelo o ejemplo escoger y bajo qué condiciones puede ser imitado por un ser racional. Dado que estamos destinados a imitar, nuestro primer deber es elegir bien el modelo.-Los ciudadanos están hartos de filosofías de la nada, del vacío.

¿El positivismo es un ejemplo a imitar?-Sólo se puede decir que defiendo el «positivismo» como un juego de palabras: no el positivismo filosófico, sino una teoría filosófica positiva. Mi libro trata de recuperar una tradición de conceptos olvidados en la historia del pensamiento, como ejemplo, ejemplaridad, modelo moral, imitación, admiración, emulación... Mis conclusiones tienen una expresión dramática o existencial.-Mann, Heidegger, Vattimo y Derrida compartían la idea de que el concepto de «verdad» tradicional es falsa.

¿La imitación supera esa teoría?

-Hemos tenido un concepto de verdad que era imposible de amar; verdad y bondad iban por separado. Nadie puede sentir deseo o atracción hacia un concepto o una idea de Ser meramente abstracta. El ejemplo es concreto y tangible, y puede ser personal, puede despertar deseos. Si pensamos que la verdad reside en el ejemplo y no en el concepto abstracto es posible acceder a la verdad mediante la imitación: la verdad, el bien y la belleza forman un corro, como el de las Musas.

-¿Cómo saca tiempo para pensar?-Estoy escribiendo un libro: «Aquiles en el gineceo». Antes de ir a la guerra de Troya, el héroe griego permaneció los años de su adolescencia sin preocupaciones, entre mujeres, dedicado a sí mismo. Yo hice lo mismo: todo lo esencial lo pensé en el gineceo de mi adolescencia, sin preocuparme de la vida práctica hasta los 24. Ahora que estoy en Troya, intento dar forma a esas ideas, enriquecidas con el sabor especial de la experiencia.
El libro ha sido editado por Pre-Textos
Cuesta 25€

jueves, 24 de septiembre de 2009

UNA ESPIRITUALIDAD DE LOS "OJOS ABIERTTOS": LA MISTICA.


Es curioso que en algunos ambientes religiosos la mística es vista con desconfianza. Es una paradoja, ya que hoy es opinión común entre los expertos en religión la idea de que las grandes religiones y culturas han nacido de experiencias místicas (James, Bergson, Panikkar…).

La mística es la experiencia de plenitud vital a la que todo ser humano está llamado, y es, por tanto, la meta a la que las diversas tradiciones culturales y las distintas religiones conducen, o deberían conducir.

Por mística entiendo una experiencia de comunión con toda la realidad, con Dios, con los otros, con el cosmos, con nosotros mismos, realizada, más allá de la mente, en la propia vida. Supone la salida de la fragmentación interior y del enfrentamiento con la realidad exterior, alcanzando la unidad, el equilibrio, la armonía siempre relativa como seres humanos limitados que somos y, a la vez, abiertos a una realidad que transciende y fundamenta nuestra experiencia cotidiana.

Hablar de mística no implica necesariamente hablar de religión, aunque la mística esté en el origen de toda religión auténtica y sea el fin último al que debería dirigir la religión.

La religión se basa en la aceptación profunda de unas creencias. La religión nos “religa”, nos une a toda la realidad y al fundamento dinámico de esta realidad (Dios) sin pretender unificarnos ni fusionarnos con esta realidad. Para la religión son reales las existencias separadas aunque es posible la relación entre ellas y entiende la pretendida superación de las diferencias como una falta de humildad, un orgullo espiritual.

El hombre religioso está llamado a tener fe, a inclinar su razón y su corazón a las verdades reveladas y a aceptar los preceptos de la religión, pero no debe pretender igualarse a Dios, haciendo una interpretación subjetiva de la religión, una religión “a la carta”.

En la experiencia religiosa Dios y el hombre nunca se unifican, el hombre se somete a Dios en esta vida y a los preceptos de la religión esperando la comunión plena con Dios en la vida futura escatológica.

Desde el punto de vista religioso, la mística suele confundirse con el “misticismo” (de ahí la desconfianza que genera), una experiencia espiritual fuertemente subjetiva y afectiva, que, cuando no se relativiza, tiende a convertirse en un foco de narcisismo espiritual que pretende situarse sobre las doctrinas religiosas interpretándolas de modo subjetivo y deformado.

La mística no prescinde de la dimensión doctrinal, sino que reconoce su verdad y busca profundizar esas doctrinas para descubrir la experiencia que transmiten, entendiendo así los dogmas como símbolos, como misterios, más que como creencias.

También es frecuente confundir la mística con el esoterismo. El esoterismo es un tipo de espiritualidad que se considera el núcleo interno común de todas las religiones, a las que ve como formas “exotéricas” (externas), formas de divulgación y popularización de ese núcleo, que no llegan a entender ni alcanzar.

El esoterismo considera que la espiritualidad es ante todo una experiencia de unificación con todo y con todos, más allá del ego y de la mente racional. La experiencia espiritual es una experiencia de transformación de la conciencia y de la existencia, que nos hace salir del error de identificarnos con nuestra individualidad y de creernos alejados de Dios, cuando somos en realidad una manifestación de él. Ésta es la Iluminación, una experiencia de salida de nuestro ego y de identificación con la toda la realidad, alcanzando una conciencia Transpersonal.

La visión que tiene de Dios es una visión que quiere ir más allá de cualquier imagen, representación, o creencia. Dios está más allá de la mente y se alcanza por una transformación de la conciencia, una ampliación de la misma. Dios, por tanto, no es una persona separada de nosotros, nosotros y Dios somos una unidad.

Nuestra visión habitual de la realidad, por tanto, es errónea hasta que no alcancemos la iluminación. La Conciencia es la realidad y las realidades aparentemente separadas son ilusorias. De esta forma, la historia, la materia, lo corporal, lo emocional y lo racional sólo tienen valor si están integrados en esa Conciencia Transpersonal que supone la iluminación.

El esoterismo es una espiritualidad “de los ojos cerrados”, centrada en la meditación, con la que busca alcanzar la Iluminación. Esta es la meta fundamental, más que transformar la realidad, o mejor, como única vía para poder transformar la realidad.

El esoterismo ha tendido a identificar a la mística como una forma de esoterismo. Es un error, la mística valora las diferencias, la historia, la pluralidad. No cree que las religiones sean formas diversas de una misma experiencia, aunque existan elementos comunes entre ellas.

Aunque la mística conoce los estados de iluminación no considera que estos estados sean la meta sino que la meta es la vida cotidiana y concreta, vivida desde la dimensión de profundidad que estos estados nos descubren y comprometidos con la transformación humilde de esa realidad para liberarla del dolor, de la deshumanización, de la injusticia.

La mística reconoce el valor de las religiones como revelaciones únicas que transmiten una experiencia espiritual. No existe una mística universal sino una mística de cada religión o tradición particular, aunque con elementos comunes que permiten dialogar y colaborar entre sí. Las místicas religiosas nunca rechazan o prescinden de su religión, sino que la profundizan, teniendo siempre en ella la ayuda fundamental en su camino espiritual.

A diferencia de la religión, la mística cree que hay que buscar la experiencia de comunión con Dios más allá de la separación pero sin suprimir las diferencias. Dios y el hombre son diferentes pero no están separados. Las experiencias de unificación con él son posibles y deseables. Pero la experiencia mística no es la experiencia de que la única realidad es Dios o la Conciencia como para los esoteristas. La realidad, para el místico, es una unidad en la pluralidad, la realidad es la relación, que une sin suprimir las diferencias. Por eso, la realidad es descrita como Trinidad o no dualidad. Con estos símbolos se intenta transmitir que esa realidad trasciende todo y, a la vez, fundamenta la identidad de todo, sin que las diferencias sean identificadas como algo que nos separa sino como algo que nos une, por lo que son valiosas, no son meras ilusiones.

La comunión que el místico busca con Dios no es tanto un estado alterado de conciencia, aunque reconoce el valor de estas experiencias ( y también sus peligros cuando se absolutizan), sino la comunión con Dios en la vida, en la historia cotidiana, en el cuerpo y en la materia, transformándolas y colaborando a su mejora y liberación.

Hay que entregarse a ese Dios totalmente transcendente e inmanente, sin pretender objetivarlo o apresarlo con nuestras emociones, con nuestra razón o con nuestra conciencia más allá de la razón. Por eso, el místico deja a Dios ser Dios, y se centra en la vida desde la experiencia de profundidad que ha conocido. Para el místico, la Vida y Dios sin ser lo mismo no están separados, y lo fundamental es hacer la voluntad de Dios, ser lo que uno es y ayudar a que todo sea lo que es, es decir colaborar en llevar armonía, justicia, amor a esa vida.

Al final, ser un místico es ser un ser humano y ser humanizador, y es que ésta es la mayor comunión con Dios: cuanto más humanos más divinos.




El Amor, la compasión, inteligentes y discernidos, son la experiencia más plena y también más humilde de Dios. La mística está siempre encarnada y comprometida, por eso es siempre una espiritualidad “de ojos abiertos”, como decía el teólogo Metz.
José Antonio Vázquez

en Espiritualidad progresista.

lunes, 21 de septiembre de 2009

ORACION CONTEMPLATIVA EN LAS IGLESIAS ORIENTALES



Por Juan del Carmelo
Valentín de San José, es un escritor que ha tratado muchos temas sobre Santa Teresa de Jesús, y en el se puede leer: “Como solo Dios, puede dar su amor, solo Dios puede enseñar a orar, ya que orar es amar”.Y esta es un poco la síntesis de lo que la Iglesia oriental entiende que es la oración: Orar es amar, y para encontrar a Dios en las profundidades de nuestro ser, hemos de amar, sobre todo de amar mucho, porque reiterando lo dicho: “Orar es amar”.Para muchos cristianos occidentales, rezar consiste en ocuparse con atención de ciertos pensamientos piadosos.

Para el oriental rezar no es pensar o reflexionar, sino sentir, experimentar interiormente, vivir una realidad espiritual.

Occidente, generalmente propone (o proponía, porque el acceso a la oración, hoy suele hacerse hoy en día, por vías diferentes) la meditación como método de partida, para llegar a la oración contemplativa, y se nos habla del paso de la meditación, a la contemplación.

San Juan de la Cruz escribe extensamente sobre este tema.Pero es Santa Teresa de Jesús, la que trata el tema de una forma más didáctica. Así, al tratar del comportamiento de las tres potencias del alma en la oración contemplativa nos explica, que para ella; la memoria es la loca de la casa que continuamente nos está distrayendo; la inteligencia es una pelmaza que elabora pesados troncos espirituales que no arden y con los que es imposible iniciar el fuego del amor; y por último la voluntad es la que verdaderamente inicia el fuego del amor con jaculatorias e invocaciones piadosas, que son como pequeñas briznas u hojarascas que inician el fuego. Lo que nos hace reflexionar, que para encender el fuego del amor a Dios, porque orar es amar, cuando estamos orando hay que iniciar este fuego con pequeñas hojarascas que levanten nuestro fuego de amor a Dios y no nos enfrasquemos con tediosas y largas oraciones que no nos permiten alcanzar el necesario silencio interior, para que encontremos a Dios trinitario en la profundidad de nuestro ser.

Para alcanzar este fin, la tradición oriental propone la denominada “oración de Jesús” (llamada también oración del corazón) popularizada en los últimos años por el conocido libro “El peregrino ruso”, y que tiene como punto de partida la incesante repetición de una breve fórmula que contiene el nombre de Jesús, del tipo de: “¡Señor!, Jesús, Hijo de Dios vivo, ten piedad de mi pecador”, la fórmula empleada debe de incluir el nombre de Jesús, el nombre humano del Verbo y por este medio se nos habla, del momento en que "la oración desciende de la inteligencia al corazón".

A fuerza de repetir esta jaculatoria, la que sea, nuestro corazón se ablandará para hallar al Dios trinitario.Los místicos rusos describen la oración como un descenso de la mente hasta el corazón para permanecer allí en la presencia de Dios.

La oración tiene lugar allí donde el corazón habla al corazón, es decir donde el corazón de Dios se une con el corazón que ora, tal como explica Henry Nouwen.El hermano marista Pedro Finkler, nos dice que: “Este método, lo adoptaron los místicos rusos y lo desarrollaron los monjes del Monte Athos, en Grecia.

Las bases filosóficas del mismo radican en la cultura griega y en el pensamiento teológico de San Gregorio Palamás”. La gran idea de los orientales, es acompasar la oración con los dos grandes ritmos de la vida humana: el de la respiración y el del corazón. Se trata de hacer bajar la oración del espíritu al corazón. Y para ello acuden al principio de la oración repetitiva, en este caso de una jaculatoria repetitiva, dicha en silencio y lentamente golpeando nuestro corazón, a fin de que este se ablande, y permita a los ojos de nuestra alma ver al Dios trinitario que inhabita en toda alma que vive en estado de gracia.Pero nunca olvidemos lo ya antes dicho, más de una vez en las glosas anteriores referidas a la contemplación y a la oración contemplativa, y es que la contemplación y por supuesto la oración contemplativa son o es un don de Dios, y como todo don. Dios lo da al que le parece cuando le parece y como le parece, nosotros solo podemos suspirar por la obtención de este don y poner de nuestra parte, todos los medios posibles para mover su Corazón a que nos lo conceda.El hecho de ser esto un don de Dios y el temor de fracasar en la oración contemplativa proviene también de la opinión corrientemente difundida, de que es un ejercicio difícil o reservado a los contemplativos, una experiencia interior de la que no somos dignos o que no vale la pena emprender porque desentona con los principios modernos de eficacia. Y sin embargo estemos seguros de que es mucho más difícil, meditar la palabra de Dios que contemplar su rostro.

La dificultad máxima como apunta Santa Teresa reside en acallar a loca de la casa, mediante el ejercicio de la voluntad en aportar al fuego pequeñas hojarascas para encenderlo y avivarlo.Es lamentable que sean muchos los que tiran la toalla y piensan que la oración contemplativa no es para ellos. Como siempre ocurre en todas las cosas de la vida espiritual, hay que ser muy pacientes.

La solución frente a las dificultades de esta clase de oración, no es, combatir los pensamientos mundanos que nos asaltan, sino volver suavemente nuestra atención al nombre divino apenas nos damos cuenta de su presencia de pensamientos mundanos. Así no nos molestarán ya, aunque los vanos pensamientos sigan mariposeando; nos contentaremos con verles pasar cual pequeñas nubes blancas por el cielo.

En los intentos de tratar de alcanzar la oración contemplativa, se puede tener y de hecho se tiene una sensación de aridez, proveniente de una simple ausencia de experiencia sensible y esto no debe de desalentarnos y apartarnos de la oración del corazón, dándonos la impresión de que no llegamos.

El fracaso de nuestras relaciones con Dios en el plano sensible, es precisamente lo que nos abre la puerta al verdadero éxito: el de desaparecer a nosotros mismos, para acoger al que supera todas nuestras facultades y permanece inalterable, más allá de toda sensación, imaginación y concepto.

El hecho de que no sea difícil, no quiere decir que no cuesta trabajo. El camino que lleva a la oración contemplativa es arduo y, por lo general, bastante largo. Recorrerlo con perseverancia exige esfuerzo y puede uno cansarse. Son pocos los que logran alcanzar la cumbre de la contemplación.

Pero más reducido aún es el número de los que habiendo alcanzado la contemplación, llegan a disfrutar en plenitud la maravillosa experiencia de una profunda e íntima unión con Dios, tal como escribe Pedro Finkler.Pero todos los que queremos amar a Dios, contamos con la ayuda del Espíritu Santo que es el supremo maestro de la oración, y si le secundamos en sus mociones, Él favorecerá nuestra acción. Así Él nos mantiene en la perseverancia y en la disciplina, Él nos reconforta, y tiene el papel del Consolador, en las pruebas que encontraremos en el camino de la oración.

jueves, 17 de septiembre de 2009

DISTANCIA


La distancia que me separa de los demas es la misma que me separa de lo mejor que hay en mi.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

RECONOCER A JESUS EL CRISTO


Marcos 8, 27-35


27 Salió Jesús con sus discípulos para las aldeas de Cesarea de Filipo. En el camino hizo a sus discípulos esta pregunta:

- ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

28 Ellos le contestaron:

- Juan Bautista; otros, Elías; otros, en cambio, uno de los profetas.

29 Entonces él les preguntó:

- Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Contestó Pedro diciéndole:

- Tú eres el Mesías.

30 Pero él les conminó a que a nadie dijeran aquello acerca de él.

31 Entonces empezó a enseñarles que el Hijo del hombre tenía que padecer mucho -siendo rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados y sufriendo la muerte- y a los tres días resucitar.

32 Exponía el mensaje abiertamente. Entonces Pedro, tomándolo aparte, empezó a conminarle. 33 Pero él, volviéndose de cara a sus discípulos, conminó a Pedro diciéndole:

- ¡Ponte detrás de mí, Satanás!, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres.

34 Convocando a la multitud con sus discípulos, les dijo:

- Si uno quiere venirse detrás de mí, reniegue de sí mismo y cargue con su cruz; entonces, que me siga. 35 Porque quien quiera poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, quien pierda su vida por causa mía y de la buena noticia, la pondrá a salvo.

RECONOCER A JESÚS EL CRISTO


El episodio ocupa un lugar central y decisivo en el relato de Marcos. Los discípulos llevan ya un tiempo conviviendo con Jesús. Ha llegado el momento en que se han de pronunciar con claridad. ¿A quién están siguiendo? ¿Qué es lo que descubren en Jesús? ¿Qué captan en su vida, su mensaje y su proyecto?

Desde que se han unido a él, viven interrogándose sobre su identidad. Lo que más les sorprende es la autoridad con que habla, la fuerza con que cura a los enfermos y el amor con que ofrece el perdón de Dios a los pecadores. ¿Quién es este hombre en quien sienten tan presente y tan cercano a Dios como Amigo de la vida y del perdón?

Entre la gente que no ha convivido con él se corren toda clase de rumores, pero a Jesús le interesa la posición de sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

No basta que entre ellos haya opiniones diferentes más o menos acertadas. Es fundamental que los que se han comprometido con su causa, reconozcan el misterio que se encierra en él. Si no es así, ¿quién mantendrá vivo su mensaje? ¿qué será de su proyecto del reino de Dios? ¿en qué terminará aquel grupo que está tratando de poner en marcha?

Pero la cuestión es vital también para sus discípulos. Les afecta radicalmente. No es posible seguir a Jesús de manera inconsciente y ligera. Tienen que conocerlo cada vez con más hondura. Pedro, recogiendo las experiencias que han vivido junto a él hasta ese momento, le responde en nombre de todos: «Tú eres el Mesías».

La confesión de Pedro es todavía limitada. Los discípulos no conocen aún la crucifixión de Jesús a manos de sus adversarios. No pueden ni sospechar que será resucitado por el Padre como Hijo amado. No conocen experiencias que les permitan captar todo lo que se encierra en Jesús. Solo siguiéndolo de cerca, lo irán descubriendo con fe creciente.

Para los cristianos es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura el misterio de Jesús el Cristo. Si ignora a Cristo, la Iglesia vive ignorándose a sí misma. Si no lo conoce, no puede conocer lo más esencial y decisivo de su tarea y misión. Pero, para conocer y confesar a Jesucristo, no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables. Es necesario seguirlo de cerca y colaborar con él día a día. Ésta es la principal tarea que hemos de promover en los grupos y comunidades cristianas.

José Antonio Pagola