lunes, 24 de agosto de 2009

LA LOGICA DE EINSTEIN


Dos niños patinaban en un lago helado de Alemania. Era una tarde nublada y fría.

Los niños jugaban despreocupados. De repente, el hielo se quebró y uno de los niños se cayó, quedando atrapado en la grieta del hielo.

El otro, viendo a su amigo en grave apuro, congelándose, se quitó un patín y empezó a golpear el hielo con todas sus fuerzas hasta que consiguió romperlo y liberar al amigo.

Alguien que había visto la escena llamo rápido a los bomberos.. Cuando estos llegaron y vieron lo que había pasado, preguntaron al niño:
“¿Cómo conseguiste hacer eso?”
¡Parece imposible que consiguieses partir el hielo siendo tan pequeño y con pocas fuerzas!

En ese momento Albert Einstein, que pasaba por allí, comentó:

- Yo se como lo hizo
- ¿Cómo? – Le preguntaron
- Es sencillo, respondió Einstein, no había nadie para decirle que no era capaz…
Dios nos ha creado con enormes potencialidades. Hacer o no hacer algo, tan sólo depende de nuestra voluntad y perseverancia. Si además eres humilde y pides al Padre, en nombre de Cristo, lo que deseas conseguir, las posibilidades son muy grandes.

Preocúpate más de tu conciencia que de tu reputación.

Tu conciencia es lo QUE ERES y tu reputación lo QUE LOS DEMAS PIENSAN DE TI.

Lo que los demás piensen de ti es su problema. Lo importante es que te quieras desde la profunda aceptación de que Dios te ama. Y tu también te amas.

jueves, 20 de agosto de 2009

DEMONIOS EN LA MENTE


Efesios 6:12
2ª Corintios 10:4-5:
Proverbios 23:7.
La mente es el líder de nuestros actos. Nuestra conducta es el resultado directo de nuestras ideas.
Si tenemos una mente negativa, tendremos una vida negativa. La forma en que una persona Se comporta es la consecuencia de cómo piensa.
Cinco enseñanzas
1. Estamos en una guerra.
2. Nuestro enemigo es Satanás.
3. La mente es el campo de batalla. El diablo construye sus fortalezas en la mente.
4. Sus armas son las fortalezas espirituales. Usa la mentira, el engaño y la falsedad, y
siempre por medio de pensamientos.
¿Qué es una fortaleza espiritual? Es un estado mental lleno de desesperanza que nos lleva a
aceptar situaciones que son contrarias a la voluntad de Dios.
Las fortalezas son mentiras que hemos aceptado que nos llevan a creer que la situación por
la estamos pasando no va a cambiar aunque la Biblia nos asegura que cambiará.
5. Su estrategia es la paciencia. No tiene prisa. Se toma todo el tiempo para llevar a cabo su
plan. Está dispuesto a invertir todo el tiempo que haga falta para derrotarnos.
Los nunca jamás
Jamás pensaré que la vida no tiene sentido porque "el Señor tiene un propósito para mí",
Proverbios 16:4.
Jamás pensaré pobreza sobre mi vida porque "mi Dios, pues, suplirá todo lo que me falte
conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús", Filipenses 4:19.
Jamás pensaré desgracias sobre mi vida o sobre mi familia porque "ni en las sombras de la noche,
ni a plena luz del día, nos caerá desgracia alguna, ya que bajo su protección podemos vivir
tranquilos, pues nunca deja de cuidarnos", Salmo 91:6 y 4. "El Dios altísimo es nuestro refugio y
protección. Por eso ningún desastre vendrá sobre nuestros hogares", Salmo 91:9.
Jamás pensaré con miedo porque "Dios no me ha dado el espíritu del miedo, sino del amor, del
poder y del dominio propio", 1ª Timoteo 1:7.
Jamás pensaré que no puedo "porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece", Filipenses 4:13.
Jamás pensaré enfermedad porque "Dios nos traerá sanidad y medicina, y nos curará y nos
revelará abundancia de paz y de verdad", Jeremías 33:6. "Mas yo haré venir sanidad sobre ti y
sanaré tus heridas, dice Jehová", Jeremías 30:17.
Jamás pensaré que no tengo en nadie en quien confiar porque "Dios dijo: no te desampararé, ni te
dejaré", Hebreos 13:5. "Los que ponen su confianza en él no serán defraudados", Romanos 10:13.
Jamás pensaré fracasos sobre mi vida porque "Dios siempre me lleva de triunfo en triunfo en
Cristo Jesús", 2ª Corintios 2:14.
Jamás pensaré que lucho solo en esta vida porque Jesús dijo: "…estaré siempre con vosotros hasta
el fin del mundo", Mateo 28:20.
Jamás pensaré que Dios no me ama porque "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna", Juan 3:16.

martes, 18 de agosto de 2009

LA IGLESIA DEL AMOR


Jesús quiere poner en la frente de la Iglesia una señal inconfundible para que todos puedan reconocer que es efectivamente su iglesia. Una señal que pueda ser vista sin posibilidad de equivocarse, por todos los hombres de la tierra: grandes y pequeños, sabios e ignorantes, buenos y malos, amigos y enemigos:
¡LA SEÑAL DEL AMOR!

“En esto reconoceran que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros” – Juan 13, 35-“
Todas las demás señales son difíciles de comprender. Pero esta señal la reconocerán todos. Y si esta señal faltase, no sabemos hasta que punto las demás probaran algo.

“Dios es amor. El que permanece en el amor, en Dios permanece y Dios en El. – 1, Juan 4,16-. También es verdad lo contrario: quien no permanece en el amor, no permanece en Dios y Dios no está en él.

Dios es amor, luego los hijos del Dios-amor no pueden vivir más que del amor.

Por tanto la Iglesia de Cristo, la familia del Dios-Amor, no puede ser sino la Iglesia del Amor. O no es su iglesia.

Cristo la dio a luz sobre la cruz, de su corazón desgarrado por amor. Fue así como la presentó al mundo el día de Pentecostés el Espíritu Santo, que es el Amor eterno y fuente de toda sabiduría, de todo conocimiento verdadero.

Pero el amor tiene fuerzas opositoras intrínsecas a la condición humana, tendencias al excesivo poder, saber y tener, que la tradición denomina luciféricas y satánicas. Estas fuerzas también están presentes en la Iglesia, creando luchas por el poder, fomentando la vanidad y el miedo. Crean divisiones, disputas sin fin, confusión…

Por eso la oración, la Eucaristía, la GRACIA en suma, es imprescindible para que podamos vivir el amor desde el influjo del Espíritu Santo, que cada día sopla con más fuerza.

El cuerpo de Cristo debería ser uno, sin divisiones, sin fisuras. Unidad en la diversidad. Siendo comprensivos, respetuosos, tolerantes, sabiendo perdonar, sabiendo dialogar…


Contribuyamos todos a crear la Iglesia del Amor.

lunes, 17 de agosto de 2009

DIOS ES AMOR


Dios es amor.
Es trino.
El Padre no está encerrado en sí mismo.
Al engendrar al hijo, igual a El,
ni se disgrega ni se empobrece.
El Espíritu Santo es la expresión del amor mutuo, perfecto y total,
Entre el Padre y el hijo y viceversa.

El hombre debe ser a un tiempo la imagen de las tres personas de la Trinidad:
A imagen del Padre debe ser creador de sí mismo y de los demás.
A imagen del hijo debe buscar cumplir la voluntad del Padre en una
afectuosa dependencia opuesta a la esclavitud.
A imagen del Espíritu Santo es capaz de vivir relaciones sabias de amor desinteresado.
Así el hombre puede vivir la voluntad entregada con la poderosa e imprescindible ayuda de la Trinidad.
Reza y medita cada día. Cada día haz algo por los más necesitados, por los que más sufren.

jueves, 13 de agosto de 2009

COMO LOS NIÑOS


El dijo: “Las palabras que os digo son espíritu y vida”. “El cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no pasarán”.
Debemos tener presente en la Biblia los géneros literarios. Pero también debemos evitar el irnos al extremo opuesto. Es decir, caer en el racionalismo teológico que tantas polémicas crea y tanta confusión produce.
Las palabras de Cristo y todo aquello que se pide al Padre en su nombre tienen mucho poder.
La historia está ahí para mostrar que quienes han creído de verdad las palabras de Cristo han generado verdaderos milagros. Quienes se han puesto a cavilar y a discutir sobre las mismas se han agotado en polémicas inacabables e inútiles para la vida de las almas.
Para que el Espíritu te revele a Jesús él te ha puesto una condición. Es una cuestión de corazón y no de entendimiento. “Padre, Señor del cielo y de la tierra, yo te alabo porque has mantenido ocultas estas cosas a lo sabios y las has revelado a la gente sencilla – Mat, 11, 25-.
Por tanto, tan sólo los que acogen tu palabra con prontitud y sencillez de corazón la comprenden. Los que creen lo que tu dices, los sencillos como los niños, sin miedos, sin reinterpretaciones, ellos son los depositarios de tus revelaciones.
Cada vez que abra y lea el evangelio lo haré como si fuese la primera vez. Lo leeré con la curiosidad de un niño – “Si no sois como niños no entrareis en el Reino de los Cielos-.
Así quiero yo buscarte en esas páginas. Como persona viva, real, actual, que me hablas con un lenguaje sencillo.
Te quiero contemplar como un niño encantado que se encontrase por vez primera con tu rostro fascinante.

viernes, 7 de agosto de 2009

RUEGO AL ESPIRITU SANTO


Oro al Espíritu Santo para que me revele a “mi” Jesús. Ese Jesús que el Padre creo para mi. Ese Jesús que el Espíritu debe edificar en mi y sólo en mi.

Cristo es el Cristo de todos. Pero para cada uno de nosotros tiene un aspecto particular que manifestar. Igual para todos, pero a la vez diferente para cada uno.

No fue el mismo Jesús para Pedro, para Juan, para Pablo. Los tres le amaron intensamente. Cada uno a su manera. De acuerdo con su propio modo de ser.

La actitud de Cristo fue diferente con los fariseos, con Nicodemo, con el joven rico, con Magdalena, con los mercaderes del templo.

El Espíritu –el nos revela a Jesús- tiene modelos distintos para cada alma. El modelo preparado para mi es sólo mío y no puede adaptarse a ningún otro.

Sería un error querer aplicar una determinada espiritualidad a una comunidad entera con los mismos métodos. Debemos evitar el subjetivismo exagerado. Pero también el anonimato y la masificación.

El Jesús que el Espíritu revela es un Jesús de hoy, un Jesús eterno, siempre nuevo, que no puede ser encasillado en ninguna teología, en ninguna doctrina, en ninguna Iglesia…

lunes, 3 de agosto de 2009

CUIDADO CON SEGUN QUE RELIGIONES


La noticia, hace unos días, saltó a los periódicos. Una señora de Madrid sufrió un accidente de tránsito y quedó malherida. Trasladada a un hospital, fue operada y, aunque parecía que no había problemas mayores para salvar su vida, falleció. La razón, según los médicos que la atendieron, fue que tenían órdenes de ella para que, en ningún caso, se le hiciera una transfusión de sangre y, en la situación concreta de gravedad en que se encontraba, era imprescindible. Pertenecía a los testigo de Jehová y la doctrina de este grupo religioso lo prohíbe.
El caso no es anecdótico. Se produce una y otra vez en la historia de los testigos de Jehová que, basados en una interpretación muy particular de las Escrituras, se niegan a tomar sangre o a recibir transfusiones. Esto es especialmente grave cuando se trata de niños o de personas que no pueden decidir por si mismas. El dogma religioso pasa por encima de las personas y de sus derechos. Es más importante salvar la doctrina que salvar una vida.
Cuando esto acontece, nos encontramos ante la peor religión posible, aquella que se sitúa por encima del bien y del mal y cuyo objetivo principal ya no es tratar de salvar al hombre en su integridad y de protegerlo frente a cualquier intento de deshumanización, sino de poner los preceptos religiosos por encima de los derechos humanos. Priorizar la religión frente a la vida. Y esto es totalmente inaceptable. No se trata de que la vida sea un bien absoluto y que su protección pase por encima de todo. Jesús nos enseñó que la vida puede ser dada, como la suya, por los demás. Pero en ningún caso, puras normas religiosas rituales, como ésta de no comer sangre, pueden tener preferencia ante la urgencia de salvar una vida.
No me explico muy bien por qué la Biblia prohíbe comer sangre. Parece que viene de una creencia ancestral que afirmaba que la vida, tanto en los hombres como en los animales, estaba en la sangre. No pretendo negar ni afirmar esta idea, pero la Biblia misma me lleva a darle una importancia secundaria, tan secundaria que me permite prescindir totalmente de esta prohibición. ¿Con qué autoridad? Con la de Jesús. En más de una ocasión, durante su vida en la tierra, tuvo que enfrentarse a tradiciones que, pretendiendo ser fieles a la literalidad de las Escrituras, la desvirtuaban.
Esto pasaba en la institución del Corbán. o sea, la costumbre judía de dedicar a Dios todas las obligaciones que una persona tenía para con sus padres. “Vosotros decís: Basta que diga un hombre al padre o a la madre: es Corbán (que quiere decir mi ofrenda a Dios) todo aquello en que pudiera ayudarte, y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.”(Mc 7,10-13) Entre ellas, las que se refieren a la obligación de guardar el sábado o a cuestiones de comida.
En lo que se refiere a la obligación de guardar el sábado, Jesús quiso dejar bien claro que una norma como ésta, incluso plasmada en uno de los 10 mandamientos (Ëxodo 20), no podía ser nunca una excusa para no hacer el bien. Dice el evangelio que los escribas y los fariseos le acechaban (Lc 6,7) por ver si sanaría a alguien en el día de reposo. Jesús lo hizo, contra todas las normas religiosas. Sanar y hacer el bien estaba por encima de las leyes restrictivas de la religión, por encima de la observancia del día de reposo. “El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado” (Mc 2,27).
La misma actitud tomó Jesús ante cuestiones de comida. Eran numerosas las normas judías sobre lo que se podía o no se podía comer. Jesús las abolió todas. Dice el evangelio que “llamando a si a la multitud, les dijo: Oíd y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boda, esto contamina al hombre.” (Mt 15,11). Y el evangelio de Marcos, especifica: “Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar”. No hace ninguna excepción, ni la de la sangre. Tomen nota los testigos de Jehová.
Estoy convencido de que en las religiones existentes hay muchas normas absurdas, contradictorias e inútiles, pero son tolerables mientras no lesionen los derechos elementales de la persona humana y se ejerciten con cordura. Entre estas normas está la de no comer sangre, o la de abstenerse de comer langostinos, o ayunar en días señalados, o la de prohibir el matrimonio a los sacerdotes, o la intolerable y perversa norma de la ablación entre algunos pueblos de religión musulmana etc. Podríamos hacer una lista interminable (Mc 7,13). Pero, a los que observan tales normas, Pablo les preguntaría: “¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de los hombres) cosas todas que se destruyen con el uso?” (Col 2,20-21).
Por esto, cualquier norma religiosa que conculque los derechos de una vida humana debe ser rechazada y combatida. No se puede consentir. Jesús rompió los tabúes y desacralizó todas las cosas: el templo, la religión, los mandamientos y las doctrinas, etc. Lo único sagrado para Cristo era la persona humana. Era el objeto primero de su amor. “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19,10) y esto abarca el hombre en toda su integridad. No vino a salvar “almas” en el sentido desencarnado en que usamos esta palabra. Le interesó el hombre en su situación concreta, incluso en el umbral de la muerte. Se dedicó a sanarlo, incluso contra todas las normas religiosas de su tiempo. Jamás dejó de hacer el bien porque había normas religiosas que se lo impedían. Sus discípulos, no siempre lo han hecho y de ahí vienen los numerosos males que padecemos y que, a menudo, han desacreditado a las religiones.
Los ateos tienen razón cuando afirman que las religiones, en lugar de ser camino de vida, gozo y esperanza, a menudo se han convertido en instrumentos de opresión de las conciencias, en fuentes de discordias y de luchas internas. En lugar de liberar al hombre de la sujeción a las fuerzas desordenadas del mal, le han sumido en un mundo de normas y mandamientos muy a menudo insoportables. Y en esto los ateos coinciden con Cristo, que criticó duramente a los fariseos y a los escribas “porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni con un dedo las tocáis” (Lc 11,46). No hay nada intrínsicamente malo en las religiones –todo lo contario-, siempre que conozcan sus límites, pero hay en ellas una peligrosa tendencia a interponerse entre el hombre y Dios y pretender que son ellas los únicos intérpretes validos de la voluntad de Dios. Esto ha llegado a su máxima expresión, entre nosotros, en la institución del papado en la que el Papa llega a ser denominado “vicario de Cristo en la Tierra” y su palabra puede llegar a ser tenida por infalible.
La libertad con la que Cristo nos ha hecho libres, nos libera del yugo religioso. Nos abre nuevas perspectivas para no someternos ciegamente a las normas religiosas que se nos quiere imponer y vivir gozosamente en la comunión con Dios. Es bueno y conveniente vivir la fe en el seno de una religión o de una denominación cristiana, ya que necesitamos una comunidad en la que nuestra fe se exprese y tenga el camino llano para desarrollarse y convertirse en acción. Pero, cuidado con las normas y los mandamientos humanos que pretenden sojuzgarnos, por muy arropados que lleguen con citas bíblicas y erudición científica. En nuestra perspectiva cristiana, como seguidores de Jesús, todo lo tenemos resumido en los dos únicos mandamientos que El nos dio: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37-39)
Enric Capó