jueves, 11 de diciembre de 2008

SER VOLUNTARIO ES DARSE UNO MISMO


Quien no se da a sí mismo da demasiado poco. Queremos jugar con los niños huérfanos, queremos sentar a un pobre a nuestra mesa, queremos construir dispensarios en mitad del desierto, pero ¿cuántas veces nos preguntamos si a quien necesitan es a mí? Ante el Día Internacional del Voluntariado, responde a estas preguntas el director de Formación de la Fundación IUVE y Vicepresidente de la Federación de Entidades de Voluntariado de la Comunidad de Madrid

A nadie le pasa desapercibido -y aún menos en tiempos de crisis económica- que nuestra sociedad está sustentada por un modelo que crea, tolera y amplifica las desigualdades sociales. Rápidamente advertimos que hay un sistema de precios cuestionado y un sistema de valores a veces olvidado. También a veces se tiende a confundir estos dos sistemas y convertimos en un problema de números lo que es, ante todo, una cuestión de principios. Un sistema de valores -aunque a algunos huela a armario viejo y naftalina- es algo que toda persona configura a lo largo de su vida. Otorgamos valor a unas realidades y luego damos primacía a unas frente a otras, del modo más natural. Otra cosa es descubrir cuál es la realidad más valiosa que las orienta, dando un determinado sentido a nuestra vida y a nuestros actos. Sin embargo, este descubrimiento es fundamental para hacer de nuestra vida algo extraordinario.El Día Internacional del Voluntariado nos recuerda una tarea fundamental, llevada a cabo por millones de personas en el mundo: entregarse a los demás. Puede que pensemos que nuestra ayuda más eficaz ha de ser de tiempo o de dinero. Ambos son muy necesarios, pero insuficientes, si falta la entrega personal... Escucho preguntar con frecuencia si se ha hecho notar la crisis en los fondos que reciben las organizaciones del Tercer Sector. Antes de responder, suelo hacer un breve silencio, en el que me pongo a pensar en la generosidad y en la gratuidad de la entrega de los voluntarios. Y diciendo lo que pienso, añado que otro ingrediente fundamental es la creatividad. Esa misma creatividad de la que hacen glorioso alarde los más castigados por la miseria, por la pobreza, por los regímenes totalitarios y por tantas otras penurias de nuestro tiempo. ¿No sería irónico que pretendiéramos ayudarles nosotros de otra forma, a ellos que saben ser felices en lo poco, y que desafían a la vida con las manos en la tierra y con los ojos vueltos a la Providencia?«La comunidad de amor», de la que habla Benedicto XVI en su primera encíclica (Deus caritas est), es «una expresión de un amor que busca el bien integral en el ser humano». Así, quien quiera hacer de su amor a los demás una donación de ese bien integral, comprenderá que, con lo que dé, tiene que darse a sí mismo, sin reservarse nada para sí. Nos podremos comprometer con una tarea o con una organización, pero si no estamos dispuestos a salir de nosotros mismos, con nuestras virtudes y con nuestras miserias, corremos el riesgo de hacer ineficaces los proyectos más viables. Queremos jugar con los niños huérfanos, queremos sentar a un pobre a nuestra mesa en Navidad, queremos construir dispensarios en mitad del desierto, pero ¿cuántas veces nos preguntamos si a quien necesitan es a mí? También en esto, los voluntarios y todas las demás personas que han consagrado su vida a los demás pueden ayudarnos a comprender que el misterio de la entrega reside en la entrega total, así como Cristo entregó su vida por todos los hombres. De la colaboración surge la experiencia, pero de la entrega integral puede surgir la vocación, como respuesta a la interpelación que la vida me hace a través de los demás.Además, la verdadera donación de uno mismo nos ayuda a vivir el servicio a los demás con mayor autenticidad. En ocasiones, podemos correr el riesgo de ver en la autosatisfacción una de las únicas motivaciones para seguir haciendo algo por los demás. No cabe duda que quien se da a sí mismo, lejos de perderse, se encuentra a él y al otro. Pero esta riqueza es el resultado de la búsqueda sincera de encontrarme con el otro, no algo a lo que yo deba tender como a un fin.Tampoco sólo nuestra entrega resulta suficiente para rescatar el verdadero espíritu de comunión que se nos pide para estos tiempos. Incluso en los grupos más predispuestos vamos a encontrar momentos de desánimo y de fracaso. Aun cuando hayamos descubierto un ideal valioso que oriente nuestra vida, si pensamos que ya lo hemos alcanzado todo, estaremos a un paso de arrojar la toalla. Esto sucede a menudo cuando se quieren cambiar las cosas, cuando se pretende transformar la sociedad y sólo pensamos que basta con cambiar las estructuras o continuar aquello que otros empezaron, como si nuestra vida tratara sólo con cosas hechas. Una conquista diariaNuestra vida es una conquista diaria. Cada día tenemos que renovar nuestro Sí a cada una de las realidades valiosas con las que nos comprometemos. Y lejos de pensar que sea sólo para cada uno de nosotros, quien hace de su vida una conquista, descubre que su vida es más libre y más plena cuanto más la orienta a los demás, cuanto más hace de su felicidad el buscar la felicidad de los demás.ón, haciendo eco del pensamiento del gran filósofo personalista, Martin Buber. Al situarme en relación, los dos nos ponemos al mismo nivel -nadie se sitúa en inferioridad o en superioridad- y se hace posible el diálogo. Al situarme en relación, se entiende mucho mejor que la forma más auténtica de dar es darse uno mismo. También se entiende por qué solemos recibir más de lo que damos y por qué ese diálogo debe ser algo vivo, renovado cada día. Ahora bien, lo que el cristiano encuentra aquí con mayor lucidez es el sentido de la verdadera esperanza. Porque quien ha vuelto su mirada hacia los demás y se ha encontrado con ellos -y en ese encuentro los ha amado de verdad-, tiene preparado el corazón para encontrarse con Cristo y reconocer -como dice también Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi- que «la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y nos sigue amando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento».

El perfil del voluntario
España cuenta con más de un millón de voluntarios, personas que regalan su tiempo y su vida a los demás, a través de alguna organización. El perfil más habitual es el de una mujer menor de cuarenta años, con estudios superiores y empleada en el sector sanitario. En términos generales, el compromiso de los voluntarios y de las organizaciones en que colaboran está llamado a ser cauce de transformación social, en una búsqueda real y constante por un mundo más justo.En primer lugar, contamos con el ejemplo de este más de un millón de personas. En estos días es justo reconocer y valorar adecuadamente su trabajo, silenciado a veces por actos conmemorativos que hacen más visibles a las organizaciones que a los propios voluntarios.Aunque muchas de estas personas colaboran con la Iglesia, otras llevan a cabo su trabajo a través de otros cauces. A todas nos une el lenguaje de la solidaridad, que además de una palabra omnipresente y biensonante, es un cauce común para dirigir nuestros esfuerzos a quienes más lo necesitan. El mismo Papa hace notar en su primera encíclica que la solidaridad es uno de los valores más presentes en la sociedad civil y, por tanto, una oportunidad para estar cerca de todos los hombres.En tercer lugar, sabemos que esta solidaridad tiene para el cristiano un sentido muy particular. Al reconocer que viene de Dios el amor con el que ama a los hombres, siente inexcusable la entrega total de sí hacia los demás, en cada cosa que hace. Por eso, en este tiempo de Adviento, si el ejemplo de otros hombres y mujeres nos lleva a dar a los demás lo mejor que tenemos -nosotros mismos-, reconozcamos sin miedo a Cristo, que nos dice: «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado».

miércoles, 10 de diciembre de 2008

ANTES DE NACER


Antes de nacer estaba preocupado porque no conocía el mundo al que llegaría. Le pedí a Dios instrucciones para vivir en esta tierra. Se acercó a mi oído y dijo:

Sé como el sol, levántate temprano y no te acuestes tarde.
Sé como la luna, brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor.
Sé como los pájaros, come, canta y vuela.
Sé como las flores, enamoradas del sol pero fieles a sus raíces.
Se como el buen perro, obediente, pero nada más que a su Señor.
Sé como la fruta, bella por fuera, saludable por dentro.
Sé como el día, que llega sin alardes y se retira humildemente.
Sé como los recién nacidos, sin temor a la muerte.
Sé como el oasis, da tu agua al sediento.
Sé como el río, siempre hacía adelante.
Sé como la luciérnaga, aunque pequeña emite su propia luz.
Sé como los niños, juega, ríe, y no te preocupes por la vejez.
Sé como el agua, buena y transparente.
Sé como los toros de lidia, lucha por tu vida hasta el final.
Sé como José, cree en tus sueños.
Sé como Lázaro, levántate y anda.
Y sobre todas las cosas:
Se como el cielo, la morada de Dios.

martes, 9 de diciembre de 2008

OVEJA PERDIDA


Evangelio según San Mateo 18,12-14.

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.


COMENTARIO


«Vuestro Padre... no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeño»
Si los hombres supieran qué cosa es el amor del Señor, sería una multitud la que seguiría a Cristo, y él les recalentaría el corazón con todas sus gracias. Su misericordia no se puede expresar. El Señor ama al pecador que se arrepiente, y con ternura le abraza contra su pecho: «¿Dónde estabas, hijo mío? Hace mucho tiempo que te espero» (cf Lc 15,20). El Señor, a través de la voz del Evangelio, llama a todos los hombres para que vayan a él, y su voz resuena en el mundo entero: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. (Mt 11,28). Venid y bebed del agua viva (Jn 7,37). Venid y conoced que os amo. Si no os amara, no os llamaría. No puedo soportar que se pierda ni una sola de mis ovejas. Aunque sea por una sola, el pastor va al monte y la busca hasta encontrarla. Venid, pues a mí, ovejas mías. Soy yo quien os ha creado y os amo. Mi amor por vosotras me ha hecho venir a la tierra, y todo lo he soportado por vuestra salvación. Quiero que conozcáis mi amor y que digáis como los apóstoles en el Monte Tabor: 'Señor, qué bien estamos aquí contigo'» (Mc 9,5)...
San Silvano (1866-1938), monje ortodoxo

Escritos

viernes, 5 de diciembre de 2008

ELIGE


Elige amar, en lugar de odiar

Elige reír, en lugar de llorar

Elige crear, en lugar de destruir

Elige perseverar, en lugar de renunciar


Elige alabar, en lugar de criticar

Elige curar, en lugar de herir

Elige dar, en lugar de quitar

Elige actuar, en lugar de aplazar

Elige crecer, en lugar de consumirte

Elige bendecir, en lugar de blasfemar

Elige vivir, en lugar de morir

jueves, 4 de diciembre de 2008

DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DEBERES HUMANOS


En cuanto los seres humanos tomaron conciencia de la necesidad de vivir en sociedades organizadas, crearon diferentes formas de gobierno para garantizar su funcionamiento. Hasta ahora todo indica que es por medio de la democracia que se consiguen mejor los intereses y las aspiraciones de los individuos en particular y del pueblo en general. Aunque este sistema sea imperfecto e implique numerosas debilidades, actualmente son las sociedades democráticas quienes garantizan mejor los derechos humanos tal y como están definidos en la Declaración Universal.

Pero si el respeto a los derechos de cada uno es el fundamento de toda democracia, toda democracia que no fomenta el cultivo y desarrollo de los deberes correspondientes lleva en ella los gérmenes de la decadencia que favorecen la aparición de una dictadura. La historia nos muestra como el funcionamiento de una sociedad depende de un justo equilibrio entre los derechos y deberes de cada persona. Cuando este equilibrio se rompe, tanto por parte de los gobernantes como de los gobernados, el totalitarismo o la corrupción más extremos se apoderan de la situación y hunden a las naciones en el caos y la barbarie.

Al inicio del siglo XXI constatamos como en muchos países la democracia pasó a ser una vieja doctrina. En general se hace muchísimo más hincapié en los derechos que en los deberes, de tal modo que el equilibrio, si no está roto entre unos y otros, al menos está muy amenazado. Tememos que este desequilibrio aumente y que tenga una regresión la condición humana. Por eso sometemos esta declaración de los DEBERES HUMANOS a todos cuantos puedan compartir nuestra inquietud.


DECLARACIÓN

Articulo 1: Todo individuo tiene el deber de respetar sin omisión los derechos del hombre, tal y como están definidos en la Declaración Universal.

Artículo 2: Todo individuo tiene el deber de respetarse a sí mismo y no degradar su cuerpo o su conciencia con comportamientos o prácticas que degraden su dignidad o su integridad.

Artículo 3: Todo individuo tiene el deber de respetar a otros, sin distinción de raza, sexo, religión, clase social, de comunidad o de cualquier otro elemento que sea distintivo.

Artículo 4: Todo individuo tiene el deber de respetar las leyes del país en el que vive, quedando entendido que estas leyes deben tener por fundamento el respeto de sus derechos más legítimos.

Artículo 5: Todo individuo tiene el deber de respetar las creencias religiosas y las opiniones políticas de otros, en cuanto no atenten ni a la persona humana ni a la sociedad.

Artículo 6: Todo individuo tiene el deber de ser benévolo en pensamiento, en palabra y en acción, con el fin de ser un agente de paz social y un ejemplo para otros.

Artículo 7: Todo individuo en edad, en estado o en condición de trabajar, tiene el deber de hacerlo, para atender a sus necesidades o a las de su familia, para ser útil a la sociedad, para crecer en el plano personal, o simplemente para no hundirse en la ociosidad.

Artículo 8: Todo individuo que tiene a su cargo la educación de un niño tiene el deber de inculcarle los valores más importantes para transformarle en un ciudadano adulto, respetable y responsable.

Artículo 9: Todo individuo tiene el deber de brindar asistencia a cualquiera que esté en peligro, bien interviniendo directamente o haciendo lo necesario para que las personas preparadas intervengan.

Artículo 10: Todo individuo tiene el deber de considerar a la humanidad entera como su familia y de comportarse en toda circunstancia y en todo lugar como ciudadano del mundo haciendo del humanismo el fundamento de su comportamiento y de su filosofía.

Artículo 11: Todo individuo tiene el deber de respetar los bienes de otros, sean públicos o privados, individuales o colectivos.

Artículo 12: Todo individuo tiene el deber de respetar la vida humana y de considerarla como el bien más precioso que hay en este mundo.

Artículo 13: Todo individuo tiene el deber de respetar la naturaleza y de preservarla con el fin de que las generaciones presentes y futuras puedan beneficiarse en todos los planos viendo en ella un patrimonio universal.

Artículo 14: Todo individuo tiene el deber de respetar a los animales y de considerarlos invariablemente como seres no solamente vivos sino también sensibles y con capacidad para sufrir.

Epilogo

Si todos los individuos cumplen estos deberes fundamentales quedarían pocos derechos por reivindicar, porque cada uno se beneficiaría del respeto que le es dado y podría vivir feliz en la sociedad. Esta es la razón por la cual la democracia no debe limitarse a promover un "Estado de Derecho". Es necesario que instaure también un "estado de Deberes" para que todo ciudadano exprese en su conducta lo que el ser humano tiene de mejor en él. Tan sólo basándose en estos dos pilares la sociedad podrá ser civilizada para asumir su condición de humanidad.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

LOS TRES FILTROS


Un joven, discípulo de un sabio filósofo, llega a casa de éste y le dice:
Oye, maestro, un amigo tuyo está hablando muy mal de ti...
¡Espera! - le interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por los tres filtros lo que vas a contarme?.
¿Los tres filtros?.
Si. El primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?.
No. Lo oí comentar a unos vecinos.
Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad.
¿Eso que deseas decirme es bueno para alguien?.
No, en realidad no... Al contrario...
¡Ah, vaya!
El último filtro es la necesidad.
¿Es necesario saber eso que tanto te inquieta?
A decir verdad, no.
Entonces, dijo el sabio sonriendo: si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

martes, 2 de diciembre de 2008

¿FRACASO?


Fracaso no significa que somos unos fracasados.
Significa que todavía no hemos tenido éxito.

Fracaso no significa que no hemos logrado nada.
Significa que hemos aprendido algo.

Fracaso no significa que hemos actuado como necios.
Significa que hemos tenido mucha fe.

Fracaso no significa que hemos sufrido el descrédito.
Significa que estuvimos dispuestos a probar.

Fracaso no significa falta de capacidad.
Significa que debemos hacer las cosas de diferente
forma.

Fracaso no significa que somos inferiores.
Significa que no somos perfectos.

Fracaso no significa que hemos perdido nuestra vida.
Significa que tenemos muy buenas razones para
empezar de nuevo.

Fracaso no significa que debemos echarnos atrás.
Significa que tenemos que luchar con mayor energía.

Fracaso no significa que no lograremos nuestras
metas.
Significa que tardaremos un poco más en alcanzarlas.

Fracaso no significa que Dios nos ha abandonado.
Significa que tiene una idea mejor para nosotros.