Se dice que la verdadera solidaridad no espera nada a cambio. Pero el auténtico beneficio para quien la ofrece, no es una ganancia material, sino un bien para su yo interior, al recibir una paz y felicidad personal increíble. Para mi no es dar aquello que nos sobra, sino aquello que tenemos, es sumar manos para que el esfuerzo sea compartido y la alegría del dar sin esperar nada a cambio. La solidaridad es la virtud que nos ayuda a ir más allá de nuestros límites personales, y es ahí donde reside la satisfacción que raramente encontraríamos en nuestro pequeño territorio individual. Sin generosidad no hay vida, por eso cultivar esa actitud es una de las formas más efectivas de mejorar el entorno. Las sociedades nómadas, poseen mucho menos, apenas lo indispensable, pero comparten mucho más. Resulta contradictorio pero en la sociedad consumista en la que vivimos cuantos más bienes tenemos, más miedo nos da perderlos. El sentido de propiedad nos vuelve materialistas y egoístas. Nos aferramos a lo que tenemos y como los niños que aprenden la palabra mío, ponemos límites y barreras para defender nuestras posesiones. Luchamos así por mantener unos castillos de arena que tarde o temprano acabarán desmoronados por el mar. El miedo a perder lo que poseemos está firmemente arraigado en nuestro interior. Tememos que si nos mostramos demasiado abiertos los demás invadirán nuestra intimidad, podrán controlarnos o lastimarnos. Nos atemoriza dar lo que es importante o útil para nosotros porque significa renunciar a algo propio, y esto crea temor, e incertidumbre. Las enormes injusticias sociales dividen nuestro mundo en un Norte, rico y poderoso, y un Sur empobrecido y dominante. Estas injusticias hacen también que en el Norte exista un "sur" pobre y marginado. El rechazo hacia los colectivos que viven en el "sur del Norte" (inmigrantes, indigentes, gitanos...) se convierte a menudo en racismo. Por eso hay que ayudar a fomentar en nuestra sociedad la solidaridad, la tolerancia y la cooperación. El ayudar a los damnificados de las inundaciones de Bangladesh , cuidar enfermos, colaborar en una ONG ,apadrinar a un niño, ayudar a un anciano son diferentes ejemplos de solidaridad. Siendo generosos no sólo nos sentimos mejor, sino que también contribuimos a que otras personas puedan disfrutar de bienes que no poseen, cosas que como el agua, se deterioran si se estancan. Podemos crear un mundo más humano y más feliz con pequeños gestos teniendo una conciencia menos materialista y más generosa con los demás seres vivos. Esto genera una corriente de amor. Defendiendo nuestro territorio en realidad no ganamos, pues está comprobado que las personas avaras y muy cerradas sufren más. Practicar la generosidad , la actitud de compartir con los demás siendo solidarios crea abundancia alrededor, pues lo que se da y comparte en vez de menguar florece en la propia vida.
martes, 9 de septiembre de 2008
SOLIDARIDAD
Se dice que la verdadera solidaridad no espera nada a cambio. Pero el auténtico beneficio para quien la ofrece, no es una ganancia material, sino un bien para su yo interior, al recibir una paz y felicidad personal increíble. Para mi no es dar aquello que nos sobra, sino aquello que tenemos, es sumar manos para que el esfuerzo sea compartido y la alegría del dar sin esperar nada a cambio. La solidaridad es la virtud que nos ayuda a ir más allá de nuestros límites personales, y es ahí donde reside la satisfacción que raramente encontraríamos en nuestro pequeño territorio individual. Sin generosidad no hay vida, por eso cultivar esa actitud es una de las formas más efectivas de mejorar el entorno. Las sociedades nómadas, poseen mucho menos, apenas lo indispensable, pero comparten mucho más. Resulta contradictorio pero en la sociedad consumista en la que vivimos cuantos más bienes tenemos, más miedo nos da perderlos. El sentido de propiedad nos vuelve materialistas y egoístas. Nos aferramos a lo que tenemos y como los niños que aprenden la palabra mío, ponemos límites y barreras para defender nuestras posesiones. Luchamos así por mantener unos castillos de arena que tarde o temprano acabarán desmoronados por el mar. El miedo a perder lo que poseemos está firmemente arraigado en nuestro interior. Tememos que si nos mostramos demasiado abiertos los demás invadirán nuestra intimidad, podrán controlarnos o lastimarnos. Nos atemoriza dar lo que es importante o útil para nosotros porque significa renunciar a algo propio, y esto crea temor, e incertidumbre. Las enormes injusticias sociales dividen nuestro mundo en un Norte, rico y poderoso, y un Sur empobrecido y dominante. Estas injusticias hacen también que en el Norte exista un "sur" pobre y marginado. El rechazo hacia los colectivos que viven en el "sur del Norte" (inmigrantes, indigentes, gitanos...) se convierte a menudo en racismo. Por eso hay que ayudar a fomentar en nuestra sociedad la solidaridad, la tolerancia y la cooperación. El ayudar a los damnificados de las inundaciones de Bangladesh , cuidar enfermos, colaborar en una ONG ,apadrinar a un niño, ayudar a un anciano son diferentes ejemplos de solidaridad. Siendo generosos no sólo nos sentimos mejor, sino que también contribuimos a que otras personas puedan disfrutar de bienes que no poseen, cosas que como el agua, se deterioran si se estancan. Podemos crear un mundo más humano y más feliz con pequeños gestos teniendo una conciencia menos materialista y más generosa con los demás seres vivos. Esto genera una corriente de amor. Defendiendo nuestro territorio en realidad no ganamos, pues está comprobado que las personas avaras y muy cerradas sufren más. Practicar la generosidad , la actitud de compartir con los demás siendo solidarios crea abundancia alrededor, pues lo que se da y comparte en vez de menguar florece en la propia vida.
¡¡AYUDAME SEÑOR!!

Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.Si me das fortuna, no me quites la razón.Si me das éxito, no me quites la humildad.Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla.no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor... muchas veces me olvido de ti y se que tu nunca te olvidas de mi!
Perdóname como yo perdono a los demás y a mi mismo.
BUSCA EL GRIAL
BUSCA EL GRIAL
*****
La Sabiduría que nos acompaña
*****
En todas las épocas de la Historia, y antes de ésta, el Hombre ha conocido y ha vivido unido a la Sabiduria que da vida al Universo. Siempre hubo caminos diversos para vivir en armonía con la
Naturaleza y con la Divinidad,
Creador y creación. El Hombre lo sabía,
lo ha sabido siempre,
pero en los
Últimos
siglos, el
Olvido ha
conducido a la
civilización a un
camino de difícil
retorno.
Necesitamos
una nueva
ilusión, una
nueva esperanza
para la conquista
del Grial perdido.
Siempre lo hemos tenido
ante nosotros, pero no hemos
querido verlo. Demasiadas cosas
nos han entretenido, pero ya no hay
más tiempo que perder. El siempre
ha estado ahí, es el Espíritu Santo, y es la Eterna Sabiduría que nos acompaña.
Está mucho más activo tras la muerte, resurrección, y ascensión de Cristo.
El espíritu sopla donde quiere, cuando quiere y como quiere.
Con tu humildad, y oración, la GRACIA DIVINA, “soplara” en tu corazón.
Ten las velas desplegadas. En el silencio El se
te revelará.
EL GOZO DEL DON

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad.
«Pasó la noche orando a Dios. Al llegar el día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de entre ellos»
Tenemos necesidad de encontrar a Dios, y no le vamos a encontrar ni en la agitación ni en medio del ruido. Dios es amigo del silencio. ¡En medio de qué silencio crecen los árboles, las flores y la hierba! ¡Y en medio de qué silencio de mueven las estrellas, la luna y el sol! Nuestra misión ¿no es dar a Dios a los pobres de las barracas? Pero no un Dios muerto, sino al Dios vivo y amante. Cuanto más recibamos en la oración silenciosa, más podremos dar en nuestra vida activa. Tenemos necesidad de silencio para ser capaces de llegar a las almas. Lo esencial no es lo que decimos, sino lo que Dios nos dice y dice a través nuestro. Todas nuestras palabras serán vanas en tanto que no vendrán de lo más íntimo; las palabras que no transmiten la luz de Cristo, no sirven más que para aumentar las tinieblas. Nuestro progreso en la santidad depende de Dios y de nosotros mismos, de la gracia de Dios y de nuestra voluntad de ser santos. Nos hace tomar en serio el compromiso vital de llegar a la santidad. «Quiero ser santo» significa: Quiero desligarme de todo lo que no es Dios, quiero despojar mi corazón de todas las cosas creadas, quiero vivir en la pobreza y en el desprendimiento, quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos y gustos, y hacerme el servidor dócil de la voluntad de Dios.
lunes, 8 de septiembre de 2008
EL CRIMEN DEL ABORTO
No existe en nuestra civilización, para creyentes o no, un derecho a matar, y menos uno que obligue al Estado o a los particulares a proveer los medios para ejercerlo. La ley natural universal, la Constitución, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención sobre los Derechos del Niño, el derecho positivo con jerarquía constitucional, la jurisprudencia, la doctrina y el fallo reciente de la Corte Suprema, que afirma que el derecho a la vida es el primero, reconocen que todo ser humano es tal desde su concepción. Nociones elementales de derecho son suficientes para aprehender estas claridades.
En ese mismo instante de la concepción hay un nuevo ser humano; lo confirma categóricamente la biología. Esgrimir una ley o argumentos antinatura encubre la pretensión de regular el procedimiento para eliminar la vida de un ser humano, sentenciando a muerte a la más inocente, pura e indefensa de las criaturas: el niño por nacer. Triste ausencia pedagógica de los valores, degradación de la mujer, ignorancia del pudor.
La persona A, embarazada, mayor de edad o adolescente, sana o discapacitada, haya consentido o no la relación sexual, repudia su preñez. ¿Las deplorables situaciones que la afligen quedarían resueltas satisfactoriamente si elimináramos a B, su hijo, del mismo seno materno? B es un nuevo ser humano, pleno, creado a imagen y semejanza de Dios, único, distinto del padre y de la madre, insustituible, independiente de A, inocente supremo, ajeno a toda posible culpabilidad, pero, además, un inerme absoluto.
¿Honraremos el honor mancillado en A aniquilando a B, su hijo, y así resolvemos el drama de las muertes por abortos torpes o clandestinos? Si B fuera un minusválido congénito o tuviera el síndrome de Down, sería aún más indefenso. ¿Sería ésta una razón adicional para matarlo? Y si la madre corriera peligro al dar a luz, ¿resolveríamos el dilema exterminando al hijo y aduciendo legítima defensa? ¿Defensa contra qué supuesta culpa de qué supuesto agresor, aún nonato? Hipócrates le recordará al médico su juramento y sentenciará: "Intente salvar a ambos".
En el tope de la escala de los derechos humanos está el más vulnerable: el de nacer. Es inadmisible poner los derechos de los delincuentes por encima de los de las víctimas. No abundamos en este razonamiento para no ofender el sentido común y la inteligencia del lector. El proceder reciente en un hospital de Mar del Plata, que no dio cabida al rechazo de un padre, en ejercicio de la patria potestad, al aborto de su hija discapacitada, el ahora vetado protocolo de La Pampa, regulatorio de abortos no punibles, y la resolución de tribunales entrerrianos que otorgaron verdaderas licencias para matar son botones de muestra de la certera premeditación y alevosía presentes en los infanticidas.
La sola preocupación implícita de esa gente, émulos de Herodes potenciados ahora en ferocidad, es cuidarse de que los verdugos maten con higiene, usando barbijo y bisturí esterilizado. No interesan los miles y miles de abatidos a sangre fría en el sagrado santuario físico del vientre materno, convertido impiadosamente en una tumba.
El aborto es siempre un delito. Y delinque quien lo auspicia, lo comete, lo instiga o lo consiente, sea quien fuera. Ni la probable y provisoria impunidad terrenal ni los fueros —inmerecidos, por cierto— permiten la absolución de este crimen de lesa humanidad.
viernes, 5 de septiembre de 2008

Oración a María Reina de la Paz
¡María, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la Paz! Tú viniste a nosotros para llevarnos a Dios. Alcánzanos la gracia de no sólo decir: ¡Hágase en mí según Tu voluntad!, sino vivirla tal como Tú lo hiciste. Ponemos en Tus manos nuestras manos, a fin de que puedas conducirnos a Jesús en medio de todas las aflicciones y pesares. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.
¡María, Madre de Dios y Madre nuestra, Reina de la Paz! Tú viniste a nosotros para llevarnos a Dios. Alcánzanos la gracia de no sólo decir: ¡Hágase en mí según Tu voluntad!, sino vivirla tal como Tú lo hiciste. Ponemos en Tus manos nuestras manos, a fin de que puedas conducirnos a Jesús en medio de todas las aflicciones y pesares. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.
MIEDOS
Miedo a Ser
Miedo a tener
Miedo para hacer
Miedo al futuro
Miedos y más miedos...
Tienes miedo al miedo
Miedo a tener miedo
Con fe escapan algunos miedos
con esperanza otros muchos
con el Amor casi
todos.
Luz del Amor:
ilumina mi frente
calienta mi corazón
da poder
a mi voluntad.
En Dios nacemos
en Cristo
llega a ser vida la muerte.
Por el espíritu resucitamos,
revivimos,
venciendo todos los miedos.
La mente genera miedos
y también los sentimientos.
Miedos, grandes fantasmas,
de tu mente y corazón.
Imagina lo bueno,
perdona y olvida
vive sin rencor...
Vive cada instante,
cada instante,
con Amor.
Desde el espíritu
no hay miedos.
Ningún miedo.
Miedo:
no te tengo miedo
vivo en el Amor
con el Amor
para el Amor.
En el Amor no hay miedos
ningún miedo
si es Amor.
AMOR
José Antonio Sha
Miedo a tener
Miedo para hacer
Miedo al futuro
Miedos y más miedos...
Tienes miedo al miedo
Miedo a tener miedo
Con fe escapan algunos miedos
con esperanza otros muchos
con el Amor casi
todos.
Luz del Amor:
ilumina mi frente
calienta mi corazón
da poder
a mi voluntad.
En Dios nacemos
en Cristo
llega a ser vida la muerte.
Por el espíritu resucitamos,
revivimos,
venciendo todos los miedos.
La mente genera miedos
y también los sentimientos.
Miedos, grandes fantasmas,
de tu mente y corazón.
Imagina lo bueno,
perdona y olvida
vive sin rencor...
Vive cada instante,
cada instante,
con Amor.
Desde el espíritu
no hay miedos.
Ningún miedo.
Miedo:
no te tengo miedo
vivo en el Amor
con el Amor
para el Amor.
En el Amor no hay miedos
ningún miedo
si es Amor.
AMOR
José Antonio Sha
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